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Domingo, 22 Noviembre 2020 18:54

¿Qué era la danza?

Este año hemos visto desfilar en pantalla una cantidad de discursos incalculables acerca de qué es la danza, qué necesita la danza, quiénes son la danza y hasta qué debería ser la “buena” danza. La discusión por lo legítimo tomó el escenario de la legitimación y el escrachismo a la orden del día para señalar quiénes son dignos de hacer un chiste y quiénes no, definido casi siempre por la relación de uso de su genitalidad.

Estamos perdidos. Quiero decirlo.

En verdad quiero gritarlo, pero hace un tiempo aprendí que gritar no es mejor manera para efectuar la comunicación. 

Hoy me desperté pensando en un escenario arqueológico del futuro. Durante una excavación digital, es decir, una búsqueda de capas y capas de algoritmos que van dando rastros de diferentes momentos de estratificación de sistemas operativos, fibras ópticas, pantallas touch y apps, alguien encuentra “la danza del año 2020”. ¿Cómo sería esa danza? En términos estadísticos, lo más probable es que sea un video de pésima calidad, editado por Tik Tok, mostrando una persona que sonríe a una cámara que la asusta. Esa cara semitriste-semisexy-seudoplena-seudosonriente que tanto vemos en las redes sociales exhibiría una breve danza inconexa con una música inaudible de bit claro-clarísimo-evidente-barato. Algo que entre que coincide y no coincide, con un fondo de muebles de fórmica, con suerte en una casa ordenada para la ocasión. Una danza de control de la imagen. Una imagen descentrada del movimiento y su precisa realización. La persona terminaría el video acercándose a la cámara y una sonrisa contrariada mirando al dispositivo preguntaría con voracidad: ¿habré salido bien esta vez? La cara está en el futuro inmediato de la inminente reproducción, nunca, nunca estuvo en su presente-danzar, algo de eso “se nota”. La imagen se corta abruptamente. 30 segundos de danza del pasado para que los historiadores estudien, escriban, especulen, se confundan y, por supuesto, tiren las hipótesis más absurdas (eso lo hacemos siempre). 

Así es el 2020, esa es la imagen de la danza hoy, ¿esa es la imagen de la danza hoy?, ¿la viste?

Ni siquiera es necesaria tanta lejanía. Los primeros relatos de esta reciente historia vienen haciendo de los artistas los héroes de la resistencia. ¿Qué resisten los artistas “de la danza”?, ¿a qué le resisten?

Hemos estudiado las vidas de los artistas siempre, siempre, siempre como seres divinizados. Los artistas de la historia siempre, siempre, siempre son los capos del momento, los que “ven” con mayor claridad lo que pasa en su época, los que manifiestan de forma “creativa” un dolor social, una psicosis social, una confusión generalizada que deviene violencia. Históricamente la confusión deviene violencia, ¿alguien me explica? Los artistas, entonces, como catalizadores del trauma ejercen su expresión para ayudar a sanar las heridas de una sociedad rota, confundida, polarizada. (jajaja!) Imposible. Eso nunca pasó. 

Tratando de seguir con mi propio razonamiento. ¿Verían los historiadores del futuro a la danza del 2020 como una danza lúcida de su tiempo? Quizás podríamos empezar a falsificar los documentos… Nos queda un mes y medio. 

Escuché muchas cosas este año. Es un poco increíble el tráfico de “verdades” que emerge ante la desesperación. Pero, bailar, bailar, ¿quién bailó? ¿Cómo lo hizo? ¿Será su danza un documento del futuro? ¿Es su danza una danza feliz?

Existe una estética de archivo, una fórmula de legitimación que se acarrea a sí misma, suscribiendo, por delante y por detrás, las cadenas de sucesos que hacen a su propia coherencia legítima. Ese mecanismo tan bien aprendido por los artistas contemporáneos es un arma de doble filo, una vez que los artistas aprendieron que había mucho más de suscribir, inscribir, describir y posicionar desde el discurso que desde la práctica, el consumo de calorías-danza ha disminuido. 

Pero, por ejemplo. Los artistas geniales de la historia genial, del genial butoh… ¿Qué sabemos? ¿Buscaban una danza nueva? ¿Respondían a los desastres de una época? ¿Acaso los historiadores se habrán encargo de forzar una relación?

