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Olis Algoritmo:

 

No sé por qué tengo la sensación de que nuestro vínculo siempre será unilateral. De todos modos insisto porque la neurosis resiste la castración. Sabés que soy bailarina, que soy psicoanalista, sabés que trabajo en Segunda Cuadernos de Danza. Tenés todos los datos de mis amistades y familiares, conocés mis gustos y preferencias. A veces la pifiás y me recomendás películas de Woody Allen, pero, ¿cómo vas a saber que lo detesto si nunca fuiste al cine conmigo? 

 

Vos sólo reconocés las letras que machean. En diciembre me recomendaste comprar unas orejas de elfo, pienso que es porque me demoré un rato viendo una foto antigua que era una oreja con patas y zapatos de tacón. ¡Qué maravilla! Las orejas. ¡Qué lástima que no tenés!

 

Estas semanas estuve compartiendo algunos Laboratorios de movimiento que voy a dar en febrero y marzo. Me bombardeaste de clases online de cualquier cosa que implique el cuerpo, enseñar y aparatos de ejercicio: Yoga, Pilates, Fenldenkrais, Alexander, movimiento auténtico, Mindfulness, etc, etc.

 

No te voy a negar que algunos clicks me has robado. Me compré un foam roller y estoy fantaseando seguido con los ladrillos y las riendas. Sé que lo que querés es mi click: impulsivo, automático y cegado por tu promesa de colmarme.

 

Estás seguro de que voy a rendirme a tus encantos si me ofrecés un saber que solucione el alcance digital de mi “producto-danza”, que entrará en la lista interminable de promesas que indudablemente también le hacés a tantas otras... 

 

¡Pero bien que compartís lo que querés!

 

Por ejemplo, el fin de semana, mi amiga Jo va a dar unos seminarios de danza y escritura. No hay que ser brillante para entender que es una actividad que podría interesarme. Pero no. Me tuve que enterar por boca de ella. Porque vos no te dignaste a mostrarme ni una de las veces que compartieron su flyer. O las veces que compartimos textos en Segunda... que sólo me entero porque estuvimos horas trabajando para la publicación.

 

¿Qué onda?

 

¿Todo lo que me interesa al final me lo tengo que enterar por boca de otrxs? ¿Para qué estás en el medio? ¿Todo el tiempo tengo que andar repitiendo lo que hago porque no vendo lo suficiente para ponerte en marcha? ¿No uso las palabras correctas? ¿No publico en los horarios que te gustan?

 

Pero sé que no me puedo enojar con vos. Porque... ¿Quién sos? ¿Quién te conoce? ¿Quién sabe cómo te asocias? ¿Son asociaciones? 

 

Esta semana me agarraste en mood siglo XX cambalache. No me pude resistir y caí en tus estadísticas. Me mandaste mails sobre cursos de “Marketing ético”. Algo que no sabía que existía. En verdad pensé que empezábamos a dialogar... Pensé que empezábamos a tener algo especial... Pensé que lo que vos sabés sobre mí iba a servirme para crecer... Sólo faltaba que yo haga mi parte mientras vos te quedabas ahí mirando cómo muevo mis carnes por el ciberespacio pretendiendo conectar con otrxs. 

 

Cuando me desoriento, tiendo a pensar que quizás alguien con más experiencia podría darme “la” respuesta, “la” fórmula y que, obviamente, vos la tenés. Vos sabés lo que es mejor para mí, tenés todo sobre mí: ahí en 1 y 0. No seamos hipócritas todxs caemos en la trampa. Bueno vos no. Vos sos la trampa.

 

Spoiler alert!  

 

No tomé el curso que me sugeriste. Tengo un poco de análisis en este cuerpo encarnado.

 

No voy a negarte que te envíe un mail de pregunta, me puse las lentes de contacto, me maquillé y me vestí con mi mejor ropa de entrecasa, preparé la camarita y el micrófono para el Zoom.  Sentada ahí esperando ver a un grupo de humanos con inquietudes y curiosidades.

