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Sábado, 05 Enero 2013 18:03

El Placer, el paraíso.

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 Cabía todavía el aire libre. Habíamos enredado la mente detrás de cada flor y todo peligro pasado por flechas eran nuestra miel. Rebotes e impulsos llevaron al hombre a la expulsión de su paraíso. De lejos, no se dejaron sólo inventar sino que se arriesgaron a vivir el destino que los llevó al instinto de vivir más intensamente. De constantes verificaciones, a pesar de lo que sea, lo que era y lo que será. A su  modo, él y ella, con falta modesta, tanteaban demasiado tarde y continuamente esencialistas, aunque un caballo tenían y sus pastos infinitos, extensos y grandes, perdieron. Con espacio para las manos, para el sol y la soledad, la humanidad fue condenada...  

Así apareció en el hombre la idea fija. Desde entonces el movimiento es incesante. 

Impulsivos rebotes son movimientos directos que no pierden la dirección porque se orientan al fin de conseguir un orgasmo (y, en el mejor de los casos, dos o más). Entrenar esa direccionalidad precisa sólo se logra en la cama. 

Rebotar hasta acabar. Recuperarse, pararse, fumarse un pucho e irse. [No sé si te quiero volver a ver...]

Tiemblan los cuerpos de manera patética mientras cojen. Y en esta danza sexo maquínica, ellos suenan, chocan, transpiran, huelen, se manosean, se interpelan, saltan, rechazan, se indgnan, cabrean.  

Como si de operarios de sus propios cuerpos se tratara, los bailarines se ubican en el punto justo, se mueven, rebotan, se acomodan, siguen, repiten, insisten, adentro-afuera-adentro-afuera, terminan, se van. La frivolidad de la pieza es desesperante. Durante toda La Idea Fija el cuerpo se muestra despiadadamente entregado a lo que la sociedad le exige que disfrute. No sólo las luces azules y el vestuario negro que alterna como trámite de oficina pública con la desnudez, sumado a una serie de accesorios escenográficos gris acero inoxidable, sino y, sobre todo, lo despiadado del cuerpo que se muestra casi esclavo de la búsqueda... ¿del placer?

Pérdida originaria, original vacío: ese motor mantiene vivo el deseo de llenar nuestros agujeros (léase literal y metafóricamente), esa es la búsqueda. 

 

Emoción Vs. Garche

Rebota el cuerpo sobre lo que sea hasta acabar. Desespera por lograr su objetivo. Autoesimulante, el sexo siempre es autoestimulante. La idea fija es que mejor que que lo nuestro sea sólo un garche.  

Las pieles de los cuerpos suenan, no son las típicas voces de gemidos lo que escucho, ellos no se seducen y eso es lo que me da la pauta de que no es nada cercano a la pornografía lo que veo. Los miro, los escucho, creo que los huelo, los investigo impertinente y protegida bajo el poder que me da el estar sentada (y vestida) en una silla del Portón. 

Cuando una idea es fija la sensualidad no existe. El amor tampoco. El placer lo es todo. Si, el placer también puede ser frío, preciso, expeditivo e impersonal y estas impresiones son las que los cuerpos de esta obra logran construir en la escena. Un sexo parecido a un trámite es el que se pone en centro de la cuestión. 

El sexo puede ser distante y la apertura sexual no nos habla necesariamente de la apertura de mente, pues y, mucho menos, de la apertura emocional. Emociones quizás sean temáticas que le interesan a la danza de una época pasada. Garch and go, and go, and garch. La vida es un drama de todos modos.  

 

La mujer, el hombre y todos los demás

En esta obra la mujer o cumple funciones específicas (expeditivas y efectivas) o llora porque no le dan el amor suficiente. Se pasea de patetismo en patetismo, de patrón en patrón, de tensión en tensión. Ellas cumplen con mandatos. 

El hombre es gay por excelencia, es excelentemente gay, perfecto, todo un adonis. Se lleva el mundo por delante (y por detrás). Su cuerpo es sutilmente sexy, brevemente musculoso y amorosamente bello.   

Los demás, están en el borde, no se sabe bien con quien prefieren acostarse, ni cómo, ni quiénes son, ni porqué se quedan o se van. Son mujeres y hombres masculinos, hombres travestidos, lesbianas potentes, heterosexuales confundidos, bisexuales asumidos, violadores depravados y descuidados divertidos. 

En la idea fija, las pasiones se relatan, no se bailan. Aparecen en forma de texto hablado, se actúan, se representan. La música marca el ritmo, hasta acabar.   

 

¿Veo sexo donde no lo hay?

Es evidente de qué hablamos cuando hablamos de “la idea fija”, pero como toda evidencia, considero necesario ponerla en duda, ¿acaso alguien sabe con certeza quién tiene la idea fija?

¿Es quien no tiene reparos de frotar sus órganos sexuales sobre el cuerpo de un hombre recién violado por una mujer o soy yo que me imagino cualquier cosa?

¿Qué ve quien mira al lado mío? ¿Se calienta el público? 

¿Sus risas son nervios, excitación o síntoma de su inteligente, irónico y oscuro sentido humor?

¿Ella que rebota sutil pero contundente sobre una mujer inmóvil en una cama de disección o una fantasía se me acaba de hacer presente en la mente? 

¿Es un cadáver una mujer que responde a los más estimulantes movimientos de otro cuerpo? ¿Acción-reacción?, ¿estímulo-respuesta?

¿Acaso soy yo que veo sexo donde no lo hay?

¿Y vos vas a querer a alguien algún día?

 

Pensalo, mientras ellos te esperan, abiertos de gambas, en la misma posición en que se trae vida al mundo porque, finalmente, se trata de un ciclo. Estamos condenados. El movimiento es incesante.  

 

Ficha técnica:

Texto: Pablo Rotemberg | Actúan: Alfonso Barón, Rosaura García, Vanina García, Juan González, Mariano Kodner y Diego Mauriño | Escenografía: Mirella Hoijman | Iluminación: Fernando Berreta | Diseño de vestuario: Gabriela A. Fernández |  Música original: Gaston Taylor |  Música: Raffaella Carrá, Alter Ego, Giogio Moroder, Georgy Sviridov |  Fotografía: Coni Rosman | Diseño gráfico: María Gabriela Melcon | Entrenamiento actoral: Valeria Grossi |  Entrenamiento vocal: Mecu Bello | Asistencia coreográfica: Ayelén Clavin, Marina Otero | Asistencia de vestuario: Estefanía Bonessa | Prensa: Julia Laurent

Josefina Zuain

El tema del ser es para mí un tropezón asegurado. Bailo y escribo, bailo y estiro, bailo y no bailo. Me gusta decir: soy bailarina y escritora. Escribo, escribo, escribo... bastante compulsiva-mente.

Tal vez todos mis textos hablan de la acción de separar y del amor. Separar como modo de re-unir, re-condensar, volver a pensar y seguir (no) siendo. Amor: mi cuerpo. Segunda es mi relación más estable y duradera. Aquí, entre amistades, casualidades, pasiones y deseo, inventamos y recreamos los modos en que podemos pensar (seguir pensando) y volver a pensar en-con-a través de la danza.

 

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