Viernes, 01 Diciembre 2017 22:25

Desacralizar la danza

7 sillas. Luz roja y verde. Atmósfera. 

Algo empieza a sonar: el murmullo, la voz de una vieja que bien podría haber llamado a un programa de radio para contar en solitario la cantidad de medicamentos que toma o bien podría haber salido entrevistada en un programa de televisión. La voz por momentos se entrecorta, se captan fragmentos de lo que dice. Es el murmullo de lo cotidiano, de un cotidiano: el que propone un consumo insaciable.

La atmósfera se puebla de 7 siete cuerpos. Cada uno va a ocupar una silla. Al murmullo de la grabación se le suma el de las voces que empiezan a reproducir en automático una porción de discurso de un cotidiano ya empezado: el de la explotación laboral, el de la venta de bienes y servicios, el de las clases que diariamente y sin parar se dan o se consumen: “apoyo arcos, pies paralelos, exhalo, empujo, ajusto el abdomen, dos veces por semana, 600 pesos”; “buenas tardes, gracias por comunicarse con bbva francés, mi nombre es Natalia, ¿en qué puedo ayudarle?”; “mil kilos de papa 100 bolsas, 500 kilos de calabacín 20 bolsas, hago pedidos para…”; “y vuelvo vértebra por vértebra, bueno muchas gracias, buen fin de semana”. La repetición de discursos se va superponiendo en capas continuas poblando la atmósfera de un universo sonoro. Este in crescendo va a trasladarse a los cuerpos, modificándolos.

Los murmullos suben de volumen mientras que los cuerpos suben de tono. Algo espasmódico empieza a tomarlas, el lugar de un rostro común y cotidiano se deforma, algo empieza a desencajar y es ese tono tenso y contenido el que las hace levantar y avanzar lentamente. Son cuerpos que deforman el lugar común de las cosas y de la vida para situarse justamente en otro orden.

Las bailarinas me transportan al universo del absurdo, cuestionando la realidad, tomando de los tiempos actuales la velocidad/minuto de fama que incansablemente se ve en el cotidiano de la tv: “en un minuto voy a ser la guía de un museo de arte”; “en un minuto voy a hacer la mayor cantidad de ron de jambe fouette posible”; “en un minuto ella se va a sacar el corpiño sin sacarse la remera”. Los cuerpos danzan desde la risa y la parodia: en una coreografía llueven cajas de medicamentos; aparece una Pina de Café Muller tanteando a ciegas el espacio con sus brazos extendidos. Y en estos gestos ellas no dejan de mirar o hablarle al público, interpelándolo. 

En otro orden de cosas reflexiona sobre la relación danza/sociedad desde la autorreferencialidad. La risa, la burla y la parodia son sus herramientas de combate para señalar las grietas del sistema. La vida rápida sosteniendo la modernidad, la farmacopea danzada. La repetición hasta el hartazgo, hasta enloquecer. 

Me pregunto entonces ¿de qué me río? Como espectadora ¿qué sucede cuando soy interpelada desde la risa?. Anoto: la risa como herramienta crítica, la risa como reflexión, la risa como mensaje. 

Mientras escribo estas reflexiones el texto de Jean Baudrillard,  La transparencia del mal, insiste en mi mente resonando con la obra. En el capítulo “Después de la orgía” Baudrillard señala que la modernidad tuvo su momento explosivo de liberación sexual, artística, política y por ello todo ya ha sido dicho, pensado, realizado; entonces ¿qué nos queda?. O en todo caso ¿por qué En otro orden de cosas me lleva a pensar en este texto? Asistí a una obra de danza donde las obra se vuelca sobre sí misma para pensarse, para tomar lo que ya fue dicho, pensado, realizado y resignificarlo. ¿Danza, teatro, danza teatro, teatro físico?  Movimiento con textos, danza y voces, proyecciones. Lo híbrido plantea la necesidad de pensar en nuevos conceptos. 

Ante este gesto la danza se vuelve sobre sí misma y se convierte en su propio objeto de reflexión problematizando los roles y las relaciones entre ella y el espectador. La autorreferencialidad, la obra reflexionando sobre la obra en el escenario, nombrando sus espacios e intersticios, mirando al espectador. En otro orden de cosas juega con estos espacios de indeterminación, interpela, se cuestiona -a ella misma, al espectador-. Se vuelve híbrida, inclasificable, inaprensible. Ya no puedo pensar en categorías de sujeto-objeto, espectador-obra. Hay que situarse por fuera, en las fronteras, en los bordes y límites: la línea de horizonte donde mar y cielo se funden. 

En esta obra ya no hay un lugar cómodo y seguro para el espectador. En otro orden de cosas le exige al público un lugar activo de participación para que éste replantee códigos y modos de pensar. Viene a decir que no es más objeto, que no es algo que espera paciente a ser observada; desestabiliza  con sus zonas de indeterminación y agradezco que me saque de los lugares comunes o cómodos cuestionando a través del juego, la risa y sus herramientas de trabajo-acción: los cuerpos, las voces, los gestos, el movimiento.    

 

Este comentario fue escrito a partir de haber asistido a la función de En otro orden de cosas el 9 de junio en el centro cultural Sábato

 

Ficha artística: 

Grupo Lalala danza teatro 

Creación, dirección e interpretación: Astrid Gómez Grosschadl, Aimé Ibaldi, Emilia Pujadas, Irina Hayipanteli, Natalia Anselmi, Paloma Roldán, Florencia Novo.

Asistencia de dirección: Macarena Orueta

Diseño de iluminación: Germán de los Santos

Diseño gráfico y audiovisual: Fermín Vissio

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