Miércoles, 28 Junio 2017 21:45

El hacer y el decir hacer

Escrito por Melina Martin

En principio es muy difícil de verdad ser absolutamente rigurosos con lo que decimos, hacemos como descripción de lo que realmente hacemos. Desde el “empiezo ya mismo la dieta” hasta "mi obra se trata del conflicto que plantea Foucault en relación a…" etc. etc. Yo puedo hablar del miedo real, el vértigo que me da a mi misma empezar un trabajo sobre algo, y realmente lograr comprender como se habla de ese algo.

El “como” dice el movimiento es para mí algo que aún no fue “por suerte” resuelto, en el caso de que sea un problema. El asunto es que por suerte no hay un manual de instrucciones, como no lo hay en otras artes, pero aún así cada obra, cada emprendimiento, siendo oficialmente un “si sale”, no deja de ser una cantidad de problemas. 

 La obra no dice lo que yo quiero, solo por haber leído libros que dicen lo que me interesa a mí que diga mi obra. La obra debe luchar con el formato de obra que muchas veces sé como mi contenido, como esas publicidades que son más recordadas que el producto que publicitan. El formato de obra de danza se mastica lentamente, cualquier discurso del movimiento es necesario, hay convenir que a veces el formato que conocemos es el más adecuado, pero no siempre.  Estamos cansados del publico que dice “qué lindooooo”,  “lástima que no entiendo nada” y como estamos cansados se han empezado a ver en los últimos años obras que se plantean el hacer un tratamiento temático más explícito, gracias a aquellos que lo han intentado, muchas gracias. 

Estamos cansados de las obras de las cuales dice el coreógrafo “es un trabajo sobre Derrida, etc” y luego la obra es una dormidera, un plomo, y además no creo que habiendo leído el capitulo sobre el que trabajo el coreógrafo el valor de la obra para el espectador cambie ni un poco. 

No digo que no exista gente que lo intenta, y eso ya es válido y no vamos a ir por ahí preguntándole al coreógrafo cuan honesto realmente fue en la factura de su obra, porque ese no es el punto. De hecho el punto es que por más que intentemos ser rigurosos, testeemos lo que hacemos, lo confrontemos con lo que decimos hacer, volvamos sobre nuestros pasos, siempre algo se pierde. Es como una traducción a un idioma muy distinto, un poema en checo difícilmente pueda ser traducido al guaraní sin perder nada, a ese espacio infranqueable lo llamo la brecha. 

No soy de las personas que piensan que los artistas deben saber explicar sus obras, ni de los que creen que su obra debe hablar por si misma aunque el autor no sepa armar oraciones, en ese sentido cada artista que use los recursos que mejor sepa usar. No me importa si un pintor puede agregar con discurso a su obra, si esta me dice algo, si la obra se completa con el concepto, pues que sea buena acompañada de él. O que sea mala, o que sea mediocre, no es el punto.

Tampoco lo es el hecho de que la obra en el caso de tratarse de algo, puede tratarse de otra cosa de la que esperaba hablar el coreógrafo, si habla de algo (y con esto no digo si emite opinión, tiene narrativa. Puede ser absolutamente un tratamiento puro de materiales de movimiento) eso ya una genialidad. Si logra el movimiento no hablar de la técnica que requiere para ser realizada la obra cuando es evidente que no es ese el tema, si logra la puesta no hablar de si misma mientras es evidente que no es ese el tema, si logra la obra no ser comida por el formato, si logra el coreógrafo que sea su hijo down y que sea lo que tiene que ser con sus debilidades y peculiaridades, para mi está bien.

Una vez atravesados estos atolladeros, nos encontramos que no es tan fácil saber si un movimiento es parte de una temática “X”, o si lo es “Y”. Empieza la poesía y la sensibilidad y nos sacamos el sombrero, pero claro que esto no es todo,  el problema es más profundo, nos pasa al armar una clase, a los que armamos clases.