 

Tu respuesta a mi mail: “¿Quisieras disfrutar tanto de venderte como lo haces haciendo tu trabajo? Sólo debes invertir tiempo.”

 

Me mandás a un link, a suscribirme a un canal de Youtube, a linkear una cuenta de Instagram…

 

¡¿Cómo me podés hacer una cosa así?!

 

Me ponés “disfrutar de venderme”. Me resulta horroroso que la viabilidad de mis proyectos de danza dependa sólo de mi yo persona, de mi apariencia, de lo hábil que sea para chantarte las hegemonías de mi curriculum y no sobre mi experiencia del trabajo que comparto.

 

Me invisibilizás con mi propia imagen. 

 

Pero no te quedás ahí, me recordás que las plataformas online nos permiten hacer más rédito. Me avisás que “el mundo es para los que se animan a tomar riesgos”, me animás a que “salga de mi zona de confort” pero que no abandone mis sueños. Resulta que la danza que propongo no es tan vendible, no junta tantos likes. ¡Lo que hacés por los clicks! Por ser incapaz de registrar mi angustia.

 

Entonces me recordás que en el seminario de “Marketing ético” aprenderé a :

 

  • “Construir un nicho laboral y un público fiel”. 
  • “Pensar conceptos innovadores de cosas que puedo vender a un público fiel por fuera de lo que ofrezco”. 

Por ejemplo, me estás diciendo que los convenza de que para bailar la “verdadera danza” necesitan las supermega confortables zapatillas x.

 

Para ello me sugerís: 

 

  • “Editar flyers con poco texto o nulo que sean con colores llamativos y pasen la prueba de los tres segundos de atención del scrolleo”.
  • “Pagar anuncios”, en los que prometa cosas incumplibles como “encontrar tu yo interior”. Ni me gasto en desarrollar.
  • “Generar movimiento y comentarios en las publicaciones”, multiplicándome en otrxs usuarios fantasmas.
  • “Hacer vivos donde muestre algo de mi, si es mi cara mejor porque junta más likes”.
  • Me decís que “la gente quiere saber de vos, no de lo que hacés nada más” .
  • Me ofrecés “intercambiar clases o sesiones” por Follows.

 

Entonces, de qué me hablás cuando me decís ¡“El marketing ético”!

 

Me insistís en que ayudará a que mis “seguidores” “intuitivamente” decidan consumir y seguir mis productos. ¿No tienen derecho las personas a decidir en calidad de qué se ponen o no en contacto conmigo? ¿Me usás para targuetear a posibles compradores de otros productos relacionados con #danza? 

 

No puedo con eso. 

 

En mi barrio eso lo llaman manipulación… No sos vos, porque vos no sos. Todo esto, es más perverso. No sabés de deseo pero, ¡qué bien manejás la confusión de la transferencia para que no se note! 

 

¿Seré yo? ¿Dónde está el lugar para el sujeto si lo que ofrecemos es para crear?

 

Me gustaría poder contestarte que no es que no invierto, que no es una cuestión de vagancia. Es que no deseo invertir más tiempo en vender que en hacer. 

 

Y mucho menos en gozar de mi neurosis, ni que hablar de la de otrx. Pero... ¿Qué sentido tiene hablarte?

 

“Hay que negociar”, me repite una conocida que “la re pega” en las redes. Ella sí que te gusta. A ella sí le encanta mostrarte lo que comió al mediodía, a dónde fue a la tarde, de qué color se pintó las uñas y arrobar a la manicura. Aprendió la estrategia para que la veas, es intuitiva con los ##### y lo disfruta. Sabe que cuando habla de lo que más le gusta, sus posteos no funcionan, entonces, sigue con la rutina de evitar hablar de cosas que no te activan.

 

Entonces, pienso en vender danza como cualquier otra cosa, más ahora que la barrera de lo online ha sido casi completamente revocada, ya que sabemos que podemos adaptarnos a pantallas, livings, terrazas y la mar en coche. Pero, ¿cómo vendo lo que vendo? ¿Cómo entro en el circuito online, sin perderme en vos, en tu supuesto saber? Tus manipulaciones sin alma. No quiero ser tu esclava para sentirme ama de tus esclavos. 

