Domingo, 17 Abril 2016 20:56

Somos amigas

Escrito por Lucila Sol, Josefina Zuain

Nos encontramos y nos llamamos amigas. No nos conocíamos mucho, quizás no más que los dedos de dos manos cuentan nuestros encuentros, quizás, nunca contamos ni los 8 de una coreografía. Pero si de títulos se trata, la amistad nos sentó muy bien.

Estábamos esperando para entrar a ver la obra y nos contamos un par de historias. Casi confidentes, entramos expectantes  y con la descarga y la liviandad de un encuentro amable y sin prisa.

Exponer y descomponer las situaciones de una vida más o menos singular, con altibajos y matices, desde las palabras y junto a los objetos que las re-viven, las re-crean, las re-activan, es una de las estrategias coreográficas predominantes de “Recordar…”. Una obra-encuentro-fiesta-confesión que sigue, permanece, se repite, se re-elabora a cada segundo y así ni evoluciona, ni involuciona, sólo deviene en un movimiento incesante, sin jerarquías, sin objetivo, sin éxito. La obra de un perdedor.

En escena, acompaña a la bailarina perdedora, un operador, bailarín, intérprete que “hace” de hacer lo que hace, o mejor dicho no representa su hacer, sino que “lo hace”. Este personaje que no es uno, son dos, es un personaje más de la ficción no-ficción del sólo-no sólo de Marina Otero. Una obra - no obra, no tanto porque no reúna las características formales-estructurales y estéticas de cualquier obra de danza contemporánea, sino, sobre todo porque no reúne (o dice no desear reunir) las expectativas propias de toda obra de danza o escénica, nos da igual. Estamos atrapadas en un relato penoso que nos hace reír.

Soy persona, no soy objeto. Somos personas. Sí, por eso escribimos, por eso hablamos, por eso acumulamos objetos y los cuidamos aunque nos causen escozor a lo largo de los años enviciando de manera siniestra nuestra relación con ellos.  

Entramos en su mundo, estuvimos presentes viendo su pasado, volviéndonos parte de él. El tiempo del recuerdo nos acercó. El pasado concedió su ser para bautizar un encuentro. Y el hecho artístico, la obra, se tiñó de amistad, de compañerismo y confidencias. A veces las imágenes se tornaban en una vivencia espectral como en los sueños. Y ahí también la intimidad nos apresaba. Nos apresó tanto que salimos abriendo más que historias, sentimientos. Queriendo conocernos hablamos del autoconocimiento, de conocerse para encontrarse, para crear, construir y superar las problemáticas del cuerpo. Nuestros estados, dolores corporales y la necesidad de expresión como artistas que moviliza proyectos propios; como Marina nos contaba: “Como nadie me llamaba, me puse hacer mi propia obra”.

Esto es importante compartirlo con el lector, Marina Otero, Mari para los amigos, además de su vida, sus problemas, sus amores, sus manipulaciones y sus sueños frustrados, expone un problema fundacional que no le pertenece de forma exclusiva, que le pertenece a casi todo artista “frustrado“ del mundo de la danza. Ella dice “como nadie me llamaba, entonces me puse a hacer mi propia obra”. Hablamos de eso. Nosotras, hablamos de tener esa sensación de frustración a veces, pero también sabemos que esa es una postura que refuerza y replica un sistema caduco, un sistema jerárquico en el cual el joven intérprete es dirigido por el coreógrafo reconocido y con suerte sobrevive, se consagra y de grande se dedica a dirigir a cuerpos jóvenes y útiles.

Ese sistema, en la danza, ya fue.

Intérprete, creador, coreógrafo, el mundo de la danza ya supo romper vallas, aunque el sistema universitario insista en replicar los modos antiguos.

Una búsqueda de obrar una obra, que se conserva en el recuerdo no por estar bien o mal hecha, por estética o por antiestética. Su obrar se mide en si te cae bien o mal, como al conocer una persona o al comer alguna receta nueva con variedad de condimentos, como un amigo.

¿Somos amigas o no somos amigas? Sentimos que nos fuimos de la función sabiendo de Marina más cosas de las que sabemos de mucha gente que conocemos apenas y nos cruzamos tal vez hace añares y de forma diaria. Nos sentimos como si hubiéramos sido testigos y protagonistas de un momento muy íntimo, uno de esos encuentros que abren una nueva etapa en una relación. Nuestra relación sin dudas.

Nos fuimos así y charlando de nuestras cosas, porque el estímulo fue muy fuerte, porque creemos-creímos o aprendimos que cuando alguien confiesa, confiesa de verdad y no para limpiar culpas, confiesa para compartir sus dolores, confiesa y contagia las ganas de confesar.

Así como nos abrazó la sala de espera y nos contagió una comunión, así se presentó Marina. Toda la obra entre espectar y compartir, apreciar y vivenciar, empatizar y sentirse completamente responsable. Compartir auto-referencias, exponerse a más no poder, dejar al ego pavonearse tanto frente al espectador-amigo que luego no queda más que abrazarlo como para burlarlo una vez más. Le sonreímos a Marina y nos sonreímos a nosotras, adentro y afuera una sonrisa.

Y volvimos y hablamos. Hablamos otra vez del fenómeno del autoconocimiento como un nuevo valor o una nueva cosa que se promueve en artistas, en personas, en instituciones. La imagen. La identidad. Lo que soy más allá de lo que los otros creen. Nos contamos de futuras operaciones, de un coxis desplazado y de los miedos que acompañan la carrera de bailarina.

Dentro de la caja blanca, los detalles bien cuidados, el pasaje por el tiempo, los objetos de Marina  desparramados, las cosas que conserva para llamarse o para decirse, nos acercaban y nos hablaban de un deseo de exposición tan patético como intrínseco en cada artista. Ser un puñado de recuerdos, ser artista, ser objeto de otros artistas, ser actriz, ser bailarina, ser escena, ser esencia, ser político, ser manipulado y ser absorbido por querer hacer y estar ahí. Patético y artístico, burlado y sufrido, tan ajeno, tan propio. Ya está: somos amigas.

 

Este comentario fue construido a partir de la función el día Sábado 26 de Septiembre en El Excéntrico de la 18. Fuimos juntas!

 

Ficha técnica

Autoría: Marina Otero | Performers: Marina Otero | Ambientación Visual En Vivo: Gastón Exequiel Sánchez | Diseño de luces: Matías Sendón | Video: Gastón Exequiel Sánchez | Cámara En Vivo: Lucio Bazzalo | Fotografía: Lucio Bazzalo, Andrés Manrique | Diseño gráfico: María Laura Valentini | Colaboración en vestuario: Franco Kuma La Pietra | Asistencia de dirección: Belén Arena, Lucrecia Pierpaoli | Producción: Laura Sol Zaslavsky | Colaboración coreográfica: Marina Quesada | Puesta en escena: Juan Pablo Gómez Dirección: Juan Pablo Gómez, Marina Otero | Dirección general: Marina Otero

 

 

 

 

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