Lunes, 16 Marzo 2015 21:55

CIUDANZA ¿Sacar la Danza a la calle? desde el 2013 a nuestros días...

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Dossier PARTE 1 // CIUDANZA ¿Sacar la Danza a la calle? (publicado en 2013)

De esto no se habla 2/ NOTA EDITORIAL POR: Aimé Pansera

Junto al equipo editorial decidimos volver a publicar este dossier, que vio la luz inicialmente en 2013, a raíz de las contradicciones y los problemas planteados por el festival municipal de danza en paisajes urbanos, Ciudanza. Ayer, domingo 15 de marzo de 2015, finalizó la última edición de dicho festival y, si bien algunas perlas nos devolvieron por un momento la confianza en las posibilidades estéticas, culturales y sociales que abre el festival (la creación a partir y para un espacio determinado y, fundamentalmente, un primer paso en la creación de nuevos públicos para la danza), otras propuestas así como el planteo general del festival siguen haciendo que las críticas y preguntas que hizo Segunda en 2013 sean cuestionamientos plenamente actuales.

Hoy no publicamos comentarios de las obras vistas en Ciudanza '15. Insistimos en reflexionar sobre el espacio público y su intervención, el site specific como lenguaje artístico con historia y el uso político de un discurso cultural supuestamente accesible para todxs. Buena lectura.

Aimé Pansera

 

PARTE 1. 

A. ¿Cómo hacer Parques con palabras? “Haciendo Buenos Aires” // POR: Georgina San Cristóbal y Laura Benitez

PARTE 2. 

B. Encarnar el lugar. Por una danza site specific // POR: Ayelén Clavin - Eugenia Cadús

C. ¿7.500 personas?, ¿y qué? // POR: Josefina Zuain 


 

IMAGEN DIGITAL, colaboración de Ariel Sch

 

Dossier PARTE 1 // CIUDANZA ¿Sacar la Danza a la calle?

Por: AAVV 

 

De esto no se habla // NOTA EDITORIAL POR: Ana Laura Ossés. 

Este es un Dossier que habla sobre un festival que deja mal parada a la danza y no porque el piso de la plaza que me asignaron para bailar esté torcido, sino porque la obra que allí se baila fue construida para un piso recto. ¿Cómo plantear un evento donde el espacio de lo público trabaje de manera adecuada en relación a sus propias propuestas y consignas convocantes? 

¿Y la curaduría?... Un puesto que no ha cambiado de persona desde el inicio del festival hasta la actualidad ¿no parece un espacio comprado o privatizado? 

Bajo las consignas de este evento ¿pueden los artistas, los bailarines, apropiarse del espacio en la realización de su hacer obra y no sólo ser una parte más del decorado de la ciudad  en donde el único extrañamiento real del espacio es el control para abordarlo? ... Digo, porque a mi me resulta extraño llegar a la plaza y que la Metropolitana me asigne un espacio correcto para poder ver una obra... 

Ciudanza, danza en paisajes urbanos, es un festival que se realiza finalizando el verano en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires desde hace ya 6 años. Tiene una  curaduría basada en una convocatoria “abierta” de la que surge la programación. Esta convocatoria tiene objetivos concretos, sin embargo en la mayoría de las obras que componen la programación no se ven puestos en juego.  Además, en numerosas oportunidades, ya tiempo antes de que se abra la convocatoria,  se rumorea en la comunidad de la danza independiente, y luego se confirman,  algunos de los coreógrafos que participarán del festival... ¿es esto una Convocatoria Abierta? 

Los miembros de Segunda nos encontramos discutiendo todas estas cuestiones. Los textos siguientes ponen en palabras nuestras preocupaciones: el espacio público y su intervención, el site specific como lenguaje artístico con historia y el uso político del discurso cultural supuestamente accesible para todxs. 

Ana Laura Ossés.

  

CONTENIDO:  

PARTE 1. 

A. ¿Cómo hacer Parques con palabras? “Haciendo Buenos Aires” // POR: Georgina San Cristóbal y Laura Benitez 

PARTE 2. 

B. Encarnar el lugar. Por una danza site specific // POR: Ayelén Clavin - Eugenia Cadús 

C. ¿7.500 personas?, ¿y qué? // POR: Josefina Zuain 

 

 

A. ¿Cómo hacer Parques con palabras? “Haciendo Buenos Aires” // POR: Georgina San Cristóbal y Laura Benitez 

En 1955, el filósofo estadounidense John L. Austin (1911-1960) (1), dictó una serie de conferencias en la Universidad de Harvard en las que reflexionaba sobre un tipo de expresiones que más que describir una situación parecían constituir, en sí mismas, una acción. En la primera conferencia que llevaba el título “¿Cómo hacer cosas con palabras?” llamó a dichas expresiones “performativas” o “realizativas”. Y señaló que verbos como “jurar”, “declarar”, “inaugurar”, “prometer”, con sólo decirlos, eran ya una acción. Claro que esta es una teoría lingüística, más bien para apasionados de la lengua, para quienes estudian ávidamente y de cabo a rabo todas las posibilidades de expresión y expansión de cierta cosa que les apasione. Pero no siempre es la pasión la zanahoria que a todos nos guía en los caminos de esta vida, cada quien tiene sus propios intereses. 

