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Sábado, 22 Abril 2017 17:30

Todas las fiestas las llevo en el cuerpo

"Si hay algo asociado siempre a la experiencia de la fiesta, 

es que se rechaza todo aislamiento de unos hacia otros” 

H-G. Gadamer: El arte como juego, símbolo y fiesta.

 

Estado Inicial. Insinuar el movimiento inhibiendo el impulso hasta casi explotar. Los impulsos brotan como torrente de agua pero se enfrentan a un dique, flexionan levemente una rodilla, menean imperceptiblemente la cadera. Sólo. En la fiesta, en un rincón y muy sólo. La sensación de estar ahí, queriendo desaparecer siendo tragado por la tierra, pero siendo visto por todo el mundo, siendo siempre sin desearlo el foco de interés. Quizás te miran por tímido, quizás por feo, quizás por pata dura, ya todos saben.  

¿Cómo se rompe el hielo y se irrumpe en la pista con el cuerpo entero?

Farra despliega un imaginario muy argentino y muy generacional. Nos vemos los treintis ahí en la escena. Vemos nuestra historia, los asaltos en las casas de nuestros amigos, los bailes de secundaria en escuelas y clubes, las grandes vergüenzas atravesadas en años de juventud habiendo sufrido las consignas de danza que traen las canciones de nuestra de época: “y qué tal si salimos todos a bailar?”, “con las manos arriba”, “cachete con cachete, pechito con pechito y ombligo con ombligo”

 

Un imaginario que huele a chizitos mojados en coca cola, latex de globo y prepizza con salsa casera y queso cuartirolo. Una fiesta a pura falta de glamour, todas las fiestas más comunes y corrientes, todas las farras. 

Saber estar en una fiesta no tiene más misterios que dejarse llevar hasta encontrarse en un estado que autosorprende. Un estado que no es ni lejos el del inicio (el que uno lleva allí). La farra es danza y la danza es farra, de la entrega depende el cambio y de los niveles de entrega lo inesperado de los nuevos estados a conquistar.

La transformación, el devenir y la metamorfosis del cuerpo (metamorfosis presentada de una forma muy poética y cero convencional quiero decirlo) son, quizás, los procesos propios de la farra y aquí es en donde se parecen mucho la farra y la danza contemporánea. Ilimitado, el proceso va llevando al proceso mismo, como si fuera su fatal destino. Y esos cuerpos que hacen la escena son duchos pero juegan a no serlo, insinúan los movimientos de los principiantes, de los atados, de los que no se sueltan aún del todo. Recrean los movimientos que intenta hacer un neófito en danza, manos firmes y en direcciones claras, brazos que dibujan curvas en el espacio. Los omóplatos elevados generan una curvatura no deseada en la espalda, la cabeza subraya las direcciones del movimiento exagerando una intención de danza serpentinada. 

La estrategia es interesante porque en  Farra hacen del movimiento “no apropiado” (en el sentido doble del término, movimiento no aprehendido por el cuerpo y movimiento  incorrecto  para lo que marca una línea formal-técnica de danza) un material de creación coreográfica. Olas columnares desmedidas acompañadas de caras de trance intenso ¿Quién no ha visto esto en una clase de improvisación? ¿Es la fiesta una gran improvisación social?

La fiesta es una ruptura con el correr del presente. Cuando Gadamer anuncia en los 80 que el arte así como es símbolo, es juego y es fiesta, se refiere a que el arte no representa la fiesta, sino que la propone, como corte, como tajo en la continuidad del cotidiano y como participación de los cuerpos de la comunidad. Y se refiere con ello a manifestaciones específicas del arte como el happening, las ambientaciones, el land art y  la performance que traen al hacer artístico una tonalidad nueva. 

La historia familiar dispone o no dispone al hombre a la farra. ¿Familias que no bailan crían hijos que no bailan? Por suerte el efecto del crecimiento de las personas en el seno de una familia es en-diálogo y, así, de una familia tiesa puede, por reacción de oposición, salir un propulsado bailarín.

Estado final. Trasvestido, transformado, desacatado, con confitt en la cara y sin remera sus amigos, transpirados, excitados, extasiados, despeinados. Prenden las luces y sos visto, una vez más, sos el foco de todas las miradas. Se prenden las luces mientras vos con la mirada desenfocada, el cuerpo en movimiento brusco y los pelos al viento estás en plena farra. 

Farra, el destino es fatal.

 

Este es un comentario para Farra, obra dirigida por Ana Gurbanov y Virginia Leanza, interpretada por Francisco Benvenuti y Andrés Granier. Fue construido a partir de mi asistencia a la función ofrecida el día Viernes 10 de Marzo en El Excéntrico de la 18, junto a Ana Laura Ossés, una gran compañera de fiestas.  

 

Ph. La mañana del mundo. Galería Ruth Benzacar. Obra de Leopoldo Estol. Instalación inaugurada en Marzo de 2008.

 

Ficha técnico artística. Actúan: Francisco Benvenuti, Andres Granier I Diseño de vestuario: Mariela Maffioli I Diseño de luces: Fernando Berreta I Realización de escenografia: Leonardo Ruzzante I Fotografía: Ariel Feldman I Diseño gráfico: Xerquet-Seijos I Asistencia de dirección: Tomás Trugman I Dirección: Ana Gurbanov, Virginia Leanza. I Agradecimientos: El Excéntrico De La 18, Oeste Usina Cultural, Paula Beovide, Francisco De Vedia, Ariel Feldman, Joan Leanza, guadalupe otheguy, Diego Saez, Gustavo Tarrío, Luigi Voglino, Hernán Zelaya 

 

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