Sábado, 01 Octubre 2016 03:28

Conversaciones en territorio. d a n z a butoh.

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Aún tus propios brazos, 

profundamente dentro de tu cuerpo 

se sienten extraños, 

sienten que no te pertenecen. 

He aquí un importante secreto.

Aquí se encuentra la esencia radical del Butoh.

Cita de Hijikata, maestro japonés de butoh. Creador de esta danza. En Collini, 1995: 49 

Empecé a bailar a los 20 años, cuando llegue al butoh, hacía 4 años practicaba danza moderna junto a Melina Martín y trabajaba de secretaria en un centro cultural en el que Rhea Volij daba clases. Recuerdo que desde secretaría escuchaba las consignas que Rhea daba “ Tenés un plumero en el culo y te transformas en una gallina”, por ejemplo. En silencio,  me reía y al mismo tiempo me daba mucha curiosidad saber cómo estarían haciendo eso, de qué se trataría esa danza.

Un día Melina me animó a probar  una clase con Rhea, le dije que sí y fuimos juntas. No recuerdo exactamente qué hicimos, creo que lo del plumero no, sí recuerdo que sobre el final de la clase Rhea dijo ” Y ahora todos rodean a ella y bailan como ella está bailando” Cuando miré a quién había que seguir, la señalada era yo, me dio un poco de timidez  pero no me detuve hasta el final del encuentro.

Me fui de la clase con muchas sensaciones. En ese momento tenía una libretita naranja en la que escribí, hoy empecé butoh y es lo que quiero hacer de ahora en más.

A partir de esa primer clase ,comencé a tomar clases regulares de butoh junto a Rhea Volij y me apunté en todos los seminarios que pude cuando una maestra o maestro japonés visitaban Bs.As o alguna ciudad cercana.

El cuerpo como un paisaje de sensaciones. Palabras-poesía que aparecían en las clases y me conmovían mucho.

De los maestros que vinieron con el que más tiempo trabajé fue con Katsura Kan. Participé de una residencia y fui intérprete de una obra que él dirigió en Buenos Aires. Sin embargo, el maestro que más me conmovió y con quién sentí mayor afinidad fue Ko Murobushi, con él tome seminarios intensivos, breves, de 4 días.  En él noté mucha afinidad  con la línea poética y de entrenamiento que Rhea nos compartía, la sensación que me dejo fue que su práctica era muy concreta, con y desde el cuerpo.  Ko hace dos años falleció.

El butoh que práctico y me interesa, tanto en las clases que tomo como en las que doy, está atravesado por una línea invisible entre hijikata, Ko y Rhea, o al menos así lo siento.

En el butoh trabajamos el cuerpo como campo de fuerzas. El cuerpo como materia,   la danza es abordada desde el devenir. El cuerpo metamorfosea. se trasforma a partir de ciertas imágenes poéticas que son dadas desde las consignas.  Por eso también, la palabra poética- la palabra fuerza,  son tomadas como materia para abrir y desplegar paisajes y  sentidos en los cuerpos.

En el butoh no se busca re-presentar, ni interpretar nada.

Las clases comienzan con un entrenamiento, al que me gusta pensar -sentir  como una ritualidad para entrar en ciertos estados. Para bailar tenemos que vaciarnos, componer cuerpos muertos de sus hábitos, físicos, emocionales mentales. Por ejemplo, corremos colgando del cielo y de la tierra escuchando cómo un hilo nos sostiene.  

¿Para qué colgar del cielo?. Somos sostenidas/os un hilo, para soltar y morir de nuestros propios condicionamientos, culturales y personales, para soltar el ego, para soltar a nuestro ¿propio? Yo, para entrar viajes moleculares y romper el cuerpo como molde.

“No danzo en el lugar, soy el lugar”  decía Min Tanaka.

En los encuentros trabajamos el  cuerpo sin órganos, sin organización, para escuchar las fuerzas, las memorias cósmicas, minerales, animales, vegetales,  ancestrales, que nos habitan y componen. Estar presentes, soltar sin abandonar,  habilitar un estado de consciencia muy despierto, es también parte del entrenamiento y de la danza. Intentar seguir los trayectos de las sensaciones en cada transformación, escuchar cómo ciertos afectos - velocidades, componen a cada devenir.

La pregunta vital sobre ¿Quién soy? ¿Qué me está pasando? mientras estamos bailando es parte de esta danza, nos permitimos conocernos y desconocernos al mismo tiempo que somos bailados.

Me interesa  el butoh porque aborda la singularidad de cada persona. Múltiples singularidades aparecen en cada cuerpo,  en cada una/o que baila. Una misma imagen-palabra,  como por ejemplo transformarnos en un cuerpo lleno de pequeñas orejas que escuchan a sus ancestros, en cada una/o va a ser un viaje diferente y singular en el que  comiencen a  aflorar sensaciones que nutren y expanden el espesor de la experiencia,  la escucha de las memorias y de sentidos que aparecen en el cuerpo-danza.  

En cada danza, lo formal llega a partir de esta escucha del viaje de las intensidades. Intentamos hacer visible en el cuerpo las afecciones que componen a la danza, eso que nos está pasando cuando bailamos.  Entonces para el butoh la forma es importante  pero no es lo que viene primero, sino que aparece a partir de experimentar en la danza el viaje del devenir.

La danza no es efectista, busca habitar y desplegar la transformación, lo que acontece es parte de una experiencia que está pasando en el momento presente y que al mismo tiempo reúne la escucha de un tiempo no lineal que compone a los cuerpos. 

Butoh, también fue llamada la danza de No movimiento por priorizar la escucha para dejarse mover-danzar por lo que acontece. Me interesa y convoca el pensarnos-vivirnos al bailar como cuerpos que son movidas/os por el espíritu que habita cada devenir. Escuchar las velocidades y los ritmos que componen al devenir para acercarnos al espíritu que aparece en la danza. 

