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Martes, 21 Abril 2020 20:58

Tu barbijo y el miedo no son nuevas fronteras

Escrito por Caterina Mora y Luca Truyar

Luca en texto/audio “original” en idioma francés, link: https://podcasts.apple.com/be/podcast/adil/id1504532116?i=1000471342839

Caterina en traducción e intromisión en castellano.

 

Adil.

Soy profesor de francés y Adil era uno de mis estudiantes. Fue atropellado por la policía el 11 de abril de 2020. 

Adil, de 19 años, en moto, no tenía seguro, parece ser que sí tenía casco. Anderlecht en Bruselas. En Bélgica la cuarentena admite salidas. Estaba con su amigo. Salieron huyendo, separados. En la carrera el patrullero llamó a otro patrullero. Adil murió inmediatamente en el impacto con este segundo patrullero que vino de frente y se le cruzó en el camino. 

A 30 días de confinamiento, este diario es demasiado largo y demasiado educado/vigilado.

El texto en cursiva es mi traducción al castellano de Luca Truyar, con quien estoy unida emocionalmente hace unos cuatro o cinco años. Luca trabaja en una escuela que en Bruselas llaman “especializada”, para chiques con “problemas de comportamiento”.

Salí de mi confinamiento al enterarme de su muerte. No hay confinamiento posible, ni siquiera anti-confinamiento. Se acabó el recreo, sonó la campana, su cuerpo está en el pavimento y este diario termina. 

Desde que empezó la cuarentena, Luca escribió y grabó todos los días un podcast/diario del “anti-confinamiento” en francés. El diario de Luca le contesta a otro diario, el del director del Teatro de la Colline en París, Wajdi Mouawad. En un ejercicio diario de intento decolonial, Luca se posiciona en contra de la romantización de la cuarentena.

Epílogo. 

Esta es la traducción del último episodio, número 30. 

Puedo ensayar epilogar en varios sentidos, hacerlo pasar por un accidente, encontrar excusas, con o sin casco, confinado o no, huída o cazería policial. Conocemos lo que sigue, el resultado es el mismo y es parecido en todas partes: un pibe murió por miedo. Lo mató la policía pagada para protegerte. 

No quiero describirlo para alimentar lo macabro ni el sentimentalismo. Sí, tenía una gran sonrisa y los ojos de la risa. Tenía ojos de chico de 19 años, carajo. Ni tengo ganas de elegir un bando ni de encontrar explicaciones ni de denunciar un sistema de opresión ni de responder a los neo-coloniales.

Soy en segunda voz. 

Silencio, ganas de guardar silencio. Duelo, imposible, entierro, imposible. Ganas de agujerear el confinamiento, de andar gritando como Adil en moto. 

No hay teatro ni arte. En algún momento Segunda Cuadernos de danza se convirtió en un espacio para hablar de algo muy doloroso que acontece en lo real. 

Detrás del barbijo, callado, no olvido. La rabia se conserva, queda seca, no se acaba.

El miedo es de todos si. Y también es una cuestión de “raza”, género y clase.  

El confinamiento es un lujo que podés permitirte si no te falta guita.  Los metiches tienen el lujo de ser ignorantes e inocentes. ¿Cuántos escriben desde sus segundas casas? ¿Rompieron el confinamiento para tomar un poco de aire? 

Traduzco a Lucas por dolor, por rabia, por angustia. Traduzco por muches bocones diciendo: “estos árabes que no respetan la cuarentena”. 

Se han desplazado las fronteras.

Traduzco por lo intraducible que refiere al horror de eso que llamamos “discriminación”. 

De las costas de Pinamar a tu domicilio privado.

Traduzco por miedo a que se repliquen estos “casos”.

Tu epidermis es la nueva frontera, Palermo te explota en la cara. Tu barbijo es la nueva frontera. Frontex, new border. 

Traduzco porque me han dicho: “si, de estos casos se esperan miles“.

Tu policía protege tu aire, es lo único que te queda, el espacio entre tu máscara y tu boca que expulsa el aire rancio de tu resentimiento.

¿En qué momento se naturalizó que un caso así es predecible? ¿Desde siempre?  ¿Desde cuándo siempre? ¿Acaso los “casos particulares” son socialmente “esperables”? ¿En qué curva entran?

Manos al aire, no temas, no te guardo rencor. Sácate la careta, bájate el barbijo, abajo las fronteras. 

El mito del salvaje y del civilizado reproducido a escala intracomunitaria. Disturbios y caos del inmediato día siguiente.

Si, la gente salió a la calle a romper todo.

La oportunidad era demasiado buena para poner en escena a la lacra del sistema y distanciarse de ella.

Cambio poesía por prosa, intercambio palabras y lugares.  

No, no vamos a responder. No vamos a devolver el golpe, sólo lo vamos a recibir. Mantendremos la rabia en la panza de este lado de la calle, servirá a su debido tiempo. De otro lado de la vereda, no del lado de la ira, ni de la policía, ni de los que odian. Del otro lado. Contamos la plata. No damos importancia a los khenez, no me entendés? Es lo que buscamos khene, prensado malo cortado con henna. De otro lado de la calle, del lado de la miseria, no en el mismo territorio, te cruzamos, te medimos, nos ponemos la capucha y rajamos. 

Traduzco porque me lo pidió Luca.

Las apariencias engañan y el Estado nos ha engañado hace mucho tiempo. Nosotros sabemos que somos del lado de la vida, de los que ríen e hicieron sonreír a Adil, Adama, Amine y Samir. La lista es larga, como Adil son miles, cada uno es único, por debajo de los velos, ideas tienen miles. A Adil no le enseñé nada, él ya sabía todo de la alegría, del odio, y del desprecio.

Traduzco porque es lo único que puedo hacer ante la impotencia. 

Y por último, en las redes pasan yo soy Adil. Bueno, yo no soy Adil. Soy el arma robada a la policía descargando en el aire, un grito de desesperación cuando deberías mantenerte callado, confinado.

Traduzco por amor.

No soy Adil, sé demasiado bien dónde está, se fue demasiado pronto y descansa en paz. 

Suena PNL, sé por Luca que a Adil le gustaba este grupo. Llorar o pegar al aire o gritar o sin respirar o atra/vesar este momento donde parece que lo binario se come todo. Culpable, inocente. Los que provocan miedo, los que tienen miedo. Los que huyen, los que persiguen. Vida, sin vida. 

Yo no soy Adil. Él era hermoso, poderoso y con ojos de fuego. 

Vida. Sí. Vida. 

Allah y rhamo (que Allah (Dios) tenga piedad de él, en árabe, en su lengua materna).

Adil era unos ojos de niño sonriendo. 

 

Medios

https://www.youtube.com/watch?v=xTm47KDv0QY

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