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Córdoba Camelia (2023) Todo es cuestión de saber cómo y cuándo enderezar las rodillas. Cuadernosdedanza.com.ar ISSN22508708. Publicado: 8 de Agosto.

 

Este texto reúne las reflexiones leídas durante la presentación del libro titulado Salón de Baile Palacio Errázuriz Alvear. Aproximaciones al espacio desde la danza. El evento de lanzamiento de este material de estudio fue celebrado en Febrero de 2023 en el Museo Nacional de Arte Decorativo. Buenos Aires, Argentina.

El libro reúne los materiales producidos a lo largo de una investigación en formato de laboratorio de escritura coordinado por Josefina Zuain, durante 2020 y 2021. Los materiales resultantes abordan desde el estilo arquitectónico del salón de baile, a su archivo fotográfico, cartas, hipótesis de uso, referencias de activaciones anteriores del espacio, las diferentes tarjetas de invitación encontradas en los archivos, junto a manuales del buen danzar de diferentes épocas, desde el siglo XV al XVIII.

La investigación colectiva partió de la pregunta: ¿qué patrimonios producen las prácticas de movimiento? ¿Qué sucede (y qué podemos hacer que suceda) entre la danza y el patrimonio? 

Salón de baile Palacio Errázuriz Alvear. Aproximaciones al espacio desde la danza incluye textos de Ana Elisa Schürmann, Ana Soledad Biagi, Camelia Córdoba, Carolina Ramírez, Claudia Igaz, Claudia Mel, Daniela Isabel Ortiz, Diego Enrique, Emilia Pujadas, Florencia Rocco, Grisel Alboniga, Inés Diaz Saubidet, Jezabel Amin, Maité Galarza, Malena Albarracin, María Paz Imán, Marina Julieta Amestoy, Mercy Tatiana Arias, Nadia Palma Schlaps, Naiara Verdun, Rocío García Brangeri y Vanessa De La O.

Este proyecto fue uno de los ganadores de la edición 2020 de Activar Patrimonio, un programa de becas de la Secretaría de Patrimonio Cultural (Ministerio de Cultura de la Nación), que busca fomentar el desarrollo de proyectos artísticos y de investigación a partir de los fondos y las colecciones de los museos e institutos nacionales. 

 

 


Una vez colocado el cuerpo en la forma que se ha indicado, estará pronto para ejecutar lo que se requiera, pues esta es la posición que se adopta ya sea para caminar, hacer una reverencia o bailar. Es de mucha utilidad el saber cómo caminar correctamente, pues de ello depende lo que es el primer requisito de la danza, esto es, un buen porte. Por esta razón ruego al lector que preste atención al fácil método que voy a describir, que se compone enteramente de movimientos naturales (...) Al regular los movimientos del cuerpo y al fijar las posiciones adecuadas, la danza agrega gracia a los dones que la naturaleza nos ha deparado. Y si no llega a eliminar por completo los defectos con que hemos nacido, por lo menos los mitiga o disimula. Este solo ejemplo es suficiente para explicar su utilidad y para fomentar el deseo de adquirir destreza en este arte. Se me dirá luego que debe poseerse una gran aptitud para poder llegar a bailar bien. Estoy de acuerdo, pero la buena voluntad hará adelantar a los menos dotados, y agregaré que tales personas pueden llegar a bailar bastante bien sin tener ninguna aptitud, pues bailar no consiste más que en saber cómo doblar y enderezar las rodillas a su debido tiempo. (1) 


Mi nombre es Camelia Córdoba, soy bailarina, coreógrafa y docente. El fragmento que acabo de leer corresponde a El Maestro de danza, del autor francés Rameau, un tratado sobre las técnicas de baile en el siglo XVIII, publicado por primera vez en París en el año 1725, el capítulo se titula De la manera de caminar bien. Durante el proceso de investigación que resultó en la edición del libro que presentamos hoy, 2 de febrero del 2023, fueron varios de estos documentos, muchos de ellos con notaciones encriptadas sobre maneras de ejecutar una danza cortesana, los materiales para nuestra investigación. 