Y parece que el gobierno de la Ciudad “hace” Buenos Aires… no sabemos muy bien cómo… o qué hace con Buenos Aires, ya que, lejos de la teoría de los actos de habla de Austin, expresa un discurso casi contrario a la acción que realiza. El concepto de performatividad acuñado por el filósofo para referir la capacidad de algunas expresiones de convertirse en acciones y transformar la realidad no parece aplicable a un gobierno que hace cosas bastante diferentes de las que dice que hace. 

Escudado en un discurso lábil “para todos los vecinos y vecinas de la Ciudad” en el que publicita su esmerada actividad pro- Espacio Público y apañado amorosamente por sus congéneres que se aterrorizan de ciertos “gérmenes” que consideran menos privados que públicos y populares, el Gobierno  de La Ciudad cierra Centros Culturales, enreja parques y demuele Instituciones de Salud Mental con topadoras y balas de goma, tendiendo un supuesto manto de protección e higienismo estéril al arte, la diversidad y la libertad de expresión y circulación en nuestra propia ciudad. Es que Buenos Aires es nuestra. Es de los internados del Borda, de los artistas que tomaron la Sala Alberdi para defenderla de los avatares macristas, es de los vecinos de Parque Centenario, y de las balas de goma, claro, pero en su vaina. El que no se queda, sin embargo (sin- embargos), en su vaina es nuestro jefe de Gobierno que extiende sus alas de bati man sobre todo aquello que no le pertenece. 

La pregunta es ¿Cuál es el Espacio Público? 

Claro que podríamos preguntarnos, en nuestro desconcierto frente a las maniobras de nuestros gobernantes elegidos por nosotros mismos, los ilustres ciudadanos de esta bella e inconmensurable Buenos Aires, ¿de quién es el Espacio Público? Pero dejamos esa pregunta para otra ocasión, más personal, menos conciudadana, y nos ocupamos de la cosa: cuál. Si entendemos que en la oración cuál (de quién) es el Sujeto, parece que es un sujeto bastante desconocido el Señor Espacio Público, es un cual- quiera (quién- quiera), y además de desconocido, intransitado por algunos que luego resulta que lo quieren domar al tal Cuál. También podríamos preguntarnos ¿hasta dónde llega el Espacio Público? ¿Llega hasta el parque de mi barrio? Tal vez. Si ese parque y ese barrio están aún en la lista de “pendientes” por enrejar. Ya llegará la tortuga... 

 Los acontecimientos ocurridos este  verano en  Parque Centenario y  la Sala Alberdi son sólo algunos de los ejemplos de la inconsistencia de una gestión en la que lo público deja de ser accesible. Las  medidas adoptadas por el Ministerio de Espacio Público de cercar (y no acercar; a- cercar) los parques y plazas de la Ciudad plantean un uso básicamente restrictivo del espacio de lo público. 

Y en esta necesidad de cercanía, de apertura y pluralidad de acción y acato, dichas medidas nos plantean ciertas contradicciones a la hora de pensar los espacios como públicos, como accesibles a todos. Entonces, intentando hacer cosas con palabras, a ver si bajo la guía lingüística del tal Austin conseguimos hacer realidad el concepto de Espacio Público, investigamos y exponemos el significado de la palabra “público” según Wikipedia (2): 

•El servicio público, el conjunto de prestaciones reservadas en cada Estado a la órbita de las administraciones públicas y que tienen como finalidad ayudar a las personas que lo necesiten. 

•El dominio público, conjunto de bienes y derechos de titularidad pública destinados al uso público. 

•El espacio público, lugar donde cualquier persona tiene el derecho de circular. 

Pero claro, del dicho al hecho hay, algunas veces, un larguísimo trecho. Enrejado en el caso de los parques. Y muy pautado, higienizado y casi estandarizado en sus condiciones de uso en el caso de esta gestión. 

