Domingo, 26 Noviembre 2017 22:58

Tus huesos

 

Una luz. Una maquinaria. Un ovni. Llega, irrumpe, ilumina y deja ver al tiempo que oculta partes de lo que muestra. Podría ser la luz de los huesos de todos los muertos en la noche. Una clarividencia, un objeto que conoce y nombra, aparte de alumbrar el cuerpo, lo explora, lo cartografia.

Puedo ver tus huesos. Carne, músculos, blandura, humedad.

El cuerpo de un hombre yace en el suelo. Una luz recorre su contorno. Ilumina, hace juegos de luces y sombras, claroscuros, una escultura griega expuesta al movimiento del sol, la historia del arte condensada, desnudo.

Sin embargo, como dice Meillassoux: "Sin cosa capaz de suscitar la sensación de rojo, no hay percepción de cosa roja" y aunque esa percepción no sea directa, esa percepción es. Percibo tus huesos. La carne, la piel, los pelos, las prótesis, las uñas, la sangre, la densidad visceral, me impiden llegar a verlos. El movimiento del cuerpo, sin embargo, me habilita a tirar una flecha y, así, atravieso la materia.

Y es que si lo sensible es la relación: "no estás simplemente "en mi" al modo de un sueño, ni simplemente "en la cosa" al modo de una propiedad intrínseca: es la relación misma entre la cosa y yo" (Meillassoux, 2015). Es mi relación con vos, que te miro, veo tus huesos.

El punto de partida es rotundo: "Quítese el observador y el mundo se vacía de sus cualidades sonoras, visuales, olfativas, etc., como la llama se "vacía" del dolor una vez que el dedo ha sido retirado” (Meillassoux, 2015). Con ese cuerpo que miro, me relaciono.

Simpatía. Intersubjetividad de la memoria. Diálogo entre esqueletos. La danza en Los Huesos crea imágenes.Son figuras, arquetipos, “los arcanos” me dice Ana, que es el cuerpo que está al lado mio en este momento. Imágenes de síntesis, momentos de ritual, posiciones de trabajo colectivo, sinergia, la relación sensible entre los cuerpos deviene danza, por repetición y por estilización, emerge un movimiento delicado, simbólico y de alta densidad, como el cuerpo y toda su materia.

"Hoy la ciencia experimental es capaz de producir enunciados que atañen a acontecimientos anteriores al advenimiento de la vida tanto como de la conciencia. Estos enunciados consisten en la datación de "objetos" a veces más antiguos que toda forma de vida en la tierra” (Meillassoux, 2015). Lo ancestral, se alberga entonces en la materia. Todas las memorias, hasta las previas al hombre se deducen de los fósiles. Y de un hombre lo único que sobrevive al tiempo son sus huesos.

Cada cuerpo, carga con sus pesos, sus memorias, sus ancestros. La piel oculta a la vez que muestra. Una vez en una clase de Marie Bardet una bióloga y bailarina dijo, mirándose el cuerpo con asombro: "es que es un milagro que todas estas partículas se hayan juntado y se mantengan unidas". Un asombro real ante el cuerpo, un asombro filosófico.

El género entonces, es un accidente más. Los cuerpos sólo se distinguen por su forma, aunque los cristianos digan que Adán creó a Eva a partir de su costilla. ¿Cómo se construye un ser mujer? ¿Se arma en esencia o se arma en acción? ¿Cómo se asume la acción, desde los huesos, en la escena? ¿Cómo se catalogan los cuerpos de los hombres, desde los techos de la capilla sixtina a nuestros días? ¿Cuál es la musculatura del deber ser? ¿Cuál es la musculatura de savoir faire? ¿Cuál es son las huellas que persisten en el hombre? ¿Cómo piensa el hombre sin lenguaje?

Lo verdadero ancestral se manifiesta en su fundación en el presente, los fósiles actualizan el pasado.

¿Es el cuerpo un objeto real o un objeto sensual? las cualidades sensuales y reales en el cuerpo se confunden, se entremezclan, se desbordan. El cuerpo como contexto del contenido mismo que es el cuerpo. El cuerpo como bolsa de huesos, una bolsa cuidadosamente distribuida como la bolsita de cumpleaños que entregan al final de las fiestas las madres que se han dedicado a poner uno, dos, tres, la misma cantidad de cosas en cada bolsita para que nadie se sienta mal, para ser justos. La medida del cuerpo, el cuerpo humano estudiado por Da Vinci, por Laban, por Miguel Anguel y por Duchamp.

Las estructuras. Remiten y hacen forma. Somos huesos. ¿Por qué danza el hombre? Danza porque danzar es hacer uso del cuerpo humano. Y hacer uso del cuerpo humano es hacer lo sagrado, recrear la caída. En el danzar los huesos, los fósiles y el tiempo se confunden en un acto ritual, en un acto sagrado que desarrolla la propia monstruosidad del cuerpo. Esto pasa en Los Huesos, en los momentos de solos, en los momentos grupales también.  

No es que el cuerpo se expanda, de hecho todo lo contrario, su solidez se vuelve rotunda y uno puede imaginar las densidades que albergan los huesos al tiempo que son sostenidas por ellos. Cada musculatura, su tono, su textura, su forma, muestra una singularidad, una danza. Un cuerpo específico. Los genitales, incluso, se convierten en una masa amorfa que estorba y decora la estructura ósea oculta.

Es que no hay nada más real y humano que el cuerpo. Y, sin embargo un creyente pintoresco frente a la datación de los fósiles declarará, según dice Meillassoux "que Dios creó hace 6000 años, al mismo tiempo que la tierra, componentes radiactivos que indican la edad de la tierra mucho más antigua- esto para probar la fé de los físicos”... El estudio de los fósiles nos ha permitido dar un paso de las preguntas religiosas a la fundamentación científica.

Ser o no ser. Ya no es la cuestión, pues el cuerpo es.

 

Este comentario fue construido a partir de mi asistencia a la función del día 14 de noviembre en El Galpón de Guevara y la lectura de “Después de la finitud. Ensayo sobre la necesidad de la contingencia” de Quentin Meillassoux.

 


Ficha técnico artística


Actúan: Lucas Cánepa, María Kuhmichel, Valeria Licciardi, Leticia Mazur, Gianluca Zonzini
Iluminación: Matías Sendón
Diseño de objetos: Matías Sendón
Teaser: Ian Kornfeld
Música: Patricio Lisandro Ortiz
Fotografía: Ariel Feldman
Asistencia de dirección: María Laura Santos
Producción: María Laura Santos
Grafica: Ian Kornfeld
Dirección: Leticia Mazur

 

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