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Domingo, 27 Septiembre 2020 15:15

Por fuera del Cenital

Escrito por Rocio Laria

Quiero contarles sobre ese “otro lado” del Ballet. Es que hay todo un universo, el universo de lo que se va depositando, el universo del esfuerzo supremo, de las mutaciones y desequilibrios econo-emocionales. Es el mundo donde me muevo y por el cual transito desde que okupé una parcela en los terrenos del Ballet.

Como en todo ecosistema, la diversidad viste de gala por estos lados, y es lo divertido y lo que en verdad permite cuajar las redes de solidaridad y amistad en este mundillo bravo de luces y sombras.

Cuando hablo aquí de amateuríes, es el nombre que le doy a nuestra especie. Sin ánimo de ofender a nadie, hablo de increíbles mujeres y hombres con son y tesón de corazón, que bailan danza clásica.

Existen tantos motivos como bailarines, de porqué y cómo es que elegimos estar paradxs tomando una barra, antes que sentarnos en una barra a tomar. Lo cierto es que las circunstancias en las que este fenómeno se desarrolla son siempre disímiles. Conozco varixs bailarines que llegaron a la ciudad desde pequeños pueblos del “interior”. Pueblos en los que se contaba con buenos o no tan buenos profesorxs de danza, pero seguro no más que dos. Dichos profesores, los únicos que acondicionaron un templo de piso flotante y espejos más o menos cerca del centro (EL semáforo), merecen por tanto, un texto a parte. Esta manada de luces malas llegó a la urbe, la mayoría para estudiar alguna carrera terciaria o universitaria y con el firme objetivo de “continuar con las clases de danza”.

Aceleramos el relato. Menjunjes emocionales, mandatos sociales, estereotipos, caos y grand battements a “lo otro”: aquello que en su momento oficiaba de “lo oficial”. Los pliés se adueñaron de su horizonte (único accidente geográfico de donde vienen). El plié se vuelve entonces el principio de todo, de la clase y de un gran despertar. Estxs paisanxs devenidos bailarines clásicos empezaron a ocuparse a tiempo completo de su pasión. Pero imaginen que si el tiempo es el enemigo del atleta y bailarín profesional, se convierte en sicario para la camada de amateuríes, que aún no tiene compañía para la cual bailar y envejecer feliz con sus artrosis. De yapa, recordemos que migraron a los 18 años, edad en la que se terminan los estudios secundarios, edad en que la que no es tarde para nada, a menos que...

Yo me puse las puntas por primera vez a los 19 años y antes de dormir saludaba al público de las tertulias (aguante el público proletario) aunque no ignoraba las flores que volaban hasta mis pies desde la platea y recogía las pantuflas al mejor estilo Vaganova. De todas formas no es la intención escribir sobre mi, sino pincelar un poco más los paisajes que crecen en el escenario, como yuyos, por fuera de la luz cenital. Vuelvo a mis devotos del Gauchito Gil, que ahora usan tutú y suspensor, y caminan con el alivio del anonimato, y tratando de organizar su nueva vida en alguna capital. Muchas cosas nuevas han de aprender. Fundamental: el ABC de las audiciones, mitigar el tembleque, expandir y contraer las comparaciones. El peso, la forma del cuerpo, el empeine, todo puede volverse una declaración de guerra contra unx mismx si no se tiene los pies sobre la tierra (en sexta posición) o si no tenés a alguien cerca, muy cerca que te haga bajar (subiendo, siempre subiendo).

Otra realidad que afrontar, para la mayoría de los amateuríes profesionales del “interior” es poder acceder a las clases de los Maestros de renombre, esos nombres que se nombran tan a menudo en las breves biografías de los programas de mano. Alquiler, comida, transporte, es lo de menos, ¡mallas, pollerines y puntas! Clases de ballet en “ese” estudio.  Así, a los ponchazos, entre Larralde y Chopin transcurren los años y la lista de reproducción pone cara de pocker.

El tiempo va y va, como el carguero que se escuchaba desde el barrio. Un año, dos años, cinco años. Si tenemos en cuenta que llegamos a la ciudad a los 18, sumale uno (con suerte) hasta que nos avivamos que intentar hacer lo que nos gusta vale la pena, son 19... más cinco, ok, ya tenemos entre 24 y 25 años, unos pichones. Pero sucede que el tope de edad para las audiciones es, ¿cuánto?, ¿26, 27? Máximo 28, 29... (sólo si hay alguién laburando en la compañía que no está en planta y justo tiene 29, inocente palomita) Sin contar que éstas grandes oportunidades laborales las hay muy cada tanto y la mayoría de las veces la oferta de laburo es por contrato (3, 4 meses). Si quedás, experimentas el éxtasis, vivís tu sueños durante un par de meses y, cuando el contrato termina, la resaca se compara quizás con la de alguna porquería.