Ahora las plazas están limpias, “los vecinos” contentos y las noches son más seguras porque no se puede entrar a los parques… Ah! ¿Entendieron? La paradoja que nos desconcierta ocurre entre la vivencia y la norma, entre la promesa de un “para todos” y la realidad (bastante poco performativa) de un tiempo-espacio público regularizado en exceso y pautado en su uso y posibilidad de disfrute. Entonces, como en un juego de cajas chinas, las personas se meten adentro de su Parque enrejado; los perros no pueden estar fuera de su microenrejado- mundo- canil, y sus hocicos deben estar dentro de sus bozales; los cuerpos humanos dentro de sus remeras (aún en verano); las bicicletas quedan afuera de la reja, así como los vendedores ambulantes dentro sus puestos prolijamente igualados de amarillo-ciudad; los policías fosforescentes, claro, ¡adentro!. Y todos contentos… 

De esta manera, el Espacio Público se resignifica en las parejas de contrastes  “dentro- fuera”, “abierto- cerrado” con que aprenden las nociones básicas los niños en Nivel Inicial, y seguramente podríamos encontrar en esta estructura minimalista y dual, muchas parejas más. 

Aunque parejas lingüísticas, porque parejas reales no. Parejas reales dentro de los parques sólo de ciertas maneras. Porque además de la cuestión de la accesibilidad que imponen las rejas, limitando el tiempo y el espacio del uso del parque, reglando el horario de ingreso y egreso a las plazas, se plantea el problema del modo en que los parques deben usarse. Luego de los deleznables actos de violencia represiva en la manifestación vecinal que expresaba su desacuerdo con el enrejado del Centenario, pero antes de la represión con balas de goma a los internados del Borda, entre medio, en el tiempo del medio, ocurre un hecho (otro) escandaloso, capaz de hacerle caer la bombacha hasta a la abuela más liberal. Una pareja es acusada de inmoral por la policía que cuida los buenos usos y costumbres dentro (ya instaladas las rejas) del parque; sí, el mismo Parque Centenario, que sabe ya más por viejo que por diablo. Cuenta el mito urbano (y ratifica el video de Youtube) (3) que unos novios semiadolescentes, enredados sus cuerpos sin poder decir a simple vista cuál cuerpo era de quién, se besaban en el parque. Una policía se acercó y les pidió que se separaran. Y parece que argumentó que ese espectáculo no era apto para ocurrir en el Espacio Público en presencia de niños. Pero… ¿cómo? ¿La organización del parque no estaba acaso signada por la dualidad de las parejas de contrastes que aprendemos en jardín de Infantes? Parece que a los infantes (y no sólo a ellos) no les gustan ni los besos ni los abrazos. Y menos si es en público. 

Al día siguiente (si hacemos buen uso del tiempo y del recuerdo) un colectivo vecinal convocó a una “besuqueada” masiva en la que parejas de todo tipo, tamaño, lengua, raza y color se reunieron en el dicho Centenario Sabio a besarse. “Para todos los vecinos y vecinas de la Ciudad”. Eso sí que debe haber sido una Performance digna de verse, y se debe haber sentido mucho mejor que las balas de goma. 

Dentro de este marco… Ciudanza. 

Si de Performtividad hablamos (o performamos),  per- formamos realidades dancísticas en el pasado Marzo ardiente de la Ciudad de Buenos Aires y caemos (tal vez recaemos) en el festival Ciudanza dentro del marco de los Festivales de Buenos Aires dentro del marco de la Agenda Cultural de la Ciudad llevada a cabo  (o a rabo) por el Gobierno de CABA.  “Ciudanza nos invita a comprender y vivir nuestra ciudad de un modo diferente”, cita la página oficial del festival. “Partiendo de la danza como disciplina principal y la ciudad como escenario, este proyecto invita al público a vivir una experiencia de intervención artística en los paisajes urbanos de Buenos Aires, redescubriendo de este modo los espacios verdes...” (4) 

Podríamos aseverar que este festival promueve el redescubrimiento de una ciudad enrejada que hará las veces de escenario para los artistas ávidos de expresión libre. Sitúa las obras de danza, paradójica y contradictoriamente, en el Espacio Público, en ese mismo Espacio Público de los parques y plazas que tienen rejas o están por tenerlas; abogando por una expansión de experiencias novedosas, “que muestran la diversidad cultural, la convivencia de diferentes lenguajes de movimiento…” Sí, de movimiento puede ser, pero parece que sólo de ese lenguaje la convivencia. Y ni siquiera estamos seguros de tal diversidad a la hora de evaluar los resultados de las convocatorias abiertas. 

Por otra parte, la elección de los escenarios no es ingenua, tiene que ver precisamente con espacios que  son valorizados por este gobierno Pro -como el Parque Las Heras o la Plaza San Martin- o aquellos como el Parque Patricios que, habiendo solido ser menos pro (no sabemos tampoco muy bien “pro qué”) buscan ser revalorizados como parte de la política publica del Gobierno de la Ciudad de extender su presencia a zonas normalmente excluidas, como lo es la parte sur de Buenos Aires. 

