Lunes, 17 Julio 2017 18:52

En Convivencia DoceVeinticuatro - Segunda Cuadernos de Danza // SEMANA 7

Escrito por Ana Laura Ossés, Luciana Schmit

 

 

Texto realizado por Ana Laura Ossés para “Materiales corrosivos”, seminario coordinado por Amparo Gonzales  en el marco de la segunda edición del programa de entrenamiento escénico 12/24.

Titulo del texto: “….. aún no sé”

Terminó la semana de la práctica compartida de la mano de Amparo Gonzales. Bailarina que sólo había visto una vez en  “El becerro de oro”, obra que me encantó y ella también.

Me anoté en su seminario de manera intuitiva, creo que tenía ganas de conocerla, y también la tarea  de llevar adelante un texto para convivencia 12-24 y 2da cuadernos de danza. El seminario terminó hace tres días y no sabía, creo que aún no sé, qué de todo lo que me movió la experiencia podría compartir en un texto.

Empiezo, o continúo, por una de las últimas preguntas, que apareció en mí, en el último día de los encuentros.

¿Cómo es la ritualidad de la práctica?

Intento traer al texto algo de esa ritualidad que compartimos durante una semana en la fábrica Perú. La palabra ritualidad no fue usada durante la práctica pero a partir de “la misma” re-apareció entre mis palabras.

Me pregunto cómo es escribir un texto que siga viajando en sintonía con lo que ahora vibra en mi cuerpo y no antes de estar ahí.

Amparo usó varías veces la palabra sintonía. La primera vez me despertó un recuerdo ¿remoto? Cuando el chico que más me gustó me dijo “No estamos en la misma sintonía”.  El recuerdo me soltó y me llevó de nuevo ahí, a la fábrica, al cuerpo, a ese momento. Respiré profundo para permanecer en ese ahora y escuchar de nuevo esa palabra sintonía,  actualizada y en sintonía con el tiempo presente y con mi cuerpo presente ¿Distinto al de ese otro tiempo remoto?

El último día del taller una compañera dijo que durante la práctica su piel tenía otra textura, que experimentó cambios en su percepción, y que también el suelo tenía otra textura. A medida que hablaba sentí el contacto con el piso, el piso como una textura más que me componía, como un borde más de mi interioridad.

Vuelvo al día uno. Ese día me fui contenta de la decisión de sumarme esa semana a 12-24, sintiendo que  mi cuerpo es otro cuando me permito atravesar experiencias nuevas desde mi intimidad, desde el contacto con otros cuerpos y que la danza siempre se encarga de mostrarme esas transformaciones.

Me fui pensando en que me estoy haciendo las mismas preguntas que Amparo nos compartió. Preguntas sobre la representación, sobre el tiempo, sobre cómo es estar en el presente escuchando, intuyendo  la materia-memoria sin representar. Cómo es estar en la experiencia tanto para quién da y coordina, como para quién toma una práctica ¿Cómo es disolver el borde entre los roles?

¿Cómo las preguntas viajan a través del tiempo, a través de los cuerpos y en sintonía con las pruebas, con las experiencias y con la práctica que cada una desea poner en juego?

Amparo nos habló del tiempo, de la materia, del cuerpo, de las materialidades que componen al cuerpo.

Amparo nos leyó un fragmento de Bergson, del libro Materia y Memoria. No sé qué página, tendría que preguntarle. Creo que el prólogo que escribe María Pía López.  

Amparo preguntó ¿Cómo es no re-alentar ni apresurar un vínculo?  Me es inevitable no pensarme en otros espacios más allá de un encuentro de danza cuando aparecen esas preguntas, esas maneras de estar en el cuerpo con otres.

Las palabras que disparan-abren-habilitan sentidos en este texto que intento construir están en sintonía con las palabras que escuché durante los encuentros. Las palabras que disparan-abren-habilitan-sintonizan sentidos en los cuerpos, en el trabajo con les otres, en el contacto con el pensamiento y con las imágenes, son palabras que se vuelven preguntas todo el tiempo  mientras intento construir este texto.

¿Cómo nos permitimos estar en la experiencia y desde ahí habilitar escuchas múltiples en el cuerpo-tiempo? ¿Cómo es permitir que esa multiplicidad que compone al cuerpo, con todo lo que puedo percibir de manera no lineal ni narrativa, que convive y sucede en cada momento presente, se manifieste?

Ser impune con lo que supuestamente ya sé, dijo Amparo. Permitirme no saber, permitirme no crear un sentido cerrado, permitirme estar en ese momento antes de que aparezca el sentido. Si ya sé lo que estoy haciendo, lo suelto-concluyó.

