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Lunes, 19 Junio 2017 21:15

En Convivencia DoceVeinticuatro - Segunda Cuadernos de Danza // SEMANA 3

Escrito por Cecilia Molina, Magdalena Casanova y Daniel Daverio.

 

 

 

Este boceto fue escrito por Cecilia Molina a partir de dos de los seminarios del programa 12/24: Una empatía performativa, de Alina Folini e Hic et Nunc, de Matthieu Perpoint.

La pregunta es el borde.

#1

En el cuaderno donde escribí diariamente las notas para confeccionar el registro de los seminarios, también están los apuntes que tomé el martes 11 de abril en el Centro Cultural Paco Urondo, durante la segunda jornada del coloquio titulado “Cerca de la Revolución” (1)

Ese día la socióloga boliviana Silvia Rivera Cusicanqui cerró su conferencia provocándonos a conocer con el chuyma, palabra en lengua aymara que designa el corazón, los pulmones y el hígado. Un poco más tarde, la psicoanalista brasilera Suely Rolnik habló del saber del cuerpo en tanto productor de un modo particular de relación: la empatía.

#2

La empatía (del griego ἐμπαθής, «emocionado») es la capacidad cognitiva de percibir (en un contexto común) lo que otro ser puede sentir (Wikipedia).

No es algo dado el contexto común, somos libres de imaginarlo y de fabricarlo, con otros.

El espacio es el lugar donde pasan las cosas, las negociaciones, las relaciones. Pasan,  materialmente. Se agitan, viven, mueven. (Sin embargo solemos pensar que el espacio es el medio físico neutro en el que se sitúan los cuerpos y los movimientos, o también el lugar que queda sin ocupar entre dos o más cuerpos).

Nuestros comportamientos y acciones tienen el poder de construir la realidad de nuestros cuerpos. El cuerpo no es simplemente materia sino una continua e incesante materialización de posibilidades. Performatividades.

#3

¿Cómo hacernos un cuerpo sensible? ¿Cómo fabricar un territorio común? ¿Cómo hacer comunicable algo? ¿Cómo construir un código provisorio? ¿Cómo estar con otros?

#4

La tarea a la que nos aplicamos es tocar, sentir. Acá y ahora, ¿qué nos mueve?

Somos “falsos activos”, “pasivos del contexto”. Somos actores, testigos y espectadores.

Haciendo nos preguntamos: ¿cómo estar “simples”?, ¿cómo mostrarnos sin que nos proteja la representación ni el movimiento?

Sin que nos proteja la representación ni el movimiento.

Imaginar, tener ideas, ese es el trabajo del espectador.

¿Cómo estar ahí, siendo un poco como una foto o una pintura, que ofrecen algo quieto para poder imaginar? ¿Cómo seguir ahí en los momentos de movimiento explosivo?

#5

El último día, al final de la práctica, conversamos acerca de lo inusual que es para todos nosotros trabajar diariamente y durante varias horas en danza. Esto no es anecdótico. Entre otras cosas, coincidimos en la apreciación de que las condiciones en las cuales trabajamos exigen que cuidemos mucho nuestros cuerpos. Acá y ahora también está pasando esto: pensando juntos sobre las condiciones de trabajo de los bailarines, reconociéndolas, también podemos hacer(nos) comunidad.

(1) Organizado por el Instituto de Altos Estudios Sociales (Idaes), y Sur Global en el año del centenario de la revolución rusa de Octubre de 1917.

 


 

Texto realizado por Magdalena Casanova para “Hic et Nunc”, seminario coordinado por Matthieu Perpoint, en el marco de la segunda edición del programa de entrenamiento escénico 12/24.

Impertinencias.

Lo primero que Mat nos propone tiene que ver con el tiempo de trabajo: tenemos cinco días de tres horas cada uno, no hace falta apurarse. Esto predispuso, creo que a todos, pero sin dudas a mí, a encarar la experiencia de una manera especial. Entonces, nos tocamos para entrar en calor. Tocar con densidad es diferente de acariciar. La fricción da calor y hace consciente al cuerpo de su volumen.