Y retomando los significados que nos brinda la enciclopedia libre y virtual, nos había quedado en el tintero una acepción de la palabra público: 

El público, el conjunto de los espectadores.

¿Cómo vive el conjunto de los espectadores el festival público Ciudanza? Ya que la realización de las obras de danza implica la clausura momentánea de esos mismos espacios, lo cual restringe su uso y disfrute por parte de los vecinos que normalmente acuden allí. Entonces, en tiempos de ensayo en las plazas, los niños no pueden jugar en el arenero, que además está vigilado por la metropolitana fosforescente (pero ¿cómo?, ¿no era acaso la convivencia de la Danza y la ciudad?) Sin nombrar que, siguiendo la pornográfica conducta de los besantes del Centenario, también está prohibido vestirse y desvestirse en los parques, pero los artistas tienen que cambiar su vestuario, y no hay baños públicos siempre disponibles… y los niños miran… y las madres rugen, y la policía toca el pito (silbato) y… Y ya nos cansamos en la enumeración. Tal parece que la convivencia de disímiles no es muy Pro. Asimismo se nos hace agua entonces el destino final (o primero) de la convocatoria, ya que la dicha y propuesta intervención urbana tendría sus variados límites, sus uniformados, sus reglas, sus vigilancias, sus… rejas. 

Así que reafirmamos el espíritu vigilante con pautas acerca de cómo y en qué momento la gente común, el público, los vecinos y vecinas de la ciudad, pueden disfrutar de sus parques en el transcurso de las semanas de ensayos y puestas en escena durante el festival. 

Ciudanza pasa entonces a formar parte de una política restrictiva pero con maquillaje de pública, ya que, claro, los paseantes están contentos (si no fueron justo los mismos que vieron semidesnudo al bailarín en un intervalo, o tal vez igual de contentos, vaya uno a saber), la ciudad se lava la cara y se refresca en el agua de sus fuentes dancísticas por unos memorables días de Danza y Espectáculo. Y eso a todos nos gusta que ocurra. Y queremos (que quede claro) QUEREMOS que existan momentos de Danza como intervención urbana en Buenos Aires, ¡sí! Queremos la convivencia entre el arte y la ciudad, ¡claro! Simplemente nos preguntamos acerca del cómo, el cuál, el quién, el cuándo… la manera de la cosa, Y concluimos que buena parte de la organización, producción y realización de este paseandeo dancístico anual de fines de verano parece cuadrar en la  Propolitica. Ciudanza, entonces, acaba restringiendo y privatizando (increíblemente, casi incrédulamente) a favor de… ¡los artistas! esta vez, la ciudad por unas semanas.

 

Notas: 

(1) Austin, J. L.Cómo hacer cosas con palabras. Paidós estudio, Barcelona: 1982. 

(2) Enciclopedia virtual autodefinida como un esfuerzo colaborativo por crear una enciclopedia gratis, libre y accesible a todos. Permite que cualquier persona revise, escriba, edite libremente y solicite artículos de su interés. 

(3) Besos Libres- Parque Abierto. Parque Centenario 17/03/2013 http://www.youtube.com/watch?v=16tDainkG3g&feature=youtu.be 

(4) http://festivales.buenosaires.gob.ar/ciudanza/home13/es/about/index.html 

 

Links de posible interés: 

http://www.goear.com/listen/fb51686/jonathan-thea-el-gleyzer 

http://festivales.buenosaires.gob.ar/ciudanza/home13/es/about/index.html 

http://www.facebook.com/parque.paratodosjavascript:mctmp(0); 

http://www.facebook.com/parquesinrejas 


 

 

IMAGEN DIGITAL, colaboración de Ariel Sch

 

Dossier PARTE 2 // CIUDANZA ¿Sacar la Danza a la calle?

Por: AAVV 

 

B. Encarnar el lugar. Por una danza site specific // POR: Ayelén Clavin - Eugenia Cadús 

A partir del año 2009, asistimos en la ciudad de Buenos Aires a un festival de particulares características: Ciudanza. El mismo se define en su web oficial de la siguiente manera: “Ciudanza nos invita a comprender y vivir nuestra ciudad de un modo diferente. Partiendo de la danza como disciplina principal y la ciudad como escenario, este proyecto invita al público a vivir una experiencia de intervención artística en los paisajes urbanos de Buenos Aires, redescubriendo de este modo los espacios verdes y el patrimonio arquitectónico de Buenos Aires. Los escenarios son a cielo abierto y en cada uno de ellos se generan situaciones y experiencias novedosas, que muestran la diversidad cultural, la convivencia de diferentes lenguajes del movimiento y la creatividad entre la danza y las construcciones urbanas.” 

