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Jueves, 28 Febrero 2013 23:33

Fuera de serie

Escrito por Georgina San Cristóbal

Ellas entran como a desgano en la escena, visten de playa pero no están tostadas. Sus mallas enterizas pasadísimas de moda marcan un estilo que no sabemos bien a qué estética responde. Porque las  cuatro son raras, pero eso sí, las cuatro son bien distintas. Y esa diferencia constitutiva de los cuerpos en escena es aprovechada a sabiendas para la construcción de la obra. No entran en el estereotipo femenino de mujer joven que va a la playa. “Yo no voy acá. No soy la original”, comenta de pie ante un micrófono la Sustituta,  guitarra en mano. Admite que no canta bien, de antemano lo avisa, antes de empezar.

Las cuatro mujeres coexisten en el despojado espacio escénico de una especie de Summertime  al mejor estilo Mar del Plata en los `80, en el que pululan, como motas de polvo vistas a trasluz, múltiples clichés de lo femenino en su estado más carrasposo. Sacan del bolso el tupper, mordisquean un sanguchito, beben jugo del pico del tetra-brik, se toman la pastilla anticonceptiva y leen la Cosmopolitan tumbadas lívidamente en reposeras de playa con lentes de sol.

Ellas cantan MAL. Entran  a destiempo. Y sí,  por momentos preferiríamos que se callaran, porque su canto es ruidoso y confuso, pero es visceral. Y por momentos no sabemos si reír o congojear, porque a todos nos pasó alguna vez, todos sabemos lo que se siente… Cojera de quien aprende a los golpes a encontrar su lugar.  “Tengo edad para ser muy feliz y estoy triste”  tararean haciendo mímica. Ellas no paran de hablar, de cantar, de subir y bajar, se visten de sirena, se cambian la toallita menstrual, ellas no paran. Charlan entre ellas y con nosotros; se señalan entre ellas y nos señalan a nosotros; se quitan la palabra y se la intercambian; los pronombres personales valen impunemente para cualquiera, incluidos nosotros.

No les sale bien leer el prospecto, no entienden la explicación, no saben si es lo que dicen, lo que imaginan, lo que cantan, lo que piensan, lo que otros dicen que es. Ellas cuentan sus historias, que podrían a la vez ser la historia de la otra. Carolina mantiene una relación con la música desconcertante y rara. A Ana Caterina no le gustaba que de chica su papá le contara cuentos, a ella la tomó la danza. Bárbara pasó la infancia abrumada por la necesidad de que no la llamaran Barbie para no parecer una muñeca imbécil. “¿Es lo mismo ser estéril que abortar?” sigue cantando desorientada Maia, la Sustituta, cuando la canción ya había terminado. No importan tanto sus relatos como lo des- ubicado de sus experiencias.

Parece que la receta  no les cuadra, que la definición no las define, que la explicación no les  alcanza para entender ni para explicar qué es lo importante. “¿El proceso? ¿Trabajar? ¿Producir? ¿Ganar mucha platita?” Baja la luz y todos juntos vivimos en el momento un ejercicio sensoperceptivo de introspección e imaginación. Una luz dorada nos recorre. “Imagináte que estás acá, sí, acá en la playa…” Entramos. Ellas nos hacen entrar. ¿Es la obra? ¿El pensamiento acerca de la obra? También nosotros quedamos descolocados, pensando.

Prospecto de mujer. Prospecto de obra. A ninguna de las dos categorías le cabe la definición.

Callálas se auto nombra: Bio- Comedia- Musical / Banda Conceptual / Instalación Musical. Si eso fuera una definición de obra diríamos que son muchas definiciones. A Callálas no le alcanza una sola cosa porque ellas son plurales, versátiles, múltiples, y así se expresan. Son actrices, cantantes, bailarinas y bien escénicas. Son penetrantes, impertinentes y tiernas. Dicen no saber, pero saben. Al menos saben que la capacidad de curiosear y de mezclar para decir lo que hay que decir, funciona para construir un discurso escénico poderoso y desigual.

A ellas lo des-ubicado les sale bien.  O por lo menos, mejor. Y a nosotros nos dan ganas de que no se callen. 

 

 

Un texto para: Callalas - Bye Bye Shut up Girls // dirigida por: Ana Caterina Cora - Carolina Defossé - Barbara Molinari - Maia Pedroncini

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