Llegué a este proyecto por una convocatoria que difunde Josefina Zuain en redes sociales. Una de las primeras propuestas que ella nos invita a pensar/escribir es un texto en relación a la imagen de un manuscrito anónimo del siglo XV, Las Reglas del Danzar. Para comenzar con esta primera escritura, las indicaciones de Josefina fueron tan precisas como tentadoras: “ ¡escriban lo que quieran, intenten lo que quieran, sean libres!”.

La imagen sobre la que teníamos que generar estos intentos parecía contener indicaciones en un español lejano y antiguo. De los imaginarios que me despertó este manuscrito misterioso nace el texto que leeré a continuación. Se filtraron también algunas impresiones provenientes del libro Recordando escrito y firmado por Matías Errazuriz, una especie de diario personal nostálgico y Rococò que escribe Don Matías al momento de vender el Palacio al Estado Nacional Argentino, quien lo transforma desde aquel momento hasta el dia de hoy en el Museo Nacional de Arte Decorativo.

Este proyecto y este equipo de trabajo significaron un reencuentro con la escritura, algo que no practicaba hacía mucho tiempo, que no bailaba hacía mucho tiempo; y en relación a esto último no es casual que este reencuentro esté íntimamente relacionado con el estudio de un espacio como es el Salón de baile y con las danzas y encuentros sociales que en él se llevaban a cabo, pues los encuentros para mí siempre estuvieron vinculados a la danza, a los bailes y a las pasiones alegres que ellos despiertan.

 


Tu pie izquierdo (2) 

Si tu pie izquierdo se une con mi pie derecho nos caemos. Plié, plié, rond de jambe, rond de jamb... Voy girando y veo, entre luces de colores, tu rostro del lado opuesto al mío. Entiendo que este baile solo cobra sentido si te acercas, me tomas de la mano y me sacas a bailar. Y yo en esta terraza, bailando sola. Este vestido de tul bordado que se vuela por los aires. Un vestido regalado por mi amiga, que fue herencia de su tía. He visto una fotografía en la que está usándolo mientras sostiene a mi amiga en brazos. Lo mejor para coronar esta herencia de ropaje, es que cruces el salón con tu hermoso y sensible porte, que extiendas tu mano hacia mí y me saques a bailar. Como en esa escena de Anna Karenina (3), donde Kitty le dice a Lyovin que sus palabras no significan “un nunca” sino un “por ahora no”. Doy vueltas y pienso que quizás hoy podré flotar, con este vestido, en este baile, entre tus brazos. Quizás hoy pueda ver tu mano extendida, girando en el aire, acercándose a la mía e invitándome a bailar. Estoy decidida, mi cuerpo se ancla en el precipitado evento en el cual nuestras manos se encuentran. Evidentemente mi sentir no se corresponde con tus dudas y tu falta de decisión, pero no hay apremio y puedo esperar, porque cuando te decidas ya no habrá vuelta atrás. La espera es eterna pero excitante.

Mientras tanto, las manos me tiemblan y me sudan. Pienso cuánto tiempo tardarán en secarse y busco entre mis referencias mentales algún tipo de dato sobre sudores y palpitaciones producto de la ansiedad ante el incipiente encuentro con otro cuerpo. Calculo el tiempo que te estás tomando para decidir cruzar el salón y el tiempo de secado de la epidermis y ¡Oh! Dios, sólo espero que los cálculos sean precisos. De lo contrario, la única alternativa será salir corriendo cuando vea que te acercas a mí, cavar una fosa en el jardín, al lado de la fuente de los cisnes, a la derecha de los geranios en flor, enterrarme viva y notar cómo lentamente me hundo en ansiedad y letargo.

Ahora entiendo la funcionalidad de este jardín, su tierra húmeda gracias a los constantes riegos lo han convertido en un espacio siempre disponible. Estamos bailando, yo de este lado del salón y vos del otro, entre capas amorfas que giran sin cesar.

