Domingo, 17 Abril 2016 20:42

Incendio performático

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Hace unos días, hablando con un profesor sobre esta obra, me cuenta sobre los principios de la performance. Él se refería a que este tipo de acción artística nace cuando por primera vez un actor se detiene en medio de una función a hablar sobre sí mismo, sobre su propia vida. De esto se trata lo que Marina nos propone con este “incendio performático” de sus primeros 30 años de existencia, que según ella dice, se encuentra en permanente proceso de nunca acabar.

Distintos elementos dispersos que atañen a su propia biografía configuran el espacio. Mediante ellos, Otero construye y reconstruye en cada función su propia historia tratando de buscar respuestas a distintos interrogantes a los cuales todavía no encuentra respuestas. ¿Para quién bailo? ¿Por qué bailo? ¿Quién soy? ¿Y si la vida fuera una gran puesta en escena?

Su búsqueda se desarrolla a partir de su propio cuerpo, como si toda su subjetividad estuviera contenida allí. Esto me hizo acordar a una frase que alguna vez dijo el pedagogo Raúl Serrano: “¿Donde piensan que se encuentra nuestra historia?”, acto seguido señaló su cuerpo levantando los brazos. El cuerpo, esa estructura que se encuentra afectada todos los días por distintos estímulos y que nunca es estable.

Recurriendo a momentos ensayados y también a otros en dialogo con el público, Marina pone en escena su vida, sus enigmas que son un poco los nuestros: saber quiénes somos, para qué estamos en el mundo, cuáles son nuestros miedos, dónde se genera nuestra necesidad imperiosa de ser queridos. Todos queremos entender, todos somos un poco Marina.

Finalmente, esta obra me hizo pensar en una frase de Haroldo Conti: “Nosotros queremos aferrarnos, fijarnos de cualquier forma por esa vocación de eternidad que sentimos, pero lo concreto es que las cosas se mueren, que nosotros nos gastamos, que cambiamos continuamente”. Quizás, por esta característica de existir o ser en perpetuo estado de cambio, es que Marina no puede terminar su obra. Siempre se encuentra en proceso, como la vida misma de cada uno, inclasificable.

Este comentario fue construido a partir de la función de Recordar 30 años para vivir 65 minutos, vista el día sábado 15 de agosto de 2015 en El excéntrico de la 18 (Lerma 420).

Ficha técnico artística:

Autoría: Marina Otero | Performers: Marina Otero | Ambientación visual en vivo: Gastón Exequiel Sánchez | Diseño de luces: Matías Sendón | Video: Gastón Exequiel Sánchez | Cámara En Vivo: Lucio Bazzalo | Fotografía: Lucio Bazzalo, Andrés Manrique | Diseño gráfico: María Laura Valentini | Colaboración en vestuario: Franco Kuma La Pietra |  Asistencia de dirección: Belén Arena, Lucrecia Pierpaoli | Producción: Laura Sol Zaslavsky | Colaboración coreográfica: Marina Quesada | Puesta en escena: Juan Pablo Gómez | Colaboración en dirección: Juan Pablo Gómez | Dirección general: Marina Otero. 

 

Carla Galvalice

Nací el 2 de Abril de 1991 en Chivilcoy. Mi influencia con la danza comenzó desde muy chica en mi ciudad natal. A mis 18 años vine a vivir a la gran ciudad para estudiar Artes Combinadas en la UBA, carrera que estoy terminando junto con el profesorado. Además, continúo mi formación con diferentes profesores en danza contemporánea y teatro. Me interesa fusionar la escritura, experiencia que vengo realizando desde el ámbito de lo académico, con la danza contemporánea hoy en día. Actualmente, dicto clases de elongación. 

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