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Sábado, 02 Noviembre 2013 18:12

Rutinas

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Existen rutinas de varios tipos. Rutinas de acción que delinean modos estables de comportamiento.  Rutinas de movimiento para entrar en calor antes de comenzar una clase plagada de rutinas de entrenamiento y rutinas coreográficas. Comer con la familia todos los domingos es una rutina. 

Tostar el pan del desayuno puede ser una rutina, como tener sexo siempre en la misma posición y tomar el vaso levantando el dedo meñique. Existen rutinas de comportamiento dentro de una casa que incluso exceden a sus habitantes, una vez me enteré que guardaba el papel higiénico en el mismo lugar que lo hacían los inquilinos anteriores de la casa donde estaba viviendo.

Existen rutinas de horarios, de recorridos, de transportes que nos llevan a un mismo lugar a través del mismo camino todos los días. Existen rutinas que a modo de rituales definen rumbos metafísicos.  

En definitiva, rutinas que han marcado el rumbo diario de millones de personas que, sin saberlo, coincidimos en puntos de encuentro más o menos constante y reinventamos con ello el ser del día a día. Esas rutinas tiene un parecido monstruoso con la danza. El mundo mismo es reactualizado a partir de comportamientos constantes (¿coreográficos?) que se repiten al infinito en forma de movimiento y que se permiten tan sólo mínimas variables las cuales van aportándole a su propio devenir la posibilidad de cambio. Sino, el mundo sería siempre el mismo.  

Gracias a la omnipresencia de acuerdos a escala mundial, fundamentalmente los husos horarios, respondemos casi mecánicamente a nuestros quehaceres cotidianos, no marcados precisamente por el movimiento del sol y/o la tierra, sino más bien, por lo que aparatos hipercomplejos como los relojes, celulares y computadoras nos indican. 

Sin embargo, como un budista en medio de un embotellamiento en la General Paz, la posibilidad de que algo baile dentro nuestro, no está puntualmente coartada, es parte móvil de nuestro ser. Es responsabilidad personal. 

El trabajo de las Hiperautomáticas parece preguntarse qué sucede en el transito del hiperautomatismo a la libertad total. Pone de relieve que la danza liberadora toma la forma de una fiera que se desata con hambre pero que, al no haber caminado el último tiempo, no se traslada galante, sino que tropieza y comete traspies varios a medida que avanza hacia su presa indescifrable. La danza aquí es un territorio ideal. 

Ahora bien, yo me pregunto, ¿no hay algo muy romántico en proponer que sea la danza una salvación a la humanidad y una vía de respiración para sus rutinas? Si, probablemente sea esta idea un poco ingenua sino un poco pretenciosa, pero, como una película de ficción, donde lo imposible se hace posible por el sólo hecho de que quienes escriben el relato así lo definen, este grupo de bailarinas comienza con este proyecto, precisamente, ocupando los huecos de sus rutinarias jornadas de trabajo para ensayar, estirar y componer. ¿Por qué un buen bailarín bailan donde sea y más allá de las rutinas de comportamiento que le indicarían imposibilidades a sus cuerpos?. 

De modo que, más a modo de revolución silenciosa que a modo de falsas ilusiones, las hiperautomáticas bailan donde pueden, trabajan para subsistir y gracias a su formación de bailarinas no deshabitan sus cuerpos en el medio de cualquier rutinaria tarea, lo utilizan para llevar esta tarea con mayor felicidad.

 

Ficha Técnica. Intérpretes:Carolina Arandia, Cecilia Mazza, Ana Laura Ossés | Vestuario: Majo Gómez Amaya, Cintia Vallejo | Realización de video:Constanza Zarnitzer| Música: Federico Goldberg | Arte: Majo Gómez Amaya, Cintia Vallejo | Producción: Constanza Zarnitzer | Coreografía: Cecilia Mazza | Dirección: Cecilia Mazza

Josefina Zuain

El tema del ser es para mí un tropezón asegurado. Bailo y escribo, bailo y estiro, bailo y no bailo. Me gusta decir: soy bailarina y escritora. Escribo, escribo, escribo... bastante compulsiva-mente.

Tal vez todos mis textos hablan de la acción de separar y del amor. Separar como modo de re-unir, re-condensar, volver a pensar y seguir (no) siendo. Amor: mi cuerpo. Segunda es mi relación más estable y duradera. Aquí, entre amistades, casualidades, pasiones y deseo, inventamos y recreamos los modos en que podemos pensar (seguir pensando) y volver a pensar en-con-a través de la danza.

 

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