Claro, puede leerse exagerada mi postura. Nosotros no estamos viviendo una guerra, estamos atravesando una crisis sanitaria durante la cual el papel de los estados nacionales ha sido el de cuidarnos de morir… Una cosa es la lucha por la vida a través de la preservación de la vida y otra es la lucha por la vida a través de la muerte, ¿verdad? ¿Luchar para vivir?

Igual, si, mantengamos las cosas separadas, una cosa es la guerra y otra cosa es una “crisis mundial sanitaria sin precedentes”. Pongamos, manteniendo las cosas separadas, el ojo en un sólo hecho: el cambio en la manera de vivir. Lo cotidiano se vuelve peligroso, lo de siempre se revela “malo”, lo conocido se desvanece y ver al otro es un peligro (nombrarlo también). ¿Qué hace el cuerpo? ¿Qué danza baila? ¿Es lúcida la danza de nuestro tiempo? ¿Nos arranca al menos un instante de felicidad?

Pensé en la felicidad también esta mañana. Al verla a Rita Hayworth bailando, ¿la vieron? Yo no soy quién para decir si esa mujer fue feliz o no, pero algo de lo que su cara irradia ya no lo veo más. ¿Les pasa? A mí misma me pasa, me resulta difícil disfrutar, lo hago, “bailo”, casi como un desafío, un proceso de adaptación y, por supuesto, lo básico: me hace bien bailar. Pero no me hace feliz. La felicidad está cada día más devaluada… va con el peso argentino. Parece idiota hablar de felicidad, cuando en las prácticas artísticas, ¿no sería conveniente hallarla, al menos, de vez en cuando? Bailar y sonreir, pero no como un esfuerzo muscular más, algo que pasa, cuando estás improvisando y sacás tu tip de siempre. Eso pasa, ¡¡es hermoso!! ¿Será posible reconstruir el hábito de la sonrisa? Entrenemos los músculos, estamos blandos. 

Y mientras tanto… llueven los reclamos al estado, se demandan soluciones que vienen de afuera a impactar sobre nosotras (nosotros no va más) y “afectan” nuestros cuerpos. ¿Qué historia esperamos que se escriba? ¿Qué historia estamos escribiendo? ¿Qué danza será “la danza 2020”? 

¿Qué era la danza?

Mis memorias son mis olvidos.

 

 

Ph. Rita Hayworth

Publicado en En palabras
Domingo, 11 Octubre 2020 12:53

Conmover al algoritmo

 

Veinteveinte

 

La primera vez que escuché "hay que saber conmover al algoritmo" sentí ternura. Percibí su pulso vital, lo imaginé como un cachorrito que yo podía abrazar. Esa noche soñé con leones pequeños. No sólo eran tiernos, eran un peligro potencial. Su proceso de crecimiento estaba disparado. El tránsito ineludible de que devinieran un riesgo para mí había comenzado. Los abrazaba o jugaba con ellos hasta que lastimaban a Morcipan. Morcipan es mi cachorra. Quizás lo más cercano a la ternura que conozco...

A Morcipan la conmueven muchas cosas. Pero creo que lo que más conmueve a Morcipan es cuando la guío en su coreografía favorita, que tanto tiempo le llevó aprender. La coreografía que conmueve a Morcipan la creamos con lo que yo llamo comandos: "patita", "la otra", "sentado", "arriba", "muy bien", "abajo", "sentado", "nariz", "muy bien", "ojo", "ojo", "muy bien", "¡súper bien!"

Morcipan y yo nos conmovemos mutuamente cuando bailamos los comandos. Es importante que la secuencia de inputs sea ordenada y no presente cambio alguno. Si le digo "sentada" en lugar de "sentado", puede generarse un cortocircuito: Morcipan me mira, no entiende bien, baja un poco la cadera, duda, pregunta con la mirada... Una vez que esto pasa, hay que volver a empezar: "patita".

Mi cachorra aprendió los comandos que yo le enseñé. Aprendió la coreografía que yo diseñé. Es posible aprender a bailar "cualquier" danza. Sólo es cuestión de entrenamiento. 

¿Qué danza baila el código?  ¿Quién creó su coreografía y quién asiste, guía, marca y estimula su movimiento?

 

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Lo que va del 2020 (que es casi todo el año) hemos estado cada día más cerca del algoritmo. La mayoría de las personas, claro, evitemos totalizar. Estamos cerca del algoritmo aunque no sabemos qué lo conmueve, tampoco sabemos si lo estamos conmoviendo cuando incluso sea nuestra intención hacerlo. ¿Nos conmueve él a nosotros? El movimiento, silencioso, ocurre. El movimiento es visible, tangible y concreto, es real. El código no es virtual, el código es real. 