Entonces nos preguntamos ¿cumplen las obras que se presentan estos objetivos? ¿existe realmente un diálogo entre el lenguaje de movimiento y los diferentes “sitios”? ¿hay redescubrimiento y resignificación de los lugares utilizados o funcionan simplemente como un escenario a cielo abierto? 

Proponemos, para comenzar, atender a una distinción que puede sernos de utilidad para repensar la propuesta de Ciudanza como festival, tanto respecto a las obras como a los talleres. Nos referimos a la diferencia entre “lugar” y “sitio” enunciada por Tonia Raquejo[1] a propósito del land-art[2]. Lugar hace referencia al espacio/entorno/contorno, lugar físico, geográfico, el recinto o ámbito tal y como es. Hablar de sitio supone ocupar ese lugar advirtiendo o proponiendo una lógica específica. En palabras de esta pensadora española, “la palabra sitio presupone un espacio donde se ha establecido un orden previo (pongo “las cosas en su sitio”), siendo, por tanto, más determinado y definido que el lugar, que tiene un sentido más directo con el entorno. (…) el lugar se constituye, mientras el sitio se ocupa, se cubre, se envuelve”. En este sentido, se define el arte denominado “site specific”, y de este modo creemos que deberían abordarse los trabajos del festival. En el arte “site specific” la obra y su contexto son inseparables, no tienen identidad propia por separado ya que la obra es creada en y para determinado sitio, teniendo que ser apreciada sólo en dicho contexto. Una obra de danza “site specific” ontológicamente no podría realizarse en otro lugar. Sin embargo y lamentablemente, esto no es lo que sucede. Por el contrario, asistimos a reposiciones de obras, ensayos en salones cuya coreografía es luego implantada en el espacio urbano, uso de “cuarta pared” y múltiples utilizaciones del espacio que no se condicen en absoluto con la propuesta del festival. 

Nos cuestionamos sobre los espacios propuestos por el festival y si éstos son realmente trabajados como sitio, en los términos acordados en el párrafo anterior, o de qué modo fueron comprendidos como espacios concretos con sus particularidades arquitectónicas y sus propias lógicas de comportamiento y de acceso, previas a que el coreógrafo trabaje con esos lugares. Nos preguntamos si la Plaza San Martín, las Barrancas de Belgrano, el Parque de los Patricios, la Plaza Miserere, la Plaza Las Heras, etc. se impusieron, en cada caso, con su voz de cemento y pasto, o si lo que se impuso fueron ideas preconcebidas -cuando no, obras preconcebidas, y presentadas ahora como reposiciones-. ¿Cómo funciona este diálogo entre creador y espacio? ¿Fueron los lugares propuestos, habitados, “sitiados” en el sentido de “transformados en sitio”, gracias a la lógica ofrecida por los coreógrafos al encontrarse con esos espacios especiales? ¿O se pone la obra en el parque, tal y como se la construye y ensaya en la sala de ensayos, privilegiando un frente o punto de vista del espectador -perspectiva que, en caso de ser desobedecida, perjudica la recepción de la obra-? 

A nuestro modo de ver, la idea misma de “reposición” entraría en conflicto con la definición de Ciudanza -y más extensivamente, con los objetivos de los demás festivales que integran la red internacional Ciudades que Danzan CQD-. Si bien es cuestionable, o al menos difícil, establecer si el material de tal o cual obra, las decisiones en relación al espacio, el accionar de los performers, dialoga o no con la particularidad del escenario urbano en cuestión, nuestra inquietud tiene foco en si una obra pensada anteriormente, por ejemplo para una sala teatral convencional y repuesta para Ciudanza, no trastoca o incomoda la propuesta de este festival desde sus premisas y condiciones; o si da lugar al menos a más preguntas acerca de qué-es-Ciudanza. Sobre lo que aquí discutimos es sobre el hecho, en términos generales, de que en Ciudanza se incluyan reposiciones. Esto, si tenemos en cuenta que quien se refiera a este festival, se refiere a un evento que “produce, por medio de la danza, un cambio significativo en el modo de generar acciones creadoras de valor en el patrimonio paisajístico y arquitectónico de nuestra ciudad”. 

De hecho, y para ir más lejos, no sólo creemos que no debería haber reposiciones, sino que en los trabajos que se propongan, debería estar cuestionada la concepción de “obra cerrada”. En el arte “site specific”, existe el predominio del carácter procesual, además de la exigencia de un espectador cuya participación no sea meramente pasiva-contemplativa sino, por el contrario, activa-especulativa. De este modo, mientras una reposición reafirma la idea de obra cerrada, así como de contemplación, distancia y conservación, una obra “site specific” resalta las concepciones opuestas: obra de arte abierta, intervención, cercanía e inasibilidad. 

