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Ayer, no fuí a ver una obra. Tampoco creo que fuera una performance. Elegí llamarla una exploración-teoría-sonante.
Llego a un lugar al que no había ido antes. Subo las escaleras y me encuentro con una sala que supone un estudio de escultura o una galería un tanto abandonada, hay un par de esculturas blancas de yeso y forma amorfa, no hay gestos. Da la sensación de un espacio sin terminar, o al que hayan vaciado y solo dejaron estas esculturas ¿esto sería una antesala o prefacio de lo que ocurriría del otro lado de la sala? 
Nos reciben e invitan a pasar a otra sala de este enorme galpón. Totalmente diferente a la anterior, un espacio amplio, luminoso, de un blanco pregnante, un piso de cemento frío y almohadones que segmentan el espacio. Sin que alguien diera alguna indicación, me senté en uno de esos almohadones, el resto de los que fueron ingresando hicieron lo mismo. Los espectadores éramos el límite, la separación física, la barrera entre lo que ocurriría dentro y fuera del segmento. En medio decenas de copitas de vidrio, minutos después de ingresar, llegan ellas. 
 
 
Como para la bruma comienza invitando a quienes estamos presentes a escuchar, cerrar los ojos, crear el espacio que proponen a partir de los sonidos ¿qué estoy escuchando? Se parece al movimiento de las olas en el mar, o las grietas que se forman en el hielo cuando se está por derretir. Me aparece la idea de un glaciar, también por la temperatura del espacio y el frío del suelo de cemento gris lustrado. Es un sonido agudo que reverbera en la sala.   Entrar en estos sonidos que parecieran surgir de un lugar profundo. La mirada al principio no logra situarse en ningún lugar, viaja entre las decenas de copas que ocupan el espacio de la acción. Ese material inanimado, sutil, liviano, que se puede mover solo a partir del impulso o acción de quien lo toca, reverbera, suena, se multiplica, dibuja el recorrido, se detiene, se rompe e interrumpe lo que está aconteciendo. Cuando algo se quiebra o cae, se detiene y se fracciona la acción, no da lo mismo. Pausa, se suspende aquello que antes se movía. ¿es voluntaria la detención? ¿Qué la provoca?.
Los cinco cuerpos que ingresan al centro del espacio se ponen a disposición del material. Se despliega un dispositivo de acción en cadena en donde el cuerpo y la mirada responden a las condiciones de un espacio en donde la velocidad se dificulta, donde cada choque enciende una alerta. Cuando la luz de led reflecta sobre el cristal, pausa. Cae una, caen dos, pausa. Giros, se chocan, vuelven a girar, impacta, se rompe, pausa. Un cuerpo retira una de sus capas, la más visible, pausa. Tensión, tiembla, se balancea y al suelo, ¿Cuáles son los recorridos de lo sutil? ¿Qué aparece cuando la materia se quiebra?. Las pausas también funcionan como traducción de aquello que precisa ser atendido. 
 

En la casa donde estoy escribiendo hay un vitral con muchas copas de diferentes tamaños, me tomé el tiempo de elegir una. Primero comencé a girarla sosteniéndola desde el tallo con la yema de mis dedos mayor y pulgar de la mano izquierda. Observaba cómo la luz reflejaba en ella, cada lado me daba una información distinta. Eran movimientos lentos, con pausas intercaladas.
Luego la acercaba y la alejaba de mí, varias veces en diferentes alturas. Jugar con la tensión que un movimiento brusco la podría hacer caer. Me detuve a observar los dibujos que tiene grabados, (me detuve y solo la miraba). Me detuve y me vi respirando, quise moverme, sacarle los ojos a los grabados y seguía en pausa.
Tomé confianza, intenté sostenerla con los vértices de mis dedos, observar la tensión de ese peso, ya estaba jugando sin tantos recaudos, arriesgar a ver qué pasa (que se caiga y se rompa era una opción). El paso siguiente fue probar sostenerla con solo una yema del dedo mayor desde el borde de la base y dejarla en suspensión, que baile por su propio peso. Un movimiento pendular, un recorrido por inercia, la suspensión del peso iba dando información al material y a la yema de mi dedo. 
Fue urgente pasar por la práctica para luego ir a la palabra. Informar al cuerpo  de aquello que había visto en la sala. Esto no lo generó solo la curiosidad de ponerme a jugar con una copita de cristal un domingo a la tarde. Quería entrar en la exploración. Es por eso que pienso en esta experiencia como una exploración-teoría-sonante. 
 