Conmover al algoritmo es una relación humana. El código es pensamiento, ya  no podemos hacernos los ingenuos al respecto.

 

¿Qué movimiento lo hace nacer?

 

Tik Tok está valuado en 60.000 millones de dólares. Fue creada en 2016 pero "gracias a" la cuarentena y el aislamiento social obligatorio, se convirtió en la aplicación más descargada durante el primer trimestre del 2020. La Startup que creó Tik Tok se llama Byte Dance. El algoritmo danza. ¿Qué causó tal conmoción? ¿De qué manera la población se conmovió con Tik Tok?

Ya no siento ternura. Se me han mezclado sensaciones de asombro con terror y aquel tipo de latencia tan propio del Siglo este que corre (y corre). ¿Qué conmueve al algoritmo? ¿Quién decide y cómo decide aquello que lo conmoverá? ¿Qué pasa con el gusto del algoritmo en este proceso? ¿Y el del programador? ¿Y de quien paga el sueldo del programador? ¿Quién paga el sueldo del programador?

Este año (que casi ya pasó) se iba a celebrar un encuentro en el marco del cual se había diseñado un espacio bastante "diferente". Dentro de la CONFERENCIA DE ORGANIZACIÓN DE LITERATURA ELECTRÓNICA Y FESTIVAL DE MEDIOS 2020 organizada por la Universidad de Florida Central, Orlando, uno de los paneles sería completamente "a distancia". Entonces, los invitados habían sido convocados para reflexionar acerca de qué hace distancia, cómo hacer distancia y/o qué es la distancia. Por razones de público conocimiento, el congreso entero se celebró "a distancia". Nada fue finalmente presencial. Lo diferente se volvió lo regular y lo "obvio", literalmente, ilegal. 

Reneé Carmichael había sido invitada para participar de la sección "irregular". Presentó 15 videos cortos donde baila textos suyos que ella no escribió. El procedimiento arrancó con la carga, en una learning machine, de todos los textos que Reneé había escrito hasta el momento. La máquina, a partir del material otorgado por la misma Reneé, aprehendió el estilo y los temas que interesan a la escritora. Aprendió y escribió "como ella". Los textos resultantes son sorprendentes realmente. Reneé baila los textos, sus ritmos, sus imágenes. Se lee a "sí misma", se baila a "sí misma", ahora ella es su propia learning machine (pero, con cuerpo). 

Hace un par de años que me crucé con Reneé por primera vez. Asistí a muchos momentos en los que algún intrépido le preguntaba: “Vos, ¿qué hacés?”. Y ella explicaba lo inexplicable: “trabajo con código y danza”. La relación entre el código y el cuerpo parecía ser, a la mirada de los intrépidos, imposible, ya que danza (ya sabemos) está asociada a libertad expansiva de un cuerpo pleno. La relación entre código y danza es una fórmula rotunda para (des)romantizar la danza. Pero, del otro lado, ¿cómo ha sido romantizado el código?

"El código sangra", afirma un texto que escribió Reneé hace unos años atrás. Lo escribió ella, no la máquina. En un pasaje real de alocución la máquina diría: “sangro, yo sangro”.

 ¿Qué aprende de su escritura el algoritmo? ¿Cómo se proyecta la máquina sobre los textos de Reneé? ¿Qué sucede al bailar textos propios que no fueron escritos por una misma?

En el resultado, sin embargo, algo sucede y no puedo no destacarlo: hay una “simplicidad” en la escritura de la máquina, que no es propia de la escritura de Reneé, es como si la máquina fuera más bien ceros y unos... 

La obra-ponencia de Reneé fue creada "para", "en" y "con" la distancia. Las piezas pueden verse todas en el siguiente link: https://stars.library.ucf.edu/elo2020/live/roundtables/6/

Los títulos mismos de cada texto corto bailado constituyen para mí un texto, así que lo transcribo. Lo copio: 01. Y lo traduzco: yo. La traducción son ensayos de acercamiento que realicé con mis precarios conocimientos de inglés. Parte de esos conocimientos tienen que ver con Leer Danza(ndo), un proceso que también compartimos con Reneé. 