Más allá del fantasma, vos realmente denegás el acceso a las realidades virtuales, la conexión entre malentendidos.

 

Si no vendo objetos fácticos que se compran, se agarran, que se pueden mostrar como trofeo o símbolo de estatus o moral. ¿Cómo construimos puentes con ese otrx que está en la otra orilla, si siempre estarás vos mostrándole lo que necesita?

 

Soy consciente que nada puede dar al otrx, lo que cree que necesita, por eso no lo ofrezco. Y sé que hay otrxs que están en la misma, pero no nos vemos y como una ingenua por momentos pienso que vos nos podrías acercar.

 

Y si, la castración es día a día. Vos no tenés cuerpo, sólo los vendés.

 

Nos vas a matar a todxs, lo sé. Todo deseo quedará aplastado por la demanda. 

 

Me voy a preparar mis clases. Te dejo, por ahora, un poco más aliviada. Me hace tan bien saber que no tomé ese curso….

 

Besito,

Fati.

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicado en En palabras
Domingo, 11 Octubre 2020 12:53

Conmover al algoritmo

 

Veinteveinte

 

La primera vez que escuché "hay que saber conmover al algoritmo" sentí ternura. Percibí su pulso vital, lo imaginé como un cachorrito que yo podía abrazar. Esa noche soñé con leones pequeños. No sólo eran tiernos, eran un peligro potencial. Su proceso de crecimiento estaba disparado. El tránsito ineludible de que devinieran un riesgo para mí había comenzado. Los abrazaba o jugaba con ellos hasta que lastimaban a Morcipan. Morcipan es mi cachorra. Quizás lo más cercano a la ternura que conozco...

A Morcipan la conmueven muchas cosas. Pero creo que lo que más conmueve a Morcipan es cuando la guío en su coreografía favorita, que tanto tiempo le llevó aprender. La coreografía que conmueve a Morcipan la creamos con lo que yo llamo comandos: "patita", "la otra", "sentado", "arriba", "muy bien", "abajo", "sentado", "nariz", "muy bien", "ojo", "ojo", "muy bien", "¡súper bien!"

Morcipan y yo nos conmovemos mutuamente cuando bailamos los comandos. Es importante que la secuencia de inputs sea ordenada y no presente cambio alguno. Si le digo "sentada" en lugar de "sentado", puede generarse un cortocircuito: Morcipan me mira, no entiende bien, baja un poco la cadera, duda, pregunta con la mirada... Una vez que esto pasa, hay que volver a empezar: "patita".

Mi cachorra aprendió los comandos que yo le enseñé. Aprendió la coreografía que yo diseñé. Es posible aprender a bailar "cualquier" danza. Sólo es cuestión de entrenamiento. 

¿Qué danza baila el código?  ¿Quién creó su coreografía y quién asiste, guía, marca y estimula su movimiento?

 

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Lo que va del 2020 (que es casi todo el año) hemos estado cada día más cerca del algoritmo. La mayoría de las personas, claro, evitemos totalizar. Estamos cerca del algoritmo aunque no sabemos qué lo conmueve, tampoco sabemos si lo estamos conmoviendo cuando incluso sea nuestra intención hacerlo. ¿Nos conmueve él a nosotros? El movimiento, silencioso, ocurre. El movimiento es visible, tangible y concreto, es real. El código no es virtual, el código es real. 

Conmover al algoritmo es una relación humana. El código es pensamiento, ya  no podemos hacernos los ingenuos al respecto.

 

¿Qué movimiento lo hace nacer?

 

Tik Tok está valuado en 60.000 millones de dólares. Fue creada en 2016 pero "gracias a" la cuarentena y el aislamiento social obligatorio, se convirtió en la aplicación más descargada durante el primer trimestre del 2020. La Startup que creó Tik Tok se llama Byte Dance. El algoritmo danza. ¿Qué causó tal conmoción? ¿De qué manera la población se conmovió con Tik Tok?