 
 
Contagia las ganas de pasar por esas sensaciones, investigar qué percepciones tenemos en relación con las distintas caras de los objetos. Ir más allá del problema del uso de los materiales en una performance. Presentar nuevas preguntas en torno a la relación con los materiales. La relación que se genera con el objeto, me modifica. Lo que ocurre con el objeto (la copita en este caso) interviene en mí próximo movimiento.  
¿Cuánto tiempo podemos dedicar nuestra atención sobre un mismo material?
Volviendo a la escena, no es casual que las observemos girar, deslizarse, rolar por los huecos del espacio. A ellas y a las copas. Todas juntas dibujan una composición del espacio física y sonora. Laurence Louppe para referirse al movimiento que dibujan esferas o curvas, lo nombra como “la vacilación de la espiral en la que cada círculo se aparta más de un posible nivel de territorio controlado” (Louppe.L,2011,p.184). La escena que nos proponen, es habitar esos espacios no-controlados. Girar para descubrir lo que se tapa, voltear para que aparezca. Dar vuelta(s), al cuerpo, al material, la mirada, la palabra
Como en el mar el movimiento del agua con el impulso del viento genera olas que chocan, se desarman, se deslizan y se desvanecen. Y, tal como sucede con la marea, luego de la tormenta llega a la calma.
Traducir un sonido, traducir un movimiento, un objeto, una pausa. Traducir el reflejo de la luz sobre el cristal. Un devenir de imágenes, un movimiento que se imprime en un gesto. Las palabras parecieran estar ausentes en la escena, no hay lugar para ningún vocabulario, hay un cuerpo-ficción que baila
Sopesar el tiempo que lleva la detención de la mirada sobre el material, sobre esa copita de cristal, sopesar un movimiento sutil, un movimiento mínimo. En el caso de Como para la bruma un modo de traducción sensible, delicada, hasta por momentos se crea un juego de velocidades y atención. Lxs que estamos afuera entramos un poco en ese juego, con la mirada atenta al código que ellas proponen. ¿Qué se traduce? ¿se traduce la caída?. A este juego no están invitadas las palabras, quedaron afuera, o se las dejaron a otrxs.
Estoy escribiendo la palabra traducción y me aparecen imágenes del cotidiano que traducimos sin pensar sobre la acción misma de esa palabra. Un gesto a alguien desconocido en un bar, una palabra en portugués en un blog de viajes, el silencio en una sala de teatro, que te abracen a la mañana. La traducción es en sí política performativa. 
Termino de escribir el párrafo anterior y mí memoria me recuerda Transducciones, programa de residencias coreográficas del devenir político-afectivo de los cuerpos, en donde Marie Bardet, Silvio Lang, Diana Szeinblum y Jazmín Titiunik proponen la transducción no solo cómo término filosófico, sino también cómo una práctica de afecciones políticas sensibles. Un espacio para entretejer abrazos, resaltar la escucha, mirar con "mí atrás". El programa se centró sobre textos de filósofxs francófonxs contemporánexs, traducidos y publicados en Buenos Aires por editoriales locales. Fueron tres procesos de apertura al público en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. Tuve la oportunidad de asistir un domingo a la traducción que hace Jazmín de Las existencias menores de David Lapoujade (2018), aquí se invita a una experiencia perceptiva de lo chiquito, ir descubriendo capas, cuerpos en una individualización colectiva de lo sutil y el tiempo. 
 
 
Como para la bruma podría ser una arista más de Las existencias menores. Otro de sus pliegues, cómo un origami que se va descubriendo a medida que se des-pliegan sus partes, donde nada queda escindido, más bien, se multiplica. Bailar es también abandonar la verticalidad focal, pienso en Marie y su invitación “perder la cara, pensar con el culo”, ir al ver vértigo de descentrarse. Nuestra percepción, muchas veces catalogada bajo términos binarios, tiene la maravillosa capacidad de des-enredar los sentidos y habitar los entres. 
 
 

COMO PARA LA BRUMA. Espacio:  Monopol Lab (Darwin 1351.CABA). Ficha técnico artística 

Idea: Jazmín Titiunik
Performers: Julia Biscayart, Agostina Galarza, Doxa Morfa, Jazmín Titiunik, Marina Zanollo
Diseño De Sonido: Valentín Piñeyro
Artista Sonoro: Nicolás Jalfen
Asistencia de dirección: Paula Ligüero
Dirección: Jazmín Titiunik
 

Bibliografía consultada

Bardet. M. (2021) Perder la cara. Editorial Cactus. Buenos Aires. Argentina.
Lapoujade. D. (2018) Las existencias menores. Editorial Cactus. Buenos Aires. Argentina.
Louppe. L. (2011)  Poética de la danza contemporánea. Ediciones Universidad de Salamanca. España.
 
Phs. Paula Ligüero
 
 
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