Para la segunda actividad repartimos roles: el actor/actante y el que sostiene/cuida. Nos invitaron a descubrir La Fábrica sin mirarla. Me tocó empezar con los ojos cerrados. La oscuridad abrió otros mundos, otros espacios. Aparecieron sonidos que nunca había escuchado, animales salvajes, fieras acechantes. Sonidos profundos de otros lados, de otros seres. Por momentos se sentía la asfixia: todo estaba muy cerca. Un paso para acá y ya no podía avanzar, un paso para allá y se terminaba el suelo. Pero también aparecieron mares extensos y se podía surfear sobre una mesa de madera. Los libros eran parte de la fauna que nos circundaba. Me atacaron con sus palabras guardadas, con su olor a humedad y sus párrafos rectangulares. Reina en mi trono de un solo brazo me defendí leyendo con las manos y con la nariz hasta agotarme y luego los arrojé sin culpa y con gracia hacia mis atacantes, fueron mi escudo. Cuando fui sostén, entendí que no sólo sostenía mi mirada, sino también la acción sobre el otro, me estaba permitido interceder en el camino de mi compañero, mostrarle recorridos, proponerle universos.

La oscuridad permitió perderse. Encontrarse en la pérdida, encontrarse perdiéndose. El vértigo de perderse y encontrarse. Sean impertinentes, pidió Matthieu. Y esa palabra quedó resonando en mi cuerpo hasta el día siguiente…

Entonces repartimos roles nuevamente. Tocar, recibir. Soy estímulo, soy escucha. Puedo jugar con la mirada, abrir o cerrar los ojos según lo necesite. Había que poner mucha atención en la relación entre lo interno y lo externo. No es ni todo adentro, ni todo afuera, dice Mat, son las dos cosas al mismo tiempo. Es un dialógo permanente, son diferentes estrategías para mostrar los cuerpos. De pronto, no me concentro más en el contenido de lo que Mat dice sino en su forma: esa manera especial de acentuar las palabras, la dificultad de pronunciar las esdrújulas y las graves, esa impertinencia verbal.

Seguimos. Los roles ahora se juegan en una actividad pasiva vs. una pasividad activa. No me puedo mover, peso muerto; pero puedo, otra vez, actuar con mi mirada, dirigir los ojos hacia donde quiera. Hacia mis otros compañeros muertos, hacia mi pareja que me mueve pero no me mira. ¿Cuánta actividad hay en los ojos?, ¿en una mirada? Me sorprendo sintiéndome desvalida. No solo pasiva, sino también impotente. Puedo comunicar mi impotencia solo con los ojos. Ahora los cierro pero puedo actuar. Soy actante e intento ser impertinente. Los ojos cerrados facilitan la irreverencia. Los dos vemos y no; los dos movemos y no; recibimos y escuchamos. Esperar, ser pacientes. Impertinencia y escucha. Puedo hacer lo que quiero porque esto es un taller. Puedo decirte “me aburro”, puedo decirte “esto que estoy haciendo es mentira”, puedo mirarte y simplemente estar ahí. “Qué voy a hacer ahora”, “Nada. No tengo nada para darte ahora”. Buscar la honestidad para quedarte vivo. Tu cuerpo solo, ahí, tranquilo, es suficiente. Y de pronto entrás en una sinceridad tan grande que te engolosina y no podés salir; y de pronto construís una mentira tan grande que te abruma y seguís mintiendo para ver si encontrás alguna línea de fuga.

Y entonces vuelvo sobre las impertinencias de Mat. Recuerdo, enumero. La primera gran impertinencia es temporal: tomarse el tiempo para escuchar, procesar y hacer en una época en donde la velocidad nos arrebata los momentos. La segunda, invitarnos a conocer sin mirar cuando nuestro mundo está prioritariamente organizado a partir de lo visual. Tercera, la impertinencia de la acción: dejar salir los monstruos propios (los de la sensualidad, los de la risa) y ayudar a hacer salir los de los otros, dejarlos llegar, dejarlos ir. Y la omnipresente, ya mencionada, impertinencia lingüística en la que luchan un francés desarraigado y un español rioplatense de casi diez años de edad. Hundida en estas elucubraciones, empiezo a preguntarme, ¿cómo sería una impertinencia textual? Si quiero escrivo palavras mal eskritaz y beo qe paza. Ci no mentendez, ni me inporta, kero todabía algo quela. Esta es una impertinencia. pero talvien ai irpertirencias mallores, ilfersinersiotaz ke fan qresiendo basta le to ros eltencenop napa.

En la danza esto no importa. Siempre me vas a entender algo, no hay reglas gramaticales o sintácticas, no hay negación, no hay afirmación. Se puede estar adentro y afuera al mismo tiempo, se puede tocar y ser tocado, puedo mirar y no mirar. Hay acción, escucha, roles; se puede controlar, limitar, disminuir, simplificar, volver. Repetir. Tomarse el tiempo. Puedo soltar y no hacer nada. Se puede fallar y seguir y dejar que se vea. Y, sobre todo, se puede ser impertinente porque hay que quemarse para brillar y, en todo caso, dejarse frustrar. Frustrarse es bueno, así guardamos algo para probar después.