El tibor de porcelana china a la entrada del salón se impone y me intimida. La fatalidad del principio de gravedad en los objetos es fascinante. La escena de El sacrificio de la rosa (4) parece cristalizar mi estado de notoria alteración. Luego me percato de que no hay tal distancia ya que cerca, entre los metros que separan el fondo de la superficie, puedo divisar tus pies moviéndose. Imagino tus zapatos hundiéndose en la tierra húmeda que está cayendo ante mis ojos, mientras recuerdo la voz de mi madre narrando los aciertos y desaciertos al momento de construir este jardín en el que caminó Anna Pavlova sintiéndose un cisne más. Mientras te miro bailar, te pienso tomando la mano de Kitty (me pregunto por qué viene a mí la escena de esa horrenda adaptación al cine) y entiendo que no es que haya una única posibilidad, sino que hay que saber cuándo llega para no dejarla escapar. “Tarde”, escucho. “Tarde, ridícula y estúpida aprendiz de bailarina”.

Siento tu mirada de reojo, tu sonrisa complaciente, el aire bordeando el contorno de mi cuerpo, las manos irritadas y el presente inabarcable liquidándose entre mis dedos. Siento el suave perfume de los geranios irritándome, el insoportable atardecer acariciando mis piernas, la tierra llovida, los cipreses a la espera alegre de mi inevitable finitud.


NOTAS

(1) Rameau P (1725) El maestro de danza. Ediciones Centurión. 

(2) Zuain, Josefina (Comp.) (2022) Salon de Baile Palacio Errázuriz Alvear. Acercamientos al espacio desde la danza. Buenos Aires: 2DA En Papel EDITORA.

(3) Rose Bernard (1997)

(4) Fragonard Jean Honoré (1775-1780)

 

 

Publicado en En palabras

Cómo citar este artículo. 

Biagi Ana (2023) El Túnel. Reseña bibliográfica: Salon de Baile Palacio Errázuriz Alvear. Acercamientos al espacio desde la danza. Cuadernosdedanza.com.ar ISSN22508708. Entrega: 2 de Marzo. 

 

Fuimos construyendo un boquete para aparecer en el salón, como espías minuciosas de todas las posibilidades de bailarlo. 

Soy Ana Biagi y participé en este libro. 

La inquietud. Todo comenzó con la curiosidad que me despertaban esos puntos en donde la danza y la escritura podían tocarse. Un territorio distinto y atractivo. En las redes sociales veía circular propuestas de Josefina Zuain sobre esa mixtura, sobre ese hacer. Así llegué al laboratorio.

El primer ejercicio fue escribir sobre una imagen, una hoja con letras y manchas; una hoja amarillenta con detalles que no podía entender. Ese, también, fue el primer contacto con mi túnel. Empecé a cavar un túnel de la imaginación sin saber cómo construirlo pero sabiendo que tenía que llegar a un Salón de Baile. Me pregunté cómo usar las herramientas que tenía y me pregunté de qué están hechos los pasos en un baile.

El equipo de trabajo se fue armando desde y a la distancia, en un contexto en que los cuerpos permanecían un tanto anclados; y en esa realidad, el laboratorio activó movimientos y sentidos: en nuestra imaginación, en nuestra lectura-investigación, en nuestros modos de hacer contacto, en nuestros deseos. 

La creación. ¡Qué suave a veces! Qué ácida otras… Hubo momentos en que me sentí perdida, no había sostén ni densidad en la escritura, me aburría de mis palabras y quise abandonar el proyecto,  abandonarme… así… como un desprendimiento natural e inevitable. 

Me desvié del túnel hacia otra salida que no era el Salón, una fuga sin dirección; y me quedé quieta, sin mover las manos y sin mover imágenes. Josefina me escribió diciéndome que había perdido mi rastro y yo le respondí que yo también. En ese registro de la pérdida,  resolví regresar sobre algunos metros del túnel y continué haciendo obra, abriendo, rompiendo y armando. 

Retomé sólo uno de los textos que había bocetado a lo largo del laboratorio, empecé a quebrarlo, a tomar partes y a re-escribirlas, una práctica que estaba guiada por la consigna “escriban textos que les guste mucho leer”. No sé si estaba llegando a ese punto, ni siquiera sé si lo rozaba, pero sí había una pulsión por crear un circuito entre pensamientos, manos y cuerpo imaginado en el salón. Desarmé y armé, rompí renglones y los combiné, tomé fotografías, las edité, las borré, las recuperé. 