Además, dichas características, no son así por casualidad. Este tipo de manifestaciones artísticas aparecieron, a mediados de los años ‘60, como una respuesta al consumismo del arte, a la sociedad de consumo y al fetichismo del objeto-arte, proponiendo que se pueden comerciar objetos artísticos, pero no se puede comerciar la experiencia ni vender las sensaciones. Es decir, que las Obras presentadas en Ciudanza -no performances ni intervenciones, ya que como dijimos anteriormente, no se están cuestionando los pilares básicos de la concepción de Obra de Arte-, estarían además relegando los fundamentos ético-estético-políticos de estas manifestaciones artísticas. 

Entonces ¿qué debería ser/hacer una danza “site specific”? Parafraseando a Raquejo, y a modo de cierre, este tipo de manifestación artística debe espaciar, encarnar el lugar, abrir el juego con la mirada para que -como indicó Heidegger en su ensayo “El arte y el espacio”- se desoculte, se trata de un estar que genera un ser, donde el lugar es el escenario de este acontecer.

 

NOTAS 

[1] Tonia Raquejo es profesora Titular de Teoría e Historia del Arte Contemporáneo en Universidad Complutense de Madrid. 

[2] Aunque en esta ocasión no nos referimos especialmente al land-art, consideramos que las reflexiones sobre este movimiento, en tanto operación de arte site-specific, nos sirve para pensar la danza (el arte) construida en función de un espacio físico concreto que es leído, escuchado, omprendido como un texto. 

 

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C. ¿7.500 personas?, ¿y qué? // POR: Josefina Zuain 

Hacer público es en su sentido propio dar a conocer públicamente, es un acto de significación colectiva. Una publicación lo anunció hace ya dos años atrás: “Hasta el 10 de diciembre se encuentra abierta la convocatoria a coreógrafos y grupos de danza para participar de la 4° edición de "Ciudanza, Danza en Paisajes Urbanos de Buenos Aires", que se realizará los días 5, 6, 11 y 12 de marzo de 2011 en Plaza Miserere, Plaza San Martín de Tours y plazoleta que circunda el monumento a Carlos de Alvear y en el Parque de la Memoria”. 

El espacio público utilizado como escenario para el desarrollo de discursos que se orientan a la creación de nuevos públicos (los cuales son entendidos como supuestamente necesarios para el mejor desarrollo de diferentes sectores, entre ellos, el artístico) se basa en estrategias de publicidad. Pero, son estas mismas estrategias las que encierran el objetivo real de Hacer Público, en el sentido de que lo que se hace público es la publicidad misma de que tal o cual evento se está llevando a cabo y no la práctica que, en teoría, es respaldada, promovida y fomentada con la organización de dicho evento. 

Continuando con una revisión de nuestra enciclopedia libre y gratuita, podemos ver que “La publicidad es una forma de comunicación comercial que intenta incrementar el consumo de un producto o servicio a través de los medios de comunicación y de técnicas de propaganda”, es decir, es una forma de comunicar que se construye “A través de la investigación, el análisis y estudio de numerosas disciplinas, tales como la psicología, la neuroeconomía, la sociología, la antropología, la estadística, y la economía, que son halladas en el estudio de mercado”, para poder desarrollar un mensaje adecuado a un público ávido de cumplir los deseos de un vendedor. La publicidad funciona como un dar a conocer que algo sucede, es un catalizador de deseos de la sociedad. 

De esta manera, entonces, a través de las estrategias publicitarias básicas (gráfica, discursos, web y, sobre todo una convocatoria abierta que estimula el deseo de participación de los diferentes sectores especializados), la Danza en Paisajes Urbanos, toma forma de Ciudanza y en la ciudad de Buenos Aires le pertenece al Gobierno de la Ciudad, y, en el mundo, le pertenece a una Red Internacional de Artistas conocida como Ciudades Que Danzan, la cual le pertenece,a su vez, a un tal Juan Eduardo López. 

La Danza se ve reinsertada en espacios públicos para hacer pública una política de gestión cultural, en donde, la cultura funciona como un recurso capaz de activar flujos económicos sustentados principalmente en el turismo y el espectáculo. Entonces, esa plaza que alguien habita de manera cotidiana, se ve invadida por la danza y esa persona que habita la plaza es obligada a alterar su propio uso del espacio público porque las decisiones se toman en los estratos superiores de poder y es desde allí que al simple ciudadano se le establece que: - Disculpe... pero qué suerte tiene usted!! este fin de semana la plaza le pertenece a la Danza. 