Aplicarte a hacer la tarea: esta es mi perfo. Tus mundos son más fuertes que el contexto.

Cónfio mucho en tu cuerpo.

Disfrutén. Relajén. Bailén.

 

 

 

 

 

 


 

Texto realizado por Daniel Daverio para "Manifestaciones poéticas", seminario coordinado por Paula Herrera en el marco del festival 12/24.

Yo, una instalación

Lo que una compañera en mi vió:

Un príncipe que se llena los ojos de cristales

no sabe que es de nieve,

que el placer del que habla

sólo lo marea en más ilusiones

que no cumplen otro fin

que el de embriagarse.

No puede tocar el borde,

el borde de Rodolfo.

Tantas cosas que lo lleva a habitar un vacío donde se convierte

en un perro aturdido.

Cuenta las cosas que su alma abarcó otra vez.

Paula Herrera propone acercarnos a un universo extraño y a su vez propio. Nos lleva a un registro actoral por momentos grotesco y por momentos absurdo. Nos ingresa a un mundo en donde el misterio y lo escatológico se hacen algo cotidiano. Se generan espacios que diseñan cuerpos sumamente extrovertidos. Son cuerpos que lo muestran todo, que son afuera todo lo que son por dentro.

En el seminario somos muy pocos quienes tomamos por primera vez clases con Paula. Está lleno de estudiantes del Espacio Granate, el estudio de Paula. Da la sensación que ellos y ellas, los estudiantes de Paula hacen para mí una presentación. Observo en el primer "Cuerpo a cuerpo" (ejercicio de a dos). Se los ve muy sueltos sabiendo por dónde va la cosa. Es notorio que entienden la propuesta estética de Paula. Pareciera que hacen cualquier cosa y de un momento a otro algo surge, el espacio comienza a tomar múltiples sentidos, se espesa, se hace cómico e intimidante, me provoca entrar. Me provoca alejarme y salir corriendo. Me da bronca lo que veo, me da vergüenza.  Ellos y ellas escupen, gritan, aturden, cantan, hablan, hablan ¿dicen cualquier cosa? Hago foco en algo, pienso con otra parte del cerebro, es hermoso.

Paula dice: En mis trabajos, algunas personas, suelen decirme que los intérpretes están haciendo cualquier cosa. Pero no es así, no es cualquier cosa lo que hacen, están componiendo, están articulando y entonces algo se acomoda en el espacio, en sus cuerpos, algo cobra sentido y comienza a ser inquietante. Sugiere trabajar con nuestras propias grietas, fisuras, vulnerabilidades y debilidades. Para, finalmente, reírnos de nuestras fragilidades como las de los demás. Ella nos esculpe cual artista plástico. Nos guía para que nosotros mismos hagamos de nuestro cuerpo una instalación. Hacer nuestro cuerpo el cuerpo de la obra. Vomitamos palabras. Son discursos desde las vísceras. El cuerpo inconsciente brota, se mueve y habla.

Lo sucedido me recuerda a un párrafo del libro "El teatro y su doble" en donde Antonin Artaud habla de volver a hacer que las palabras tengan ese poder que tienen en los sueños.

Técnicamente ella expone diferentes dispositivos de improvisación, los cuales exigen una purgación compulsiva y ecléctica de sensaciones e imágenes.

"Cuerpo a cuerpo"

Dos en el espacio, esta vez uno de ellos soy yo. Cualquiera de los dos puede empezar, de hecho ya comenzó. La composición instantánea surge de la articulación desde el movimiento y la palabra con el otro. El entrenamiento es muy libre, pero se nota cuando no estás conectado. No hay que hacer lo mismo que mi compañero. Me aparece un personaje, luego otro, tengo diferentes tonos de voz pero.... (Paula pide no actuar). Hay que "Articular" con el compañero/a de forma disociativa. Relacionarse indirectamente. No hay que generalizar con el texto (Paula insiste en ese punto). ¿Cómo articular con el otro? Me tiembla la mano, luego me estremezco. El texto que surja debe extenderse de forma precisa (dice), de lo que vemos, de lo que se nos cruza por la cabeza. Mi cuerpo da unas piruetas, ¿qué es eso, que veo, es un precipicio? voy a caer! Debemos hacer visible el inconsciente, el inconsciente será la obra, el inconsciente intervendrá el espacio, el inconsciente será la materia performática. Bien Dany es por ahí! (dice).