El tema audición es un tema. Como se sabe (bien se ve), la genética en latinoamérica difiere a lo alto y a lo ancho con la de Rusia. Digo esto porque de esos cinco años que pasaron volando, de seguro seis lo pasamos intentando zafar de problemas alimenticios o bien cuidando que una amiga no caiga (o recaiga). Y digo esto porque el físico es clave (#?%!) para poder soñar con “entrar” (trabajar). Así, es como el espejo que no refleja la técnica, si refleja nuestro miedo a cambiar de aspecto, a dejar de ser, o empezar a ser. Hay muchas cosas lindas en este mundillo, pero las hay también cruentas, cosas como éstas.

Continúo entonces, sin tregua, como el tiempo. 24 o 25 años y un día se llega así a los 27. Como dije antes, existen muchas trayectorias, muy diferentes entre sí, no puedo y no conozco todas. Pero transito una, y observo otras tantas. Sé que las hay sinuosas, en las que se bajan los brazos quizás por años (¡pero siempre se vuelve!), las que mutan hacia otro estilo de danza o arte, están aquellas con veintipico que se reivindican aún en el camino (¡es la que va!), en las que se aspira a ser un buen o buena docente (hola).

Lo cierto es que hay texto para rato en este sentido: todo lo que transcurre por fuera de la luz cenital. Lesiones, “puterios” de los más entretenidos, llantos, ensayos los domingos, trabajos de medio tiempo, neoliberalismo, pilates. Marcela Gaynor y el precio del dólar, polainas, bandas elásticas y, lo más importante, verdaderos brotes de cariño con nuestrxs Maestrxs y verdaderas alegrías como cuando una amiga, igual de paisana que vos, pasa la audición.

Definitivamente en este universo el espacio-tiempo se vive de manera más vertiginosa, ya pudiera Einstein desentramarlo. El espacio es múltiple, hay que estar dispuesta a abandonar todo si salen puestos en Salta, Misiones o Bahía. La gravedad no es una ley que se acate mucho en las callejuelas del Ballet donde, además, siempre sobrevuela el bello sonido de un piano. La vida transcurre entre articulaciones exigidas, tensiones y preguntas en francés, sin zafar de la izquierda, en dehors y en dedans.

Así y todo, el camino al escenario ha sido para mi, el mayor caldo de cultivo de amistades entrañables, parto y postparto de un bonito crecimiento personal.

La vida por fuera del cenital puede parecer oscura, cuando te ciega el resplandor de una sola luz. Pero la verdad es que con el danzar de los años se aprende a ver mejor y, por sobre todo, a dejar brillar la luz propia, porque nunca hay una sola, nunca una mejor, ni una que se mantenga eterna. Cuando el telón baja, todxs volvemos a casa y qué mejor casa que una autoestima equipada con paneles de luz solar.

¡A bailar que la vida es, y nosotros somos los cortos!

 

 

 

BREVE BIOGRAFÍA

Rocío nació en Laprida, pequeño pueblo en el centro de la provincia de Buenos Aires, en 1993. Desde niña sus principales actividades extra escolares fueron los talleres municipales de literatura y danza. Al terminar sus estudios secundarios se mudó a la ciudad de La Plata para continuar con estudios superiores. Aunque ingresó ese mismo año a la carrera de psicología de la UNLP, sería posteriormente el Profesorado en Danzas Clásicas la carrera elegida y la cual se encuentra en vías de concluir.

En 2017 publica su primer libro de poesías llamado Autopartes del Naufragio y hacia finales del 2019 publica el segundo poemario llamado Poesías para Abrir. Tanto ensayos como poesías han sido publicados en revistas digitales independientes.

En 2020 ingresa a la carrera de Cs de la Educación por la vocación que el profesorado de danzas le despertó por la tarea y la responsabilidad de los procesos educativos.

Actualmente se encuentra explorando y desarrollando material audiovisual en torno al arte del video-poema y video-arte, en la que pueden convivir tanto la literatura como la danza.

 

Ph. @otrapaloma

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