Y esto es parte de una publicidad más, porque si hay algo escurridizo es la existencia concreta y objetivable de la danza en sí (una danza que “sale a la calle”, “interviene el espacio público”, “valoriza el patrimonio artquitectónico” y hace otras actividades más, que quizás no tengan que ver específicamente con ella... pobrecita, cuánto se le pide a la niña bonita!). 

Además, sumésmole a esta intrincada situación, el hecho de que este festival se caracteriza por tener una convocatoria abierta que no entrega números en bandeja de entrada y además no devuelve el material que recibe, lo que nos habla a las claras de una política de gestión de la información muy poco pública, por cierto.  Y volvamos a hablar acerca de  los rumores que meses previos al cierre de la convocatoria ya nos anuncian la participación de determinados artistas, algunos de los cuales, puedo dar fé de que ni habían barajado la posibilidad de participar del evento. Si la convocatoria abierta es parte de esta gran masa publicitaria, es evidente que no será su buen funcionamiento lo que determine la calidad del evento, sino, su capacidad de abarcar masivamente, de tentar a potenciales participantes del festival, que luego, por no ser intérpretes, se convierten en público ávido de consumir las obras elegidas por el evento. Me interesa aclarar que, en principio, entiendo que el buen funcionamiento de una convocatoria abierta es una cuestión de gestión, se basa en una evaluación responsable de proyectos, y en una comunicación pública y abierta de participantes, selecciones y jurados, realmente creo que un evento organizado por el Gobierno de la Ciudad, si no devuelve el material, debiera hacer un archivo público y de consulta abierta, si fuera de de otro modo, insisto, debiera devolverlo) 

En el marco de su convocatoria abierta Ciudanza (la ciudad objetivada gracias a la presencia de la danza) indica: “Los grupos deberán proponer una obra coreográfica específica en alguno de estos espacios urbanos. La misma deberá adaptarse al escenario elegido tomando en cuenta las particularidades arquitectónicas de cada espacio, tales como escalinatas, barrancas, bancos, pérgolas y explanadas, entre otras”, pauta que podríamos poner en duda cuando todos nosotros (los que miramos y pensamos la danza, bailamos, ofrecemos y estudiamos la danza, respetamos y somos la danza) sabemos que lo que sucede en este festival es que, en un gran porcentaje, se reponen obras que fueron creadas para escenarios a la italiana y además, se recrea, en la organización concreta de los días de función un funcionamiento de espectación precisamente tipo caja, lo que destruye el diálogo espontáneo que el espacio público demanda para poder permanecer ontológicamente como tal. ¿Es necesario nombrar ejemplos concretos?.... 

Lo que si me parece necesario reconocer es que existen casos que contradicen esta regla que acabo de anunciar, y que, entonces hablo de una tendencia (fuerte) y no una ley. Y es que no todos somos iguales. 

Según Ciudanza declara en su página web (ella) “nos invita a comprender y vivir nuestra ciudad de un modo diferente”, afirmación con la que estamos definitivamente de acuerdo afirmándonos en la alteración general del espacio público que nos propone el festival, durante los “ensayos” (palabra que ya nos trae problemas) y durante las “funciones” (suceso que también hace alarde de la contradicción conceptual ya señalada en este Dossier más de una vez). “Partiendo de la danza como disciplina principal y la ciudad como escenario, este proyecto invita al público a vivir una experiencia de intervención artística en los paisajes urbanos de Buenos Aires”, intervención apoyada por equipos de seguridad, la metropolitana y varios dispositivos de visibilización como la publicidad y la técnica que disfraza a la plaza de otra cosa, otra plaza, otro modo de ser espacio y, sobre todo, un modo de dejar de ser espacio público por un rato. 

“Los escenarios son a cielo abierto y en cada uno de ellos se generan situaciones y experiencias novedosas, que muestan la diversidad cultural, la convivencia de diferentes lenguajes del movimiento y la creatividad entre la danza y las construcciones urbanas”, ahora si, me llené de dudas, ¿cuál es el valor de la novedad?, ¿cuál es el valor de la diversidad cultural y la creatividad?, ¿qué son las construcciones urbanas?, ¿por qué el gobierno, que se encarga de interferir dinámicamente para evitar que todos hagamos uso libre del espacio público, se encarga de organizar un festival que parece promover ideologías contrarias a dicha postura, es acaso un paliativo?, ¿placebos? 

El festival Ciudanza, asimismo, pertenece a un circuito supuestamente mayor, conocido como Ciudades Que Danzan: “una red internacional de festivales de danza contemporánea que se programan en espacios urbanos, que también se organiza en Europa y América Latina, en lugares tales como Barcelona, Lisboa, Dro-Trento, Bologna, Londres y La Habana, entre otros”. Disculpeme mi querido lector, pero esto suena a mucho y, verdaderamente, no es nada... ¿Qué beneficios reales tiene para un festival el pertenecer a esta red?, ¿se articulan presupuestos y estrategias de financiamiento entre los diferentes festivales?, ¿circulan información, arman archivo conjunto, debaten acerca de las experiencias que se llevan a cabo en cada festival?, ¿se apoyan mutuamente en la difusión?. Estas dudas no serán evacuadas por más veces que uno husmee en la página web de esta enorme red. 