Ella nos explica que es algo similar a cuando un adicto pide un pase más, cuando pide un poco más, es como saciar la abstinencia. Ese pensamiento ocurrente, esa acción y/o movimiento habitual no sirve en esta búsqueda, es inoperante, hay que aguantarlo para que verdaderamente pueda digerirse y nos afecte genuinamente. De esta forma saldrá lo que tenga que salir, es ahí cuando brota la poesía. Resistir a ese "otro bocado más" me recordó a esos cúmulos de azúcar, harina y manteca llamados facturas que hay por toda la Argentina. A los que nos tentamos a cada paso. Es así como mis adicciones escénicas se presentaron justo frente a mí. Las vi frente a mi cara y en mi cara. Paula repite que no se debe generalizar con el texto, ella dice: ¿qué ves? ¿quién te dice eso? ¿en dónde? ¿cómo son tus miedos, donde están en el cuerpo, como que cosa son? describílos!

En un ejercicio de relajación, cinco personas me mueven cabeza y extremidades, me manipulan, yo debo dejarme llevar físicamente, soltar el pecho y dejar que el aire salga con todas las palabras cargadas de inconsciente, denuncia, espasmos, perturbaciones, imágenes y desplegando la belleza de lo onírico, de lo inexplicable a la luz del misterio. Exploto y digo! Tengo cristales brillantes en mis hombros que no me dejan en paz, soy una mierda! Nunca en un ejercicio de relajación te la agarres con vos!!! (dice Paula). ¿Qué te hizo eso? ¿Quién? lo que te pasa es por culpa del afuera ¿Quién? ¿Quiénes? ¿El qué? ¿De qué manera?

Paula nos acerca unos libros de escultura, arte plástico, arquitectura, y de biología. A ella le interesa el mundo natural, sus necesidades, movimientos, y formas. Ella se pregunta y nos hace preguntar sobre qué es lo de adentro y lo de afuera de cada cosa, de cada objeto, de cada ser vivo. Nos habla de la cinta de moebius, nos hace preguntar: ¿Qué somos dentro/fuera, donde estemos, existe un dentro o un afuera? ¿Lo que vemos por fuera es nuestro interior? Me pregunto cómo relacionar esto con el cuerpo performativo del actor/personaje. ¿Ella no quiere trabajar con personajes?

En el último ejercicio Paula vacía una valija llena de ropa y telas que quedan desparramadas por toda la sala. Fíjense que les propone lo que agarran, es mucho más que un pañuelo o una camisa o un vestido, fíjense la textura, sean intervenidos por el material, empaticen (propone). Ok dije, tengo que perder el control. Agarro lo que primero me llamaba la atención: un vestido rojo de una tela elastizada. Me lo puse cruzado en el cuerpo, tomo un pañuelito que parece un baberito, ha! ya voy entendiendo, esto no es sólo buscar ropa, esto es parte de la performance, ya soy parte de la instalación y ya comenzó el acto. Me imaginé estar en un museo, ser una cosa que la gente, al pasar, te observan como si fueras una escultura en movimiento, entonces, verán mi exterioridad e interioridad que tiene la misma forma.

Me coloco suavemente y con ojos cerrados el babero en la cabeza, me saco zapatillas y medias, arrojándolas  quién sabe dónde. Grito: "¿Por qué no bajás de allí arriba, qué esperás... que te vaya a buscar?". Me da miedo, me doy miedo, me dan miedo los demás, Paula no. Ella tiene la voz finita y familiar, nos acompaña todo el tiempo. Yo soy el que me da miedo. Precisamente ver mis venas hablando. Luego me siento frustrado. Agarro una tela. Ahora entre mis piernas, la froto, ¿quién soy? me aprieto los testículos, escucho un alarido de la otra parte de la sala, este me alienta, estiro mis ropajes, ahora mi piel. Ellos son muchos cuerpos, son míos, los entrego. Quien está cerca lo toma y me toma. Miro fijamente hacia delante. “Cien gramos de jamón y cien de queso” digo, respiro y escucho que alguien me describe con un micrófono. Quien me describe está dentro de la valija casi desnuda. Es como un sueño. Dos chicos en la otra parte de la sala ya hace como diez minutos no se sueltan, se aman y luchan, se pelean, ¿dónde están? ¿dónde estoy?, todo es simultáneo, todo es un caos. Ciertamente y por momentos el caos toma consistencia. Tengo la lengua en la pared. Le hablo a la pared. No se entiende lo que digo, la boca está muy aplastada no puede hablar. "No me cortes el manzano de la puerta de mi casa por favor" grito. Encuentro un solo borcego de alguna compañera, introduzco el pie de forma esbelta y sublime, escucho un susurro a mis espaldas. Mi pie es el borcego y el susurro es mi danza, yo soy el cuerpo performático, todo el acontecimiento.

Así es como verdaderamente somos, esto es lo que somos.

Lo habitual……… es apariencia.

 

 


 

 

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