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Domingo, 28 Abril 2013 23:40

Un re-corrido posible...

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El equipo de Los posibles, último proyecto –más amplio que una obra- de Juan Onofri Barbato, está integrado por varios. Siete performers, bailarines, atletas, jóvenes en escena, traceurs… o como se los quiera llamar. Más el diseñador de luces, espacio y objetos, Matías Sendón. Más una asistente de dirección -Marina Sarmiento- que además de ser bailarina y coreógrafa, es especialista en trabajo social. Más Ramiro Cairo, que además de ser el músico en vivo durante las funciones, fue  músico en vivo en los encuentros. Más el ideólogo del proyecto (J. Onofri B.). También el fotógrafo Sebastián Arpesella.

Para el momento en que mi comentario se suba al portal, esta temporada de Los posibles en el Cultural San Martín habrá concluido, pero de todos modos… heme aquí.

Este trabajo fue estrenado en mayo de 2011 en la sala TACEC del Teatro Argentino de La Plata, con amplia repercusión, tanto en el público como en la crítica. Repercusión es una palabra bastante cómoda para el que escribe: es lo suficientemente ambigua, no se sabe bien en que sentido se la utiliza pero suena a aplauso y movimiento o a resoplidos y opiniones varias; muy a la medida de una obra a la que se presenta y se comenta como obra de danza. Obra de danza porque muchos de “los de la danza” la vieron, los críticos de danza hablaron sobre ella, y quien la impulsa es Juan, bailarín coreógrafo.

Representantes de la crítica se refirieron a Los Posibles desde diferentes puntos de vista –me refiero a la crítica como ese agente importante del campo de la danza, que como voz de autoridad, voz especializada, legitima o no una producción pero, de una u otra manera, igualmente salimos corriendo a leer ese diario o ese blog para ver qué dijeron. Comento hoy esta obra para compartir mi parecer –sobre el trabajo, sobre lo que se dijo del trabajo-.

Entre los ingredientes que se dejan ver casi a primera vista cuando uno se sienta frente al escenario de la sala AB del Cultural San Martín –espacio reformulado por el trabajo de Sendón- está muy presente un aire a… imágenes de… movimientos que parecen provenir de un parkour urbano, no sólo por su forma, sino también en su fundamento. Si el parkour es un arte de desplazamiento, que implica que los traceurs deben sortear obstáculos en su recorrido –sean estos vallas, policías, paredes, prejuicios-… si la filosofía del parkour es la de transitar caminos distintos a los del resto de la gente, creo que de manera consciente en Los Posibles, el parkour es fundamento y cimiento del proyecto.

Cuando Alejandro Cruz de diario La Nación dice que el trabajo nace “cuestionando la idea de margen y centro”, probablemente está destacando esto. Si el lugar por el que el transeúnte debe o puede  transitar es la calle o la vereda, no son las únicas opciones. Si el recorrido común/estándar de construcción de una “obra de danza” podría ser convocar a bailarines a una sala de ensayo ubicada más o menos cerca de donde viven, o más o menos cerca de donde se mueve la danza, esta vez el recorrido elegido por el equipo de Onofri fue otro, es otro. Quizá uno menos cómodo, pero un recorrido posible, y más acorde con una búsqueda clara de quienes hacen posible Los Posibles. 

Ninguna reseña, comentario, crítica sobre esta obra dejó de mencionar que cinco de los siete performers son jóvenes que asisten a Casa Joven La Salle, un centro de día de González Catán (La Matanza; y los otros dos son cuerpos formados en danza o afines. Si bien este dato es importante, dado que fue parte de la idea impulsora del proyecto, lo que a mi modo de ver se presenta en escena son siete subjetividades, y no cinco de un palo y dos de otro palo. El uno+uno+uno+uno+uno+uno+uno se torna, creo, más amable y más interesante que el dos+cinco. 

Quienes habitan la escena de Los Posibles son entonces siete. Daniel Leguizamón, hincha de Almirante Brown, el que hace el solo final. Jonathan Da Rosa, al que le dicen el Pola, el rubio de los pómulos marcados, que inaugura el baile de las manos, como una danza de los mirlos. Alfonso Barón Navarro, a quien le dicen Ponchi (talvez porque a algún hermanito no le salía decir Alfonso...no sé) bailarín mendocino, ex jugador de rugby. Alejandro Albarenga, el del torso desnudo. Jony, Jonathan Carrasco, el del tatuaje en el pecho, el que nos mira durante más tiempo, talvez interrogándonos, interrogándose. Pablo Kun Castro, acróbata, doble de riesgo, artista marcial, etc. Lucas Yair Araujo, el del pelito largo, que baila en el balcón escénico con sus dos sombras.

Eso que se nos presenta en el momento de la función de Los Posibles, no es en mi opinión un catálogo de cuerpos profesionales y no profesionales; sino más bien estos siete que pensaron en hacer una parte del recorrido juntos, y para ello se entrenaron y jugaron el mismo juego.

Sí es cierto que el entorno de producción de Los Posibles y algunos de los integrantes de equipo son ajenos al circuito tradicional de la danza de la cuidad de Buenos Aires, pero los lugares en los que fue presentada la parte escénica del proyecto sí son parte de ese circuito. Y ahí está el llamado de atención hacia nosotros: como una tocada de hombro que nos propone ampliar la mirada, correrse por un rato o por mucho rato de esa cofradía de los de la danza, o al menos estar atentos.

Para finalizar, y recordando una crítica sobre la obra Los Posibles del diario Clarín en mayo del año pasado -quizá un comentario de tinte más continuista o guardián de la danza (o de una manera de danza)- pienso en unas palabras de André Lepecki respecto del recibimiento de ciertas obras, por parte del público o la crítica: “No es de extrañar que algunos perciban semejante convulsión ontológica como una traición a la propia esencia y naturaleza de la danza, de su signatura, de su ámbito privilegiado.” (LEPECKI 2006) Quizá sea esta una posible respuesta a aquella crítica que, a mi modo de ver, pone de manifiesto cierto temor a que la distinción entre danza y vida deje de ser clara; aun cuando haya dejado de ser clara ya desde antes de mediados del siglo pasado.

 

Comentario para Los Posibles, obra dirigida por KM29, Centro Cultural San Martín // Sarmiento 1551

 

Ayelén Clavin

Formó parte de Segunda cuadernosdedanza.com.ar desde su fecha de fundación hasta el año 2014.

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