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Lunes, 10 Julio 2017 00:00

No puedo parar de mirar

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Una lata de pintura sin abrir siempre es negra. Cuando la abrimos entra luz y nos devuelve color, imagen, forma, movimiento. Hasta que a un objeto no recibe luz no refracta color, es decir, nada tiene un color en sí mismo. Cuando a la pintura le da la luz, comprobamos que efectivamente ahí está. Por qué nos gustan tanto las luces nos invita a abrir latas de pintura, iluminar porciones muy pequeñas de nosotros y tomarnos el tiempo de contemplar.

Escribiendo frente a la computadora trato de recordar la obra, pero solo me vienen imágenes aisladas. Recuerdo que hay una gran pantalla que nos recibe en el frente de la escena, hay cámaras de video y hay varias fuentes de luz. También hay personas operando luces y sonidos, cuerpos que pasan por adelante y por atrás de la pantalla y que van cambiando los roles. Trato de recordar un poco más, pero pocas cosas me vienen a la mente: sensaciones y pensamientos que no están rigurosamente relacionados con la obra. Pienso que la obra también puede ser un espacio para enlazar pensamientos, jugar con ellos, pasear con la experiencia.

Al principio de todo hay una música que se escucha lejos, como si fuera una luz muy tenue: me recuerda que hay espacio mucho más allá del que nos rodea en la sala. Empiezo a pensar en lo que había afuera de la sala, lo que quedó detrás de la puerta, en el resto del teatro, en la calle. Trato de entender si esa música está adentro o afuera de la obra. Pienso en el límite de la obra y en que si no afino la atención a las cosas mínimas me voy a perder varias partes.

En Por qué… hay mucho espacio. Todo está separado, abierto, desarmado. Las luces vienen de a una, los sonidos e incluso los cuerpos pasan de a uno, sin mezclarse una cosa con otra. Como si paseara por un museo y pudiera detenerme en los lugares que quiero, la obra deja que vaya entre la butaca y el escenario, es decir, entre mis pensamientos y los de la obra, a mi ritmo. Incluso en un momento una luz hace este mismo recorrido: sale del escenario y se sube a las butacas, iluminando a la gente que está sentada. Voy y vengo, igual que la luz.

Hasta acá la obra ya introdujo luz y sonido, y como estas dos ondas viajan a velocidades diferentes, la información se deconstruye y me llega a distintas zonas del cuerpo.

También en la escena vemos diferentes zonas de los cuerpos de Gandini y Vecino. En escena o proyectados, ya no importa: se filman con una cámara de mano, se iluminan desde muy cerca, recortan el encuadre de la cámara. Los cuerpos se hacen presentes por su ausencia. Sabemos que están detrás de la pantalla, los vemos a través de la proyección de luz que emite la cámara y entendemos que están ahí, enfrente nuestro, con nosotros en la sala. 

Me dejé llevar por la obra y lo último que recuerdo es una pieza de baile: la observo como quien mira a alguien bailando en una fiesta, con esas ganas repartidas entre seguir mirando la danza o salir corriendo a bailar. Encuentro el disfrute en la mirada y me dejo llevar. No puedo parar de observar, gracias a que hay luces.

Creo que la interacción entre imágenes, cuerpos presentes y tiempo es una de las cosas que hace únicas a las artes escénicas. Todo eso tiene Por qué nos gustan tanto las luces. Las luces hacen que el teatro suceda.

Presencié la función del miércoles 26 de abril de 2017 en el Centro Cultural Gral. San Martín.

 

Ficha técnica

De: Fabián Gandini y Florencia Vecino | Con: Florencia Vecino, Fabián Gandini, Nicolás Della Valentina, Sofía Grenada | Escenografía: Mariana Tirantte | Iluminación: Sebastián Francia | Video: Nicolás Della Valentina | Texto: Hernán Borisonik | Imágenes: Marcos Torino

 

 

Julia de la Torre

Soy bailarina, coreógrafa e investigadora. Nací y viví casi toda mi vida en la ciudad de Buenos Aires. Estudié composición coreográfica en la UNA y me perfeccioné en México y Cuba. Hace más de 10 años que transito el campo de la creación escénica participando como asistente de dirección, intérprete, coreógrafa y directora, e incluso activa y sistemáticamente como estudiante y espectadora. Empiezo a escribir para poder hacer algo con todas las obras que veo. En el último tiempo dirigí Los perros semihundidos y bailé Los topos. 

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