Ya no siento ternura. Se me han mezclado sensaciones de asombro con terror y aquel tipo de latencia tan propio del Siglo este que corre (y corre). ¿Qué conmueve al algoritmo? ¿Quién decide y cómo decide aquello que lo conmoverá? ¿Qué pasa con el gusto del algoritmo en este proceso? ¿Y el del programador? ¿Y de quien paga el sueldo del programador? ¿Quién paga el sueldo del programador?

Este año (que casi ya pasó) se iba a celebrar un encuentro en el marco del cual se había diseñado un espacio bastante "diferente". Dentro de la CONFERENCIA DE ORGANIZACIÓN DE LITERATURA ELECTRÓNICA Y FESTIVAL DE MEDIOS 2020 organizada por la Universidad de Florida Central, Orlando, uno de los paneles sería completamente "a distancia". Entonces, los invitados habían sido convocados para reflexionar acerca de qué hace distancia, cómo hacer distancia y/o qué es la distancia. Por razones de público conocimiento, el congreso entero se celebró "a distancia". Nada fue finalmente presencial. Lo diferente se volvió lo regular y lo "obvio", literalmente, ilegal. 

Reneé Carmichael había sido invitada para participar de la sección "irregular". Presentó 15 videos cortos donde baila textos suyos que ella no escribió. El procedimiento arrancó con la carga, en una learning machine, de todos los textos que Reneé había escrito hasta el momento. La máquina, a partir del material otorgado por la misma Reneé, aprehendió el estilo y los temas que interesan a la escritora. Aprendió y escribió "como ella". Los textos resultantes son sorprendentes realmente. Reneé baila los textos, sus ritmos, sus imágenes. Se lee a "sí misma", se baila a "sí misma", ahora ella es su propia learning machine (pero, con cuerpo). 

Hace un par de años que me crucé con Reneé por primera vez. Asistí a muchos momentos en los que algún intrépido le preguntaba: “Vos, ¿qué hacés?”. Y ella explicaba lo inexplicable: “trabajo con código y danza”. La relación entre el código y el cuerpo parecía ser, a la mirada de los intrépidos, imposible, ya que danza (ya sabemos) está asociada a libertad expansiva de un cuerpo pleno. La relación entre código y danza es una fórmula rotunda para (des)romantizar la danza. Pero, del otro lado, ¿cómo ha sido romantizado el código?

"El código sangra", afirma un texto que escribió Reneé hace unos años atrás. Lo escribió ella, no la máquina. En un pasaje real de alocución la máquina diría: “sangro, yo sangro”.

 ¿Qué aprende de su escritura el algoritmo? ¿Cómo se proyecta la máquina sobre los textos de Reneé? ¿Qué sucede al bailar textos propios que no fueron escritos por una misma?

En el resultado, sin embargo, algo sucede y no puedo no destacarlo: hay una “simplicidad” en la escritura de la máquina, que no es propia de la escritura de Reneé, es como si la máquina fuera más bien ceros y unos... 

La obra-ponencia de Reneé fue creada "para", "en" y "con" la distancia. Las piezas pueden verse todas en el siguiente link: https://stars.library.ucf.edu/elo2020/live/roundtables/6/

Los títulos mismos de cada texto corto bailado constituyen para mí un texto, así que lo transcribo. Lo copio: 01. Y lo traduzco: yo. La traducción son ensayos de acercamiento que realicé con mis precarios conocimientos de inglés. Parte de esos conocimientos tienen que ver con Leer Danza(ndo), un proceso que también compartimos con Reneé. 

