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Jueves, 07 Junio 2018 21:59

La danza de la confianza

Escrito por Vesna Brzovic Gaete

Parte de la política feminista es hacer ver que en la cultura en que vivimos hoy, que el cuerpo es visto como un objeto de consumo, haciendo del sujeto también un objeto e invisibilizando su voluntad. Cuando hablamos de los límites políticos del cuerpo, estamos tratando de hacer aparecer y continuamente validar esa voluntad como un punto de vista fundamental para transgredir y cambiar esta cultura.

La sexualización y erotización del cuerpo de la mujer produce opresión sobre la mujer, su corporalidad y aspecto. Y, produce opresión sobre el varón en sus orientaciones, deseos y conductas. Pero lo que es importante cuestionarse es el propio deseo, con y más allá del espectro de lo sexual. Es en este sentido que hago la pregunta: ¿cómo se construye y qué efectos produce nuestro deseo en la danza?

En la danza y en el contact, los cuerpos son la materia de trabajo, que debe estar puesta ahí al servicio de su potencia. En la práctica se constituye un universo de pensamientos y  sensaciones que son visibles en el momento y en lo vincular, y todo lo otro que queda en el universo de lo imaginario. A su vez existen otros aspectos que todavía no son visibles para todxs, los cuales tienen que ver con la reiteración de las normas del género y la cultura sexista. Estos aspectos poseen capacidad de agencia, con lo cual construyen normas en el acto de su reiteración. Esto es, a grandes rasgos, lo que propuso Judith Butler cuando hablaba de la performatividad del género en los noventa (y en los dos mil para las traducciones en español).

En las prácticas corporales hay muchos focos para pensar sobre nuestro cuerpo y deseo. Pero -y considero que esto es algo que nos juega en contra- todos estos focos aparecen en la práctica y se mezclan todos allí: el goce, el ejercicio físico, lo vincular, el género, el erotismo. Se hace difícil distinguir y poner límites, por ejemplo, respecto de las cuestiones que nos parece que transgreden nuestra integridad, sobre todo en lo referido a este horizonte sutil que es el sexismo. Aquí quisiera hacer hincapié sobre algo, que muchas veces cuando se habla de sexismo, se confunde la frontera de lo violento. Pongo un ejemplo, desde mi punto de vista: ¿Es sexista hablar todo el tiempo utilizando palabras terminadas en O cuando se está con mayoría de mujeres? Sí. ¿Es violento? No.

En la práctica es posible encontrar experiencias que transgreden el consentimiento y se instalan desde la perspectiva del cuerpo femenino como un objeto, de una forma más o menos violenta. Más allá de cada caso y sus particularidades, fue importante para mi dar cuenta de esto y comenzar a trazar un límite, que eventualmente me llevó al no disfrute de la danza y de mi propio cuerpo, a esconder mi cuerpo o a reservar estas ocasiones de goce al plano de lo privado. En una experiencia posterior y luego de un par de años, me doy cuenta que la danza es una experiencia  de goce y es en particular la experiencia del disfrute del propio cuerpo, por lo cual, nada ni nadie debiera interferir con esto.

Estos límites personales y políticos no han sido visibilizados lo suficiente en los diferentes ámbitos de las prácticas corporales, lo que nos dice que pueden existir espacios que gocen de una vincularidad ética trabajada y otros que sigan en la continuidad histórica de la norma. Actualmente es necesario prestar mayor atención sobre estas cuestiones y aumentar las charlas, las reflexiones, etc.

La confianza es un punto importante para construir vínculos éticos y para que ella exista se precisa básicamente tiempo. Esto es complejo en instancias como las de una jam de contact, donde te encuentras a ejercitar con personas que tal vez nunca has visto.

 

Y a su vez es necesario rescatar y tomar en cuenta el hecho de que la danza alberga también un gran potencial sanador, que nos acerca de una manera amorosa y trabaja sobre el órgano de la piel, estimulando la producción de hormonas que inducen a estados positivos sobre las personas. Lo importante es siempre instalar la pregunta: ¿Cómo podemos asegurarnos de que estos efectos sean siempre positivos? Es necesario no ser cuerpos objetos, sino personas que piensan. La respuesta se torna una responsabilidad para cada quien de reflexionar respecto de sus propios límites y de cómo establecerlos más allá de cualquier tipo de relación que nos propongan otros.

 

ph. Steve Paxton. "Fall After Newton". Video, 1987. Fotografía © Ted Pushinsky: Steve Paxton & Danny Lepkoff, Berkeley, CA 1978

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