En el texto curatorial de Leer Danza(ndo), Marina Tampini dice: “¡La consabida frase que entiende al traductor como traidor (traduttore, traditore!) se hace tan tangible en la tarea de traducir Orta or One Dancing de Gertrude Stein! En la extrapolación de sentido del inglés al español, inevitablemente, una se encuentra sistemáticamente traicionando algo de la elocuente rítmica de la prosa o de la significación que propone.” (Texto curatorial, página 21)

Marina formó parte del proceso de armado de este gran texto colectivo. Su rol lo llamamos curaduría, también en el doble sentido del término y, sobre todo, como una aplicación irreverente de un concepto tan de las Artes Visuales a la Danza, al Libro. En ese momento Marina destacó que las diferentes versiones de traducción de cada fragmento del retrato de Stein a Duncan (las cuales sólo fueron posibles gracias al cuerpo, pero cada cuerpo podría, de todos modos convertirse en algoritmo),  se montaban sobre la musicalidad del idioma inglés. Nuestro tan amado gerundio en inglés “ing” se extiende, hace tentáculos hacia diversas categorías gramaticales y ese espesor es un placer enorme para las que nos gusta regodearnos en los múltiples sentidos de las palabras.

Una de las traductoras de este equipo fue Reneé. Su juego, muy acorde con su “inentendible” investigación acerca de la danza y el código, fue traducir sucesivamente un fragmento de texto, del inglés al castellano, del castellano al inglés, varias veces en google traductor hasta identificar una especie de tendencia de la máquina. Quizás una esencia o su verdadero pensar. O el pensar detrás del código que aprende porque para ello fue creado. La sangre del código se derramó en las páginas de Leer Danza(ndo).  Gracias Reneé. 

 

No soy yo una learning machine, me sobra el cuerpo:

 

My feeling of dance and code is another thing altogether / Mi sentir(sintiendo) acerca de la danza y el código es completamente otra cosa. 

 

My feeling of dance and code is complicated/ Mi sentir(sintiendo) acerca de la danza y el código es complicado. 

 

My dancing is not merely that, but that is also a dance/ Mi danza(ndo) no es simplemente eso, pero sigue siendo una danza. 

 

My dancing is about trusting it as it marks the creation of something beyond us/ Mi danza(ndo) es acerca de creer en él, ya que marca la creación de algo más allá de (entre) nosotros. 

 

My dancing is not about speed (the speed of the waves or the speeds of light), it is about dancing/ Mi danza(ndo) no es sobre la velocidad (la velocidad de las olas o la velocidad de la luz), es acerca de danzar(danzando). 

 

Code is missing the smallest details of a code. / El código está perdiendo los mínimos detalles de un código.

 

Code is already found on Yanny, and her work can also be seen on a continuum. / El código fue efectivamente hallado en Yanny y su trabajo puede ser una continuidad. 

 

Code is now subject to the very same onslaught of cyber-power flows that flow from the web. / El código no es ahora sujeto del mismo ataque al flujo del ciberpoder desde la web. 

 

A code feels better and the code becomes more human. / Un código se siente mejor y el código deviene más humano. 

 

A code feels more alive than the words of code. / Algún código se siente más vital que las palabras del mismo código. 

 

A code feels like an apt metaphor of something that does not exist in the first place. / Algún código se siente una adecuada metáfora de alguna cosa que, en primer término, no existe. 

 

(Un)distancing is the difference between a given event and an event that happens. / (In)diferenciandodistanciando es la diferencia entre un evento dado y un otro evento que ya pasó

 

(Un)distancing is the key to understanding the system as a whole. / (In)diferenciandodistanciando es la clave para comprender el sistema como un(a) todo(a). 

 

(Un)distancing is a manifestation of the pathogenic effect of capitalism. / (In)diferenciandodistanciando es la manifestación del efecto patógeno del capitalismo. 

 

My feeling of dance and code is what gives me a freedom to experiment. / Mi sentir(sintiendo) de la danza y el código es lo que me otorga libertad de experimentación. 

 

 

¿Qué estás haciendo, día a día, minuto a minuto, para conmover al algoritmo?

 

Saber qué conmueve al algoritmo también puede ayudar a entender para qué el mismo fue creado. Por "algo" es más sensible a ciertas (in)acciones. Hoy que vivimos con los algoritmos, a través de los algoritmos y, casi, en los algoritmos, cada tanto me pregunto: ¿para qué quiero conmoverlo(s)?, ¿qué estoy dispuesta a hacer por su e-moción?

Tengo una intuición: el algoritmo no es un cachorro tierno, es el asistente de la bestia, el ayudante del torturador, la herramienta del poder.

 

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