Las experiencias de mi ser alumna y profesora fueron cambiando a lo largo del recorrido que llevo trazado en estos años, siempre me despiertan muchas sensaciones y me ayudan a pensarme más allá de la danza. Para bailar necesitamos una entrega grande, para intentar corrernos del propio yo,  para ensanchar la percepción y la escucha más allá de nosotros mismos.                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

Hace poco conocí a Yomiko Yoshioka, bailarina japonesa que vive en Berlín, con quien tome clases y a quién convoqué como invitada a un encuentro de diálogo “El butoh tiene que morir” realizado en el marco de Segunda, cuadernos de Danza,  en el que participaron  ella y Rhea. Yumiko nos contó que en su llegada al butoh no había casi entrenamiento, caldeamiento para iniciar la práctica, sino que llegaban al encuentro y bailaban  directamente, muchas veces propuestas bastante fuertes, duras para el cuerpo. Considero que sea cual sea el abordaje del entrenamiento en los encuentros de danza butoh, siempre el intento es desdomesticar al cuerpo para poder bailar. Por eso hago foco en la práctica, en el  entrenamiento, cada vez en el intento de nutrirme de herramientas que sean afines a este objetivo.                                                                                                                                                                                                                   

Y es en este intento, de  corrernos de las creencias, del cuerpo cultural y personal, del cuerpo disciplinado, habituado, domesticado en donde también encuentro un anclaje para  ligar con el otro aspecto de la charla, el político, ya que quizás, simplemente flexionar nuestras rodillas,  abordar el cuerpo con múltiples frentes, escuchar al cuerpo anarquista- cuerpo sin órganos, entrar en una caminata extraordinaria, entre otros abordajes, probablemente nos brinde muchas herramientas y posibilidades para desplegar la potencia y la fuerza de los cuerpos. Posibilidades de experimentar y vivir con vitalidad y libertad las fuerzas que componen a los cuerpos. Posibilidad de preguntándonos  cómo horadaron esas fuerzas en mi yla posibilidad de experimentar las fuerzas vitales sin juicio, sin interpretación, sin narrativa lineal o representativa, que a la vez es, un gran desafío.

“Esto no es verdad pero es verdadero”  nos dice Rhea Volij en sus clases.

Pienso que bailar, hacer danza, una danza que no busca ser efectista, que no busca el éxito, una danza que se permite estar en la experiencia,  es un acto de resistencia poética y vital.

Hace algunos años coordine talleres en el centro cultural Haroldo Conti, en la ex esma. Eran talleres gratuitos para la comunidad que me brindaron la posibilidad de compartir todo lo que estaba aprendiendo, y de tener muchxs alumnes. Para mí fue una experiencia de mucha vitalidad en un contexto dónde resonaban muchos sentidos, tanto en los cuerpos, como en el espacio que estábamos habitando y que nos habitaba.                      

Escuchar al cuerpo como cúmulo de memorias es también un acto de resistencia y vida.

Otra experiencia que me marcó mucho y me abrió muchas preguntas fue un viaje que hice a Perú, dónde tuve la posibilidad de coordinar talleres.  Me interesa volver a estudiar cómo bailar ciertas fuerzas, mascaras latinoamericanas, como por ejemplo las cabezas clavas de Chavín de Huantar, un templo ceremonial que manifiesta la dualidad en muchas aspectos de su construcción en piedra y de su iconografía, que además reúnen múltiples sentidos.

 “No se trata de pronunciar un discurso sino de descubrir un sentido”. Hijikata

En los textos que leí para abordar la escritura,  Patrick de Vos  nombra el pueblo natal de Hijikata, Tohoku. En Tohuko Hijikata vio a los cuerpos los campesinos horadados por el trabajo, el clima y el tiempo. Me preguntó, ¿Tohoku como un lugar olvidado en el cuerpo, en el mundo? ¿Un lugar, espacio-tiempo para escuchar desde nuestra actualidad?                                                           

Patrick de Vos escribe que “Hijikata decía él mismo que Tohoku, su tierra natal podía encontrarse en cualquier lugar del planeta”                                                                                               

Considero que puede ser así,  que cada uno tiene su tierra-su parte del cuerpo dormida-olvidada a la que escuchar y atender, despertar, y que butoh sigue transformándose y abriendo preguntas en nuestros cuerpos.  

Este texto lo fui hilvanado a partir de las experiencias y reflexiones compartidas en la danza, en mi ser alumna y profesora, junto a maestrxs, compañerxs y alumnxs.

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Este texto fue construido para compartir entre colegas y público  a partir de la invitación ciclo de conversaciones llamado “Cuerpxs Inquietxs”, realizado por el grupo Bailarinxs de civil en el marco del Festival Universitario de Cultura y Arte “ENLACES”, organizado por estudiantes de la UNtreF, en su 14° edición, 9 y 10 de septiembre 2017.

Imagén:  Obra Ventanas dirigida por Ana Laura Ossés,  presentada en el marco del Ciclo tardes de Butoh en el jardín 2015. Fotografía: El Sike

 

 

Ana Laura Ossés

Nací el 28 de febrero de 1985 en La plata. 
Soy bailaina y me dedico al trabajo corporal desde diferentes ejes.
En los últimos años me enfoqué en la danza butoh como un campo fértil para experimentar y habilitar las posibilidades que la danza en mi despliega. 
Actualmente curso la Lic. en Artes de la Escritura en UNA, tercer año de la formación en Bioenergética junto a Orlando Zaslavasky y Equipo.
Me gusta trabajar en equipos artísticos de trabajo.
 

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