Una compañera brasilera, que se disculpó por no hablar bien español, nos compartió algo muy lindo. Dijo que los humanos aprendemos a escuchar antes que a hablar y que para ella la experiencia de no poder hablar bien en español le permitió recordar la importancia de escuchar. Esto está en sintonía con la propuesta de Amparo.

Abordar el trabajo siendo permeable a la intuición.

Los otros cuerpos, las otras personas, son un mundo que me propone cosas nuevas, múltiples, dijo otro compañero.

Nos hicimos una (auto) pregunta a través de la voz del otre. Escribimos una pregunta y se la dimos a una compañera para que nos la leyera. La otra persona nos leyó ¿nuestra propia? pregunta en cámara muy lenta .

El ultimo día terminó, otra vez entre preguntas, en roda, compartiendo y masticando lento las palabras que salían de nuestros cuerpos-experiencias.

Me sentí en sintonía con la experiencia de la práctica compartida, en sintonía conmigo permitiéndome ser amable y probar cosas nuevas, en sintonía con una conmigo que convive entre los tiempos pasado presente y futuro, en sintonía con quienes participaron de los encuentros y en sintonía con  Amparo, entre sus preguntas y su manera de abordar su propuesta. Haciendo de cada momento una experiencia, en sintonía con el momento presente y  desconocido.

No hay fin.

Todo es parte de la experiencia

Todo teje y compone estados-sentidos

El estado-Los sentidos de estar ahí

Para escuchar cómo sucede

Cómo me va pasando todo lo que me está pasando

Sin embargo, aún no sé.


 

Texto realizado por Luciana Schmit para “Materiales Corrosivos”, seminario coordinado por Amparo Gonzalez, en el marco de la segunda edición del programa de entrenamiento escénico 12/24.

Intuitivo Agite de los Sistemas Sensibles

Comienza la semana número 7 del Festival 12/24. Para mí el Laboratorio número 3, la semana anterior había estado en diálogo con Marie Bardet y Fagner Pavan, y digo en diálogo porque en mi interior las experiencias se interpelaban entre sí. ¿Es el arte y sus practicantes los medios para anticipar nuevas formas de vincularnos, nuevas formas de habitar el mundo? Insistimos en hacer juntos/as y sostener estos espacios como modo de resistencia, comenzamos a nombrar la empatía en un contexto hostil, en una ciudad y época arrebatadora de subjetividades y fanatizada con la “imagen” y la idea de éxito.

Lunes 10 de la mañana, entro a la Fabrica Perú, comienzo a sentir que soy abrazada por este espacio; la empatía hace efecto. Me encuentro con algunas personas que había visto la semana pasada sonreímos por volvernos a encontrar. Nos recibe Amparo, quien también sonríe, su mirada es receptiva. Varias personas se encuentran recostadas sobre el piso, algunos/as estirando, otros/as abrigados aún. Me parece increíble el cambio de escenario: mi casa, la calle, subte línea A  (allí la empatía tiene otros códigos o es casi nula) las cuadras que van del Subte A hacia Perú al 442, todo lo que acontece en el camino, cruzo calle Av. Belgrano y sé que sólo me quedan unos metros para llegar, arribo a la Fabrica, y me encuentro con un escenario completamente distinto, cuerpos disponibles para intervenir una experiencia durante cinco días.

Una planta de pie gigante. Una planta, una planta de, una planta de pie gig-, una planta de pie ggiggante. U-u-u-u-u-u-u-u-u-u-u-u n a pllllllllaaaannnn-t---a-d-e-p-p-p-p-p-p-ii-i-i-e-e-e-e-e gigante. Uuuuuuuuuununnnnnanaaaaa ppplllllaamammmmtttaaa dddeeee pppiiieee  ggiiigggaaannteee.

No sé cómo escribir la vibración o la oscilación, pero acabo de hacer una tentativa. Analogía en la escritura de algo presente en la investigación que Amparo coordinó ante nosotras/os: no cimentar un código sino más bien -mediante una estrategia física- hacer surgir el instante, el presente, lo nuevo. En una de las improvisaciones grupales (derivadas de esta insistencia en las vibraciones) se escuchó decir por parte de Amparo: “La desproporción entre las causas y los efectos, ese fuera de código”.

La planta de los pies es una zona muy sensible ¿Cómo puedo hacer de todo mi cuerpo una gran planta del pie que oscile para no repetirme o reproducir el pasado constantemente en mi danza?

