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Domingo, 01 Junio 2014 17:49

Era mansa, pero su función era feroz (*)

Escrito por Gastón Exequiel Sanchez

La poética de Diana Szeinblum llegó a la Compañía Nacional de Danza Contemporánea.
Probablemente estimulada por el coliseo argentino de los literatos clásicos, la mitología y las leyendas ocuparon su imaginación y -juntos- evocaron a Sansón.

Es la relación del cuerpo contemporáneo con el “cuerpo mitológico” (incierto, bello, inventado o encontrado) el que se expone fluctuando y combatiendo, probablemente análogo al tránsito de ideas previas y “resueltas”. Batallas internas arrojadas imprecisas al espacio y asentadas en cada nota musical del maravilloso Ulises Conti, son la -preciada- premisa de la obra.

Bella, sutil; sensible. Diana Szeinblum confía en su poética y la comparte una vez más. Esta vez, arriesgando su condición acostumbrada de pocos intérpretes, afronta una cantidad poco común en sus trabajos: 10 mujeres y 9 hombres (un batallón).

Casi como una pieza matemática, al igual que en su última obra (“Una cosa por vez”), el escenario se organiza prolijo, preciso; sublime. Reduciendo así la inevitable y permanente fuga de atención que produce la combinación de palacio y templo de la arquitectura de México 564. Condensando de esta manera la atención en un cuadrado completamente blanco -casi tridimensional.

Sansón combina una belleza que involucra la noción de “armonía” y “orden”, y aquella que -en última instancia- agrada a los sentidos.

Condiciones que se hallan tanto en el arte como en la naturaleza, y en realidad, antes y mejor, en la naturaleza que en el arte; pero que en esta ocasión son los cuerpos -vueltos babilónicos en la música de Ulises Conti y Einojuhani Rautavaara- los que proporcionan, por así decirlo, la pauta de la estructuración bella, que se inicia en la naturaleza y se goza en el arte.

Por momentos parece haber agregados de ideas, observaciones y correcciones, sin atender a todos los detalles del contexto, (como quien escribe para sí mismo o escribe con vistas a una redacción posterior más cuidada). Estas suturas plantean dificultades de interpretación,  pero nunca llegan a desbaratar la organización básica general: la trama de sentido.

Pues la trama no es unitaria, como piensan algunos, si se refiere a uno solo. Puesto que a uno solo le pasan muchas e infinitas cosas, las cuales no forman unidad ninguna.  […] Hay una “lógica” o una “sintaxis” peculiar que permite encadenarlos en secuencias en las que cada uno de ellos cobra sentido en relación con los demás y con el todo. Por eso, en una trama bien construida, ninguna parte es superflua, esto es, no se la puede omitir sin afectar al sentido global.1

Sin expresar relaciones necesarias, expresando relaciones probables; más bien solidarias o de causalidades internas: la trama ingresa por una vía que supone algo incierto, pero conocido.

Es de esta forma, que la historia -si es que la hay- cautivada por la inevitable tragedia, expone una doble trasformación permanente: de la dicha a la desdicha, de lo rudo a lo delicado, de lo amputado a lo acabado. Suponiendo esto como un recorrido doloroso y falible, ellos se mueven a la par: tentados -y timoratos-por el devenir, tentados por el placer y por el castigo de no querer dejar de ir, trazando círculos infinitos cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna.

Por momentos, sigilosa, vuela una sensación de reposo en estos hombres y mujeres que descansan uno de ser el otro. Pero en verdad es el gran placer de no ser el otro: pues así cada uno de ellos siempre tiene un dos. Y es en ese devenir incesante, es que quienes bailan revelan el sentido verdadero del tejedor, de la trama de sentido. Tejiendo por el envés de la trama, sin ver nunca el resultado -como el ojo que nunca se puede mirar- dejándonos a nosotros (quienes miramos) contemplar el cuadro terminado.

Exponiendo de esta manera, la grandeza de la danza (y por supuesto de la vida): que quienes bailan, tejen eternamente por detrás del tejido, y que quienes miran, eternamente, mirarán de frente el tejido (el cuadro).

A través de mitos y leyendas, legendarios jueces y gloriosos bailarines, a fuerza de batallas imaginarias y cruzadas internas, Sansón intenta moverse en tiempos contemporáneos, y al intentar avanzar se pregunta ¿el ser humano “descubre” esa trama de sentido o, en alguna medida, la “crea”, si se quiere la “inventa”?

(*) La pasión según G.H., de Clarice Lispector. El cuenco de plata. P.125  1. Poética, de Aristóteles. Edición Colihue Clásica. (Cap. VIII)

Un texto para: Sansón // dirigida por: Diana Szeinblum

 

Ficha técnica: Idea y Dirección: Diana Szeinblum / Intérpretes: Magalí Del Hoyo, María Kuhmichel, Darío Rodríquez, Enrique Martín Gil, Yésica Alonso, Pablo Fermani, Yamila Guillermo, Daniel Payero Zaragoza, Diego Franco, Ernesto Chacón Oribe, Julieta Gros, Victoria Hidalgo, Victoria Viberti, Virginia López, Leonardo Gatto / Diseño Sonoro: Ulises Conti / Música original: Ulises Conti. La banda sonora incluye el Concerto nº 7 for piano & orchestra-1, Op 45- Movement 1 deEinojuhani Rautavaara / Diseño Lumínico: Gonzalo Córdova / Adaptación diseño lumínico: Martín Rebello / Diseño y realización vestuario: Cecilia Allassia / Asistente de vestuario: Sofía Rodríguez / Realización escenografía: Área de Producción de CNM / Fotografía: Ramiro Peri / Asistente de Dirección: Leylen Segundo.

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