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Viernes, 01 Marzo 2013 20:08

LA VOZ DEL AMOR

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Con una estética muy marcada, Pablo Rotemberg y las cuatro bailarinas–Ayelén Clavin, Carla Di Grazia, Josefina Gorostiza y Carla Rímola- logran una prolija correlación entre música, danza y escena, puesta al servicio de una idea: la feminidad, la violencia, la sexualidad, el erotismo y la pornografía, palabras interrelacionadas que tienen en sus definiciones evocaciones unas con otras, donde intencionalmente en este catalogo falta la palabra amor, un tema que también en la idea fija es motivo central por su opuesto: el desamor, como nostalgia del valor que por su ausencia se hace presente y sobrevuela la idea tangible a lo largo de la obra.

Con un humor corrosivo rozando el no humor, un punto oscuro: el humor negro, las bailarinas construyen acciones descarnadas y violentas, no es parodia no es ironía – salvo quizás la escena en que Ayelén Clavin baila una bossa-italiana de Armando Trovajoli y deconstruye el relato- en el resto de la obra impera la reflexión de un humor del ridículo de las cosas.   

La obra dividida en tres actos, comparte en sus dos extremos la idea de tiempo donde hace de la lentitud –el intento de detenerlo- del detalle y la espera su hilo conductor, al contrario el segundo acto es el desarrollo lleno de bestialidad, donde las repeticiones refuerzan el concepto de violencia feminidad sexualidad… 

La sutileza del inicio – lo apolíneo

Con dos escenas cinematográficas comienzan los primeros estímulos de la obra. Inicia una única luz sobre el escenario y la música de Richard Wagner en el vacío, preludio que da entrada a las cuatro bailarinas por el lateral de la sala Alberdi y por sobre la cabeza de los espectadores, ingresan en hilera y marcan cada músculo en silencio vestidas por la emotiva versión de voce d´amore (Gianfranco Plenizio), la voz de la cantante crea un clima que no hace más que crecer a medida que acompaña la canción y las cuatro mujeres son atravesadas por una cinta negra debajo de sus cinturas, que no es más que la baranda jugando su detalle, una sutileza que demuestra la armonía, aunque la calma antes de la tormenta. 

El núcleo duro del dolor  - lo dionisíaco

Desde la repetición del cuerpo que intenta erguirse y el resultado es constantemente el suelo, surgen secuencias acompañadas por una música que transmite velocidad hasta la saturación. El atiborramiento propio de la violencia  es la propuesta central de la segunda parte, que incluso por peso específico es vislumbrada en la primer parte y es transferida a la parte final.    

Esta violencia es representada en varias escenas, pero principalmente ocurre con la violación, tres de las bailarinas comienzan a penetrar con su ausencia de pene los huecos de la víctima, este no falo su inexistencia física le otorga a cada embestida otro significado, el movimiento podría ser igual al que realiza un hombre pero no, es incompleto, el imaginario pene es a la vez el que otorga un grado de violencia superior a las diversas poses sexuales, como si el hecho de no existir le diera una omnipresencia.       

El vacío es un lugar

La calma luego de la tormenta, sentadas las mujeres con sus cuerpos cansados, bañados de sudor comienzan a fabricar la mirada alimentada en el transcurso de la obra, quitándose las rodilleras, tobilleras, zapatillas y medias, único vestuario, mínimo e indispensable para poder ejecutar los movimientos, bajo la luz de la escena se desnudan lo último que tienen renombrando el despojo, con una épica ternura el cuerpo acompaña como objeto la marca de todo lo vivido:

La ausencia del himen: su reminiscencia es la que camina hacia el público con el mismo ritmo que el inicio –slow motion- , los delicados movimientos avanzan detrás el humo y los pasos marcados continúan  llevando en la mirada el despojo con un secreto: de los que no se pueden pronunciar con palabras, queda la evidencia: los cuerpos mudos - la mirada fija y vacía, y en ese vacío de los ojos asoma la segunda desnudez. 

 

 

 

 

Pablo Gungolo

Poeta, nació en Bahía Blanca y en la actualidad reside en Capital Federal. En el 2011 publicó su primer libro “Polaroid” (Editorial La Parte Maldita). Generalmente escribe en floresyfobias.blogspot.com (Elongando). Su próximo libro se llamará “los restos”.

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