Nos pasa al pensar en lo pedagógico. Una vez cuando me estaba planteando unas cuestiones pedagógicas y quería probar otros formatos de clase, una alumna me dijo que tenga cuidado que podía estar creyendo que estaba cambiando algo y solo tener el discurso de quien esta cambiando algo, en ese momento comprendí una parte mas de la brecha. 

Sin embargo, en el momento en que empecé a dar clases, hace ya tiempo, noté que no tenía esa brecha para no hacer exactamente lo que decía que estaba haciendo, si le decís a un alumno que extienda el pie pasándolo por piso, debe pasar más por el piso que nunca el pie del docente al hacer el ”tandiu” y también noté que los alumnos no escuchan, o que si lo hacen, no logran ver diferencias o no logran corresponder el contenido de la idea con una acción definida, ¿es que el alumnado de danza es estúpido? No, desgraciadamente no es tan sencilla la respuesta. Yo fui alumna y bueno, no me siento muy estúpida y mis alumnas de las cuales doy fe, son geniales pues han tenido el mismo problema, entonces algo pasa. La influencia de la subjetividad que implica que el cuerpo sea el soporte de nuestra disciplina es grande y no nos permite acceder con facilidad a la objetivación de nuestro hacer, por otro lado o por el mismo, esta el formato de clase que adormece los sentidos, y la comunicación no siempre se logra, ellos ya saben que el tandiu es un ratito, que luego pasamos a algo más divertido y seguramente parezca un desafío más interesante, vamos por la meta, como el coreógrafo va a por la meta y se olvida de formatos, estéticas, y movimientos adhieren a su objetivo o no. Todo esto es una generalización y no debiera ser posible que sea usado en mi contra. 

Cuando era más joven, una maestra me dijo que era demasiado inteligente para bailar, puede parecer un halago pero me hizo sentir muy desafortunada, se refería a que yo necesitaba respuestas antes de que lleguen, y en nuestra formación oficial de la técnica, eso no ayuda, uno se agarra un día de la barra y diez años después (según esa maestra, solo 10 años de técnica seguidos te habilitaban a salir a escena y poquito) bailabas, tanto va el cántaro a la fuente que al final aprende y tienen razón quienes proponen eso. Eso funciona, ha funcionado siempre, la experiencia muda, impresa en el cuerpo funciona, pero no hace artistas, no necesariamente hace cuerpos que se dominan a sí mismos sensiblemente, es buenísimo, pero eso no quita que necesitemos probar otros caminos, no caminos que invaliden el largo sino otros que aporten más puntos de vista, que propongan al alumno ser alumno responsable y activo para no acatar ordenes sino ir en búsqueda del deseo, y acá es donde digo que la brecha se resuelve siempre por el deseo, bueno es la hipótesis, solo si querés un tandiu útil y bello lo vas a intenta , solo si querés hablar de algo mas allá de estrenar una obra más, o tener un proyecto con amigos lo vas a intentar, solo si querés, necesitás o el verbo que sea o el que va a ser y en ese deseo, el contenido exacto de la palabra puede ser que carezca de sentido, que el contenido de mi poesía en checo atraviese la brecha para transmitirme en guaraní, un algo, un algo que lo hace ser sí mismo distinto tal vez de la poesía del checo, pero un algo que deviene de allí, no contamos con otra cosa que palabras para explicar, tanto en lo pedagógico como en lo creativo, luego viene el acto y eso vive mas allá de nosotros y de nuestras explicaciones, la brecha siempre está, primero hay que verla y convivir con ella, ha habido en personas como Laban que han intentado un método para que el movimiento sea clasificable y objetivable, eso ayuda mucho pero no hace al arte, pero ayuda a tener un acuerdo sobre lo que se está hablando. Ese acuerdo en lo que se refiere al material de movimiento permite acercarse mucho a un objetivo en lo kinético, pero el problema de que material, uso para hacer una obra, que estética, que  tipo de cuerpo, que iluminación etc, no se resuelven, eso es parte del arte, de saber escuchar a la criatura. 

Fecha de publicación: 27-8-12

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