Se escuchó un día en una de las improvisaciones: “El presente es esencialmente sensomotor chicos”. Mathieu Perpoint había tomado el libro “Materia y Memoria” de Bergson y lo leía en voz alta (frase leída previamente a comenzar esa situación de improvisación).

El laboratorio tuvo la característica, en lo personal, de ser habilitador de mantos profundos, nos desfasamos de la piel para desplazarnos e ir más hondo: la musculatura turgente, la carne. Tratando que el pensamiento no se vaya a la estructura ósea o a lo articular, sino desde las cadenas musculares, en la prueba de trabajar en el presente insistiendo en lo físico, fuera de toda idea o ilusión.

Estimular: Hacer que una cosa se active, especialmente un órgano o una función orgánica.

Cada día que pasaba se iba acumulando “tipos de estímulos” para luchar contra la intención unidireccional, que el desfasaje y lo que está fuera de lo obvio, de lo conocido pudiese tomar espacio para improvisar. Podría decir: “según como nombro, vivo”. Decir desfasaje y ver un video de los movimientos de las fascias, decir “agitar” o decir “sostener”, todo implica un tono determinado. Hilando el contexto del Laboratorio, con el planteo de la empatía, la piel, y la totalidad de mi cuerpo, pienso en lo político atravesándolo todo, en que una mirada sobre el cuerpo o un punto de vista sobre el mismo es un mirada política, todo lo que pensamos habita le cuerpo. Entonces ¿cómo democratizar el tono múscular y a su vez percibir lo adecuado a cada momento? Darle espacio a las vísceras, darle lugar en el pensamiento. Ampliar, ensanchar  nuestra propiocepción, es decir la percepción de nosotras/os mismos, es decir de nuestro cuerpo.  ¿Cómo sería el tono de los ojos?

El día jueves la última propuesta del día fue elegir a otra persona y durante diez minutos nos teníamos que mantener mirándonos a los ojos. A mí me tocó con “ella”, quedó en mí memoria su movimiento y sus ojos. Intenté mirarla lo más desenfocada posible, no quería atraparla con mi mirada, estoy practicando esto. Pero no podía dejar de hacerme preguntas ¿Cómo sería su nombre? Sin querer o por alguna sincronía hicimos unos movimientos similares, yo seguía en preguntas. Precisamente luego de estos e intentando no hablar, cada cual tomó un papel y escribía la cantidad de preguntas que quisiera, podían tener que ver con la actividad reciente o con lo que veníamos trabajando durante los otros días. Algunas de ellas fueron:

# ¿Cómo sería vivir en un mundo de “tono compartido”?

# ¿Qué tipo de vínculo emergería de ese tercer espacio?

# ¿Cómo miramos cuando miramos?

En la práctica había un momento estructurado con determinados gestos: flexiones de brazo, saltos y otros que no podría describir en un escrito, pero si describir que el foco estaba en los músculos y en la flexibilización  de los mismos (flexibilización miofascial) y la redistribución de las fuerzas en relación a la gravedad. Que todo mi cuerpo me sostenga, por ejemplo en la posición de “tabla”, que la fuerza no sea sólo de los brazos, mis espalda empujando hacia atrás, mis manos empujando el suelo, la carne de las muñecas, la carne de las axilas, los pliegues, el hueco poplíteo.

El tiempo  de duración en la  improvisación fue aumentando con los días, el último día estuvimos dos horas en este estado. Las “capas” de estímulos fueron sumándose gradualmente a cada encuentro y en cada improvisación; la vibración en el cuerpo del otro, pasando de estar recibiendo a aumentar al 100% la voluntad en el movimiento, luego en grupos de a tres (dos estimulantes y un estimulado/a) el estímulo aquí era desde el deseo personal y lo que pudiésemos percibir y dialogar con esa corporalidad, ya no únicamente desde el generar vibraciones u oscilaciones en el cuerpo de la otra persona. La música como otro elemento-estímulo, las bolsas negras, como el elemento corrosivo, un símil-piel, un objeto que podía mutar de forma y de sentido. Ante esto resuelvo – a modo de conclusión de cosas que sucedían y luego notábamos - una especie de micro-manifiesto a modo de auto consejo: ¡Que nada nos anule un registro global del presente! Ni lo avasallante de la mirada ni lo avasallante de una música.

Luego del agotamiento de la práctica de improvisación, aparentemente estaba “terminando” Amparo nombró la intención de dejar algo “andando”, que algo quedase suspendido, de ahí nos fuimos directamente a escribir una sola pregunta, elegimos a alguien a con quien intercambiarla, el desafío era: leérsela muy lentamente. Léase lo más lento que se pueda: ¿Algo termina?

 

 

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