En el texto curatorial de Leer Danza(ndo), Marina Tampini dice: “¡La consabida frase que entiende al traductor como traidor (traduttore, traditore!) se hace tan tangible en la tarea de traducir Orta or One Dancing de Gertrude Stein! En la extrapolación de sentido del inglés al español, inevitablemente, una se encuentra sistemáticamente traicionando algo de la elocuente rítmica de la prosa o de la significación que propone.” (Texto curatorial, página 21)

Marina formó parte del proceso de armado de este gran texto colectivo. Su rol lo llamamos curaduría, también en el doble sentido del término y, sobre todo, como una aplicación irreverente de un concepto tan de las Artes Visuales a la Danza, al Libro. En ese momento Marina destacó que las diferentes versiones de traducción de cada fragmento del retrato de Stein a Duncan (las cuales sólo fueron posibles gracias al cuerpo, pero cada cuerpo podría, de todos modos convertirse en algoritmo),  se montaban sobre la musicalidad del idioma inglés. Nuestro tan amado gerundio en inglés “ing” se extiende, hace tentáculos hacia diversas categorías gramaticales y ese espesor es un placer enorme para las que nos gusta regodearnos en los múltiples sentidos de las palabras.

Una de las traductoras de este equipo fue Reneé. Su juego, muy acorde con su “inentendible” investigación acerca de la danza y el código, fue traducir sucesivamente un fragmento de texto, del inglés al castellano, del castellano al inglés, varias veces en google traductor hasta identificar una especie de tendencia de la máquina. Quizás una esencia o su verdadero pensar. O el pensar detrás del código que aprende porque para ello fue creado. La sangre del código se derramó en las páginas de Leer Danza(ndo).  Gracias Reneé. 

 

No soy yo una learning machine, me sobra el cuerpo:

 

My feeling of dance and code is another thing altogether / Mi sentir(sintiendo) acerca de la danza y el código es completamente otra cosa. 

 

My feeling of dance and code is complicated/ Mi sentir(sintiendo) acerca de la danza y el código es complicado. 

 

My dancing is not merely that, but that is also a dance/ Mi danza(ndo) no es simplemente eso, pero sigue siendo una danza. 

 

My dancing is about trusting it as it marks the creation of something beyond us/ Mi danza(ndo) es acerca de creer en él, ya que marca la creación de algo más allá de (entre) nosotros. 

 

My dancing is not about speed (the speed of the waves or the speeds of light), it is about dancing/ Mi danza(ndo) no es sobre la velocidad (la velocidad de las olas o la velocidad de la luz), es acerca de danzar(danzando). 

 

Code is missing the smallest details of a code. / El código está perdiendo los mínimos detalles de un código.

 

Code is already found on Yanny, and her work can also be seen on a continuum. / El código fue efectivamente hallado en Yanny y su trabajo puede ser una continuidad. 

 

Code is now subject to the very same onslaught of cyber-power flows that flow from the web. / El código no es ahora sujeto del mismo ataque al flujo del ciberpoder desde la web. 

 

A code feels better and the code becomes more human. / Un código se siente mejor y el código deviene más humano. 

 

A code feels more alive than the words of code. / Algún código se siente más vital que las palabras del mismo código. 

 

A code feels like an apt metaphor of something that does not exist in the first place. / Algún código se siente una adecuada metáfora de alguna cosa que, en primer término, no existe. 

 

(Un)distancing is the difference between a given event and an event that happens. / (In)diferenciandodistanciando es la diferencia entre un evento dado y un otro evento que ya pasó

 

(Un)distancing is the key to understanding the system as a whole. / (In)diferenciandodistanciando es la clave para comprender el sistema como un(a) todo(a). 

 

(Un)distancing is a manifestation of the pathogenic effect of capitalism. / (In)diferenciandodistanciando es la manifestación del efecto patógeno del capitalismo. 

 

My feeling of dance and code is what gives me a freedom to experiment. / Mi sentir(sintiendo) de la danza y el código es lo que me otorga libertad de experimentación. 

 

 

¿Qué estás haciendo, día a día, minuto a minuto, para conmover al algoritmo?

 

Saber qué conmueve al algoritmo también puede ayudar a entender para qué el mismo fue creado. Por "algo" es más sensible a ciertas (in)acciones. Hoy que vivimos con los algoritmos, a través de los algoritmos y, casi, en los algoritmos, cada tanto me pregunto: ¿para qué quiero conmoverlo(s)?, ¿qué estoy dispuesta a hacer por su e-moción?

Tengo una intuición: el algoritmo no es un cachorro tierno, es el asistente de la bestia, el ayudante del torturador, la herramienta del poder.

 

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