En ese vaivén de danza y mampostería me preguntaba cómo estarían mis compañeras, cuáles serían los fantasmas en sus túneles, sus dudas al construirlo, sus placeres en el camino.

Me capturaba la idea de “hacer teoría”, algo que nos propuso Josefina y que yo traduje como el armado de un mecanismo en el que se hilan pensamientos sobre el movimiento cruzados con  la historia de la danza. Bailes protocolares, rupturas estilísticas y lenguajes derivados, en articulación con una subjetividad que almacena la historia de mis zapatillas de danza y un tutú rosa, la historia de mis pies descalzos haciendo una alabanza a la danza contemporánea. En este “hacer teoría”, también hay algunas callecitas que cruzan con las ideas de otras personas sobre cómo bailar, sobre la fiesta, sobre el encuentro.

No sé si me aproximaba a una teoría pero sí a darle otra sustancia a esa historia llena de intersecciones; una historia real y una historia imaginada. Había una intención de sacar a la luz ese relato que, cuando bailamos, va por lo bajo.

El trabajo de escritura me llevó a una suerte de condensación en la que reuní relatos vividos, relatos no vividos; un texto-archivo (un poco personal) pequeño, que pretende contar mis pensamientos sobre la danza y los espacios de baile. Me dí el permiso de jugar con una narrativa un tanto abstracta y algo  simbólica, intentando maquetar un espacio desde la danza, burlando las reglas del danzar y configurando reglas particulares. En este juego/investigación emergieron preguntas sobre bailar y escribir y se fue amasando tiernamente un deseo de futuras escrituras. 

Cuando nos enviaron la maqueta con la selección final de textos, encontré otro de mis textos en el borrador del libro, Josefina no lo había desechado a pensar de que yo sí lo había hecho. El texto presenta una propuesta performática para hacer un uso posible del salón. Tomé el malentendido como una invitación a mimar la propuesta y, finalmente, Flashmob Homenaje también forma parte del libro.

 

 

 

La corrección.

Fui una de las correctoras del libro; algo que podría describirse como haber comprado un ticket para llegar a un lugar desconociendo el medio de transporte.  Cada texto, dibujo, imagen, me transportó de una manera  diferente al Salón. En este viaje encontré la cercanía y la lejanía entre los textos, una intertextualidad emparentada y a veces bien distinta; con los diseños singulares de la imaginación de cada compañerx, con las vinculaciones que les despertó el proyecto, con sus trazos y sus miradas. Vi el viaje que cada unx había hecho para llegar al Salón, para reunirnos ahí. Fue un recorrido casi tan íntimo como el de mi propio túnel. 

Creo que sería posible recrear un mapa del Salón bosquejando todos los surcos y laberintos subterráneos que cavamos, e imaginándonos a nosotrxs con nuestras herramientas abriendo camino hasta llegar a él. Le dimos una arquitectura ampliada, otros planos, otra textura. Lo hicimos palpable en un momento en que los contactos estaban sujetos a cuestionamiento. Metimos un salón de baile en nuestros cuerpos y lo escribimos, lo trazamos. Escribimos sobre bailar, hurgamos en cómo se bailaba en aquellos años, en cómo se escribía una danza y en cómo podemos escribir nuestras danzas, todas: las soñadas, las espirituales, las reales, las que creemos imposibles. 

 Escribimos sobre cómo es habitar un lugar desconocido, un lenguaje que logra hacer permeables los cuerpos, los tiempos, las paredes, los espejos y las pantallas a través de las cuales nos encontramos aquellos meses, aquellas primeras veces. 

 

 


 

Cómo citar este libro. 

Zuain, Josefina (Comp.) (2022) Salon de Baile Palacio Errázuriz Alvear. Acercamientos al espacio desde la danza. Buenos Aires: 2DA En Papel EDITORA.

 

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