¿O es que se trata de una marca registrada y la posibilidad de bailar en el espacio urbano le pertenece a quien tiene una patente?. En fin las preguntas son millones, pero quiero destacar que en la web de Ciudades Que Danzan, nuestro festival, tiene dos likes, un google+ sin ningún click y cero tweets... http://www.cqd.info/index.php/es/component/k2/item/33-ciudanza, una situación envidiable si se lo compara con otros festivales que ni un like han recibido aún. Y, dado que, “El objetivo principal de la red es la creación de un sistema dinámico de cooperación, coordinación e intercambio entre los miembros. La red favorece la cooperación entre los países, creando un acuerdo común de difusión artística en diferentes lenguajes y culturas”, podríamos estar llegando a la conclusión de que no se estarían cumpliendo los objetivos básicos de este espacio de gestión ¿verdad?. 

La misión de esta red es “fomentar la danza en los espacios públicos”, objetivo noble, claro, pero que realmente considero que debería ser problematizado, porque la transformación social no puede ser una imposición, así funcionan las dictaduras (transformaciones sociales por excelencia) y, cuando al arte es colocado por la política en el lugar jerárquicamente destacado para llevar a cabo objetivos tan siniestros como la “democratización de la cultura” y la defensa de la “apropiación del espacio público como espacio de la comunidad y de expresión individual”, siniestros porque son enmascarados en el marco de un gran espectáculo financiado por el Gobierno de la Ciudad, el encargado de limitar constantemente nuestra capacidad de uso del espacio público, nuestro espacio. 

En definitiva, quizás la conclusión sea que Ciudanza como festival y Ciudades que Danzan como idea, son gestiones culturales que colocan en manos de la política la significación del espacio público, y esto es pervertir el funcionamiento del mismo, porque el espacio público es, en verdad, tarea de todos, tarea diaria, acción cotidiana y, ante todo, acción colectiva y espontánea.  

Terminemos esta historia con una gran línea publicitaria: “En total, durante las cuatro jornadas vividas en Ciudanza desde el jueves 14 y hasta el domingo 17 en Parque Las Heras, Plaza San Martín y Parque Patricios, concurrieron 7.500 personas a presenciar los distintos recorridos que incluían obras y talleres que presentó esta edición". ¿7.500 personas?, ¿y qué?.

 

 

 

AA.VV.

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  • PENSAR EL PÚBLICO DE LA DANZA CONTEMPORÁNEA* +

    ¿Que relación tienen los creadores de danza contemporánea con su público? ¿Existe alguna barrera entre los públicos y la danza Leer más
  • OBRAS DESMESURADAS. SI CORREMOS EL VELO ¿QUE HAY? +

    La Historia del Arte, los análisis de diferentes Épocas y las obras de distintos artistas me llevaron a detener mi Leer más
  • Entre la práctica, la poesía y la reflexión pedagógica +

    Asymmetrical-Motion. Notas sobre pedagogía y movimiento, de Lucas Condró y Pablo Messiez. Editorial Con Tinta Me Tienes, 2016. Asymmetrical-Motion, segunda Leer más
  • La danza de la confianza +

    Parte de la política feminista es hacer ver que en la cultura en que vivimos hoy, que el cuerpo es Leer más
  • Naturaleza de la fuerza en el cuerpo y la danza +

    Reseña, reflexión de la autora con motivo de la reimpresión del libro 2017. Recién ahora, luego de la primera edición Leer más
  • Cuerpxs Inquietxs. Encuentros en movimiento. +

    Hace un mes me invitaron a participar de un ciclo de conversaciones llamado “Cuerpxs Inquietxs”. Realizado por el grupo Bailarinxs Leer más
  • HUMANIDAD +

    Humanidad, de Eugenia Estévez y Paula Almirón, nació dentro del ciclo “Bocetados” en agosto de 2014 en el espacio Café Leer más
  • Proceso creativo VENTANAS +

    Aproximadamente a mitad de este año fui convocada a dirigir en el marco de una residencia de danza propuesta por Leer más
  • Resonancias de lo íntimo +

    Siempre llevo una libretita de notas en mi mochila para anotar algún hallazgo sobre un tema que esté investigando, o Leer más
  • Conversaciones en Territorios +

    Tango Crítico es un colectivo que vincula la danza de tango social con el soporte metodológico